- La crisis política del Consejo Supremo Electoral y la ineficacia del gobierno central por resolver la situación legal de las autoridades electas en Bluefields han hecho que los viejos resentimientos raciales de los habitantes de la Costa Atlántica hacia las autoridades del Pacífico, afloren con amargura. Hoy, aires separatistas soplan fuerte en las históricamente olvidadas regiones autónomas del Atlántico nicaragüense
José Adán Silva [email protected]
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En Bluefields el ambiente está caliente, y no precisamente por las usuales altas temperaturas del trópico húmedo de la región costera, sino por las fuertes reacciones de todos los sectores sociales, que exigen que el gobierno central les resuelva la crisis en que los sumieron las luchas intestinas del Consejo Supremo Electoral.
Desde que las elecciones autonómicas de marzo pasado concluyeron, la Región Autónoma del Atlántico Sur no cuenta con la absoluta seguridad de que sus autoridades electas sean las que finalmente gobernarán el destino de la región por los próximos cuatro años. Y eso, los tiene muy molestos.
La percepción general de la mayor parte de la población de la RAAS es que al gobierno central no le importa la crisis que agobia a los pueblos costeños.
Reyertas políticas entre los magistrados liberales y sandinistas del poder electoral han provocado una crisis de inestabilidad gubernamental en la RAAS, que ha provocado que el Ministerio de Hacienda retrase la entrega del presupuesto destinado a la región.
Los efectos de la falta de recursos empiezan a sentirse: salarios atrasados, deudas, corte de servicios básicos, falta de circulante, baja del comercio, y un prolongado etcétera que ha hecho que los viejos resentimientos raciales exploten en la idea de una separación política del gobierno central de Nicaragua.
EL ORIGEN DE LA CRISIS
Los magistrados liberales, encabezados por Roberto Rivas, se niegan a reconocer la Junta Directiva del gobierno regional que nació producto de una alianza entre concejales separatistas del Partido Liberal Constitucionalista y miembros del Frente Sandinista. La alianza fue reconocida por los magistrados sandinistas, quienes juramentaron a la Junta Directiva ante un mandato de la Corte Suprema de Justicia, que ordenaba al CSE reconocer las autoridades electas en la RAAS.
Roberto Rivas, a quien en Bluefields declararon non grato, impugnó la juramentación bajo el alegato de que no existía presidente en el CSE cuando se decidió juramentar a la Junta Directiva regional. Ahora hay un recurso interpuesto en la CSJ que mientras no se resuelva, no decide la suerte de las autoridades electas.
El primer signo del malestar de la población se expresó el pasado viernes, cuando se realizó una marcha multitudinaria que integró a partidos políticos, sectores de la sociedad civil, instituciones locales de toda índole, miembros de diferentes religiones, jóvenes, viejos, niños y demás, que exigían el respeto a la decisión local de nombrar una Junta Directiva compuesta por varios partidos.
Ese día salieron a relucir los aires separatistas que históricamente han soplado en el Caribe nicaragüense, cuando los discursos de los organizadores sonaron fuerte contra el gobierno central. “¡No más mierda de Managua!”, dijo alguien por allá, y las masas locales lo aplaudieron largamente.
IDEAS SEPARATISTAS
“Antes yo no pensaba de esta manera, pero con todo esto que nos está pasando, con esa marginación con que nos trata Managua, yo creo que es mejor separarnos. Nuestras regiones merecen respeto y no vemos ese respeto por ninguna parte. Nos tratan como personas de segunda ¿Por qué no han resuelto esta crisis? Porque somos costeños”.
Así se expresa el reverendo Standford Cash, párroco de la Iglesia Anglicana de Bluefields. Muchos líderes costeños piensan igual que él.
A las protestas se han sumado los universitarios. En las radios locales han leído pronunciamientos fuertes donde demandan una real autonomía de las regiones del Atlántico, sin intervenciones verticales del gobierno central.
Julio Monterrey, estudiante de Sociología de la URACCAN, así lo confirma. “Como estudiantes universitarios de las regiones autónomas de la Costa Caribe sacamos un comunicado donde exponemos que los costeños históricamente hemos vivido una situación bastante exasperante, en lo que se refiere a un abandono, a una subestima eterna. No podemos seguir así”, dice Monterrey.
IMPASSE AFECTA DESARROLLO LOCAL
La situación está afectando el desarrollo y mantenimiento de la ciudad. El alcalde municipal de Bluefields, Moisés Arana Cantero, se queja de que la falta de fondos ha obligado a suspender varios proyectos comunitarios, y que hay proyectos estancados por culpa de la inestabilidad.
“Esa crisis más que todo afecta a los pobres, quienes no tienen recursos para subsanar sus necesidades, y nosotros que estamos para ayudarles, no podemos hacerlo porque ellos (los magistrados electorales) no se ponen de acuerdo. Yo respaldo la demanda de una respuesta rápida a esta crisis”.
Ante el limbo legal en que el CSE mantiene al gobierno regional, el Ministerio de Hacienda se ha limitado a enviar 1.3 millones de córdobas para los gastos operativos del gobierno, correspondientes a tres meses de atrasos. A Sidney Francis, coordinador de los organismos no gubernamentales, se le vio durante la marcha detrás de una manta desde donde pedía respeto a la libertad de decisión de los costeños.
