Fe a través del amor

Ruth C. de Fuentes

La fe de Sor María siempre fue a través del gran amor a su Rey y su Reina, desde antes de irse al noviciado, estando en 5to. grado de primaria hizo voto de castidad para toda la vida, con el padre Emilio Botari, su confesor, el cual le dijo: “Aunque te hagan picadillo tú no desfallezcas”. Sor María no olvidó nunca la enseñanza de su director espiritual sobre el picadillo, de este episodio sacó una lección que duró toda la vida, multiplicada al cuadrado, sólo Dios sabe cuántas veces.

Siempre le pedía al Señor: “¡Concédeme la gracia de poder atraerte por millones las almas a tu amor!” Sabía que para Jesús cada alma es un tesoro precioso porque Él nos ama y nunca se cansa de nosotros. Qué importan todos los padecimientos con tal de poseer a Jesús. Busquémosle con ardor, Él quiere ser buscado, en lo alto de la Cruz; imitemos a Sor María tratando de encontrar ese amor en esa cruz donde tanto sufrió el Señor por amor y para redimirnos de nuestros pecados.

Siempre con esa fe maravillosa en su Rey y Reina se acercó un día a un grupito de chicas del coro que estaban trabajando en el refugio y muy alarmada les dijo: “Ya no se rían más… fíjense que debo unos cuantos miles… y lo peor es que debo pagarlos mañana, y esta vez sí que me van a meter en la cárcel, pero no me voy sola, porque me agarro fuertemente del manto de la Virgen y me la llevo conmigo, nos vamos las dos a la cárcel”.

Las chicas no sabían si reír, pensando en la Virgen encarcelada, o alarmarse. Una preguntó:

— “Y ahora, ¿qué va a hacer usted?

— Por esto les digo que me ayuden a rezar. Yo me voy donde mi Jesús Sacramentado… si alguien viene a buscarme, le dicen que estoy en la Capilla”.

Aquellas jóvenes con todos esos colones bailando ante los ojos, se pusieron a rezar con todas sus fuerzas. Pasó poco tiempo y llegó la hermana portera, buscando a Sor María, porque un señor quería hablarle.

— ¿Será el acreedor?, murmuró una, mientras rezaba un Avemaría.

Seguía rezando.

Y llega Sor María, después de haber ido al locutorio:

“Les dije que rezaran, vean cómo es el Señor conmigo y mi amorosísima Madre, este señor que vino hace tiempo me pidió oraciones para vender una finca, y que si la vendía me daba el diez por ciento de la venta. A esto ha venido ahora, a darme lo que me ofreció, y es justamente lo que tengo que pagar, así es que, me vuelvo a quedar sin dinero, pero también sin deuda”.

Otro de esos pequeños milagros que le hacía la Virgen fue cuando Sor María recién comenzaba con los oratorios, necesitaba pagar una factura de 3,000 colones, puso a las misioneritas a rezar ante la imagen de la Virgen, y de pronto, cuando menos lo creía, llegó la hermana portera y le entregó un sobre… que un señor le enviaba para sus obras… imagínense la alegría de Sor María. La Virgen la había escuchado, el sobre contenía nada menos que los 3,000 colones. Hechos como éste se repitieron con frecuencia en la vida de Sor María. Una vez alguien le pidió que le contara alguna gracia que le había hecho la Virgen, y ella con toda sencillez le dijo sonriendo: “Una gracia… si son diluvios…”

Pidámosle a Jesús y a la Virgen que nos aumente nuestra fe, esa fe basada en el amor, alimentada con la oración y la caridad a los pobres, entregándonos a ellos para que sientan que son amados y no despreciados por su pobreza.

“Cómo la amaban Jesús y su María Auxiliadora”, siempre dispuestos a darle todo lo que necesitaba para sus grandes proyectos para la ayuda de sus pobres. Ahora somos nosotros los que estamos necesitando de la ayuda de todos los nicaragüenses para hacer su obra, como la que hizo ella en Costa Rica, tenemos la fe de que ella desde el cielo nos ayudará para llevar a efecto la obra que se va a construir en su ciudad natal, Granada.

La autora es colaboradora de la Asociación Sor María Romero.  

Editorial
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