- El profeta que apresuradamente predijo el triunfo de la democracia liberal y la economía de mercado a nivel planetario, revisa sus tesis y afirma, además, que la amenaza del islamismo radical no detendrá el proceso de modernización en el mundo
ZENIT
NUEVA YORK.- Francis Fukuyama, a raíz de la caída del Muro de Berlín, a principios de los 90 proclamaba el fin de la historia y el dominio de la democracia y la economía de mercado en todo el mundo. Su libro «Fin de la Historia», un best-seller mundial, se reveló una «profecía» que se ha visto obligado a revisar después del 11 de septiembre.
En esta entrevista con la agencia de noticias católica Zenit, analiza la actual situación y avanza otras hipótesis tras publicar su último libro «Our Posthuman Future» («Nuestro futuro posthumano»), cuya edición castellana aparece en este mes de septiembre.
En su libro, usted reafirma la muerte de las ideologías. Pero menos de diez años después Ossama Bin Laden ha tratado de imponer su ideología por medio del terrorismo. ¿No ha pensado en escribir ahora «La historia ha empezado de nuevo»?
“Estoy trabajando en esta idea desde el 11 de septiembre pasado. No he llegado a una conclusión definitiva, pero pienso que en realidad éste es sólo un contratiempo que no altera el proceso de modernización. El desafío de Bin Laden es relativamente débil respecto al del socialismo. Quedan, sin embargo, algunos interrogantes en este nuevo escenario. Todo depende de cómo sepamos superar la crisis inmediata provocada por el terrorismo. Pero hay otra cosa que me preocupa de Bin Laden, y es el profundo surco que divide cada vez más a Estados Unidos y a Europa”.
Un surco excavado por la manera en que Bush ha emprendido la guerra al terrorismo.
“No pienso que sólo sea culpa de Bush. Este gobierno es seguramente menos cauto que otros en el uso de la retórica, pero no es el primero que no comparte la visión europea de la democracia. Bill Clinton, por ejemplo, firmó el Tratado de Kyoto sobre medio ambiente, aun sabiendo que el Congreso estadounidense nunca lo ratificaría. La disputa entre las dos orillas del Atlántico existía antes del 11 de septiembre y es mucho más de sustancia que de forma.
Los europeos consideran la comunidad internacional como la fuente última de la legitimidad democrática. Para los estadounidenses no hay en cambio fuente más alta que el Estado democrático y constitucional. El apoyo a las instituciones internacionales, por tanto, para los estadounidenses puede ser dado o retirado legítimamente. Estas divergencias harán todavía más tensas las relaciones entre Europa y Estados Unidos”.
Vista esta profunda diversidad, ¿se puede todavía hablar de un solo Occidente?
“Sí, Occidente es todo uno. Tenemos profundos valores compartidos. Por eso tenemos que estar atentos a no exasperar este conflicto. Los puntos de desacuerdo no deben oscurecer los valores comunes. Es una situación que exige control y capacidades diplomáticas por ambas partes”.
¿Qué otros desafíos para las democracias occidentales han suscitado los acontecimientos del 11 de septiembre?
“Han surgido al menos un par de fenómenos que han modificado las dinámicas que conocíamos. Pero es pronto para decir si tendrán alcance para iniciar una nueva época o no.
“El primero es que hemos descubierto la fuerza de un cierto tipo de islamismo radical. Sabíamos que existía, pero desconocíamos su capacidad y determinación. No sabemos todavía, sin embargo, hasta dónde llegará. ¿Tiene capacidad para usar armas de destrucción de masas, artilugios nucleares? Si la respuesta es afirmativa, la historia tomará un rumbo diverso de aquél a donde la llevaba el proceso de extensión de la democracia liberal y del libre mercado que yo describía en el “Fin de la Historia”. La difusión de los valores occidentales se frenaría aunque no se detendría. Nacería un mundo que no conocemos a merced del terrorismo.
“Los Estados Unidos piensan que es la dirección hacia la que nos estamos dirigiendo y, según ellos, esto justifica acciones de prevención sin precedentes. Mi percepción es que no será así. Pienso que el 11 de septiembre ha sido un golpe de suerte de Ossama Bin Laden que no se repetirá y no el inicio de una nueva tendencia”.
En su último libro, «Nuestro futuro posthumano», afronta un argumento completamente diverso, las biotecnologías, e invita a poner un freno a la ingeniería genética. ¿Qué le ha impulsado a elegir este campo?
“Su urgencia. Muchos apoyan ya mi campaña por la regulación de la investigación tecnológica. Es un terreno minado. Cuando la ciencia pueda ofrecer a un padre y a una madre un examen prenatal de patrimonio genético de su hijo y la posibilidad de modificarlo, la misma naturaleza humana, y aún más la dignidad de nuestra especie, estará en juego. La enorme difusión de psicofármacos que modifican la conducta nos demuestran nuestra ansiedad por controlar los aspectos incontrolables de nuestra naturaleza”.
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