“Si nosotros elegimos autoridades, que nos respeten esas autoridades. No es posible que los políticos del gobierno central nos irrespeten de esa manera, al querer imponernos a las autoridades que ellos quieren, y no las que nosotros queremos. ¡Basta ya de tanto abuso con nuestra región!”, dice.
Para otros, más que una falta de voluntad política por resolver los problemas de los pueblos costeños, lo que existe es una flagrante violación al derecho a elegir libremente.
Así opina Deborah Grandison, Procuradora Regional de derechos humanos y especiales de los pueblos indígenas y comunidades étnicas.
“Yo respeto mucho las expresiones de protesta de nuestra gente, ya que se nos quiere violar el derecho que tenemos a elegir nuestras autoridades, a nuestros líderes. El solo hecho de que se ignoren las leyes nacionales, para imponer la voluntad política de un partido sobre la voluntad de las mayorías, es una violación a la Ley de Autonomía, que nos da el derecho a escoger a nuestras autoridades”, argumenta Grandison, quien también demanda respeto por las leyes de autonomía.
“NOS VEN COMO CUCARACHAS”
Lo mismo que ella exige, respeto, es lo que exige Alfred Malone, un reconocido atleta de color que se queja del trato que se les da en los aeropuertos locales, donde denuncia que los registran con niveles de humillación.
“Nos ven como cucarachas, ya hasta nos da miedo viajar a Managua en avión. Siempre creen que llevamos drogas, y nos obligan casi a desnudarnos. A nuestras mujeres las tocan, nos ofenden, yo no sé si es por el color de la piel, pero nos tratan mal. El gobierno habla de incorporación de la Costa Atlántica al Pacífico, pero ¿has visto un funcionario de color en el nuevo gabinete? Se llevan el 90 por ciento de nuestras riquezas y nos dejan con nada, y ¿que hacen con esa plata?: ¡se la roban y se la reparten en grandes salarios!”, se queja.
También se queja David Bolaños, el presidente de la Cámara de Turismo de Bluefields, para quien el impasse político del CSE está afectando la imagen de Bluefields, lo que a su juicio, podría incidir negativamente en la promoción del turismo y en el comercio local, al ausentarse los turistas por la situación de inestabilidad que se vive en la región.
Señala que incluso, con la crisis se están alejando las posibilidades de que alguien haya pensado invertir en Bluefields. “Sin estabilidad nadie invierte”, dice, y señala que un millonario proyecto de desarrollo turístico financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo se ha atrasado ante la incertidumbre de no saber quién es la autoridad que deben reconocer. El proyecto de 9 millones de dólares está parado en espera de una mejor situación.
ÁNIMOS CALDEADOS
Los ánimos están tan caldeados que los discursos contra el gobierno central han comenzado a subir de tono.
Guy Cox, el gobernador de la RAAS, dice que ellos no piden nada, exigen. “No pedimos nada, exigimos nuestros derechos. Estamos hartos de que nos impongan sus caprichos, de que nos vean sólo como la oportunidad de enriquecerse a costa de nuestros recursos naturales, sin importarles nuestro sentir. El Pacífico nos manda genios que no saben nuestra realidad, que no conocen nuestras necesidades. Nosotros aquí tenemos expertos, tenemos cerebros y brazos fuertes para trabajar, ¿por qué debemos aceptar lo que ellos nos impongan?”, exclama.
Y en medio del ambiente de inconformidad, con música caribeña de fondo, discursos de reclamos y la pobreza a simple vista, la misma pregunta se repite por todos lados: “¿Por qué debemos aceptar lo que ellos nos impongan?”
COSTA ATLÁNTICA AL DESNUDO
Nueve de los municipios más pobres del país se encuentran en las regiones autónomas del Atlántico (RAAS y RAAN), según un estudio denominado Desarrollo Humano en la Costa Caribe de Nicaragua, elaborado por un especialista de la Universidad Regional Autónoma de la Costa Caribe de Nicaragua (URACCAN).
Ese estudio señala que las inversiones públicas dirigidas a esa región resultan “insuficientes” para superar las diferencias que separan a la población costeña del resto del país.
La investigación resalta que en los últimos años la tasa de analfabetismo es de 31.4 por ciento en el Atlántico, mientras en las zonas urbanas y rurales del Pacífico es de 20.9 por ciento.
Agrega que una de las principales necesidades es mejorar la salud en la población debido a que solamente un 21.0 por ciento tiene viviendas con acceso a agua potable, lo que representa que solamente dos de cada 10 casas cuenta con el vital líquido.
El estudio destaca que también existe una baja dotación de infraestructura, lo que la coloca en una posición “desventajosa” en relación con las capacidades de acceso a los servicios y mayores dificultades para transportarse y comunicarse.
Se indica que la escasa red vial desde el Pacífico y Centro hacia la Costa Atlántica hace más alto el costo del transporte, lo que a su vez contribuye a incrementar los precios en los productos de consumo básico.