El respaldo de Estados Unidos a Nicaragua

Jaime Vega Luna

La lucha contra la corrupción que está librando el pueblo nicaragüense conducido por el presidente Bolaño finalizará, más temprano que tarde, con el claro revés de los corruptos. Pero, continuamos con un país débil casi en bancarrota, con grandes deudas tanto internas como externas, con un gobierno que heredó las arcas vacías y con grandes retos por delante. ¿Es suficiente el respaldo de Estados Unidos?

El pueblo está apostando a la democracia y la transparencia, pues así se manifestó en las elecciones pasadas y se puede apreciar en las últimas encuestas de opinión. También queda establecido de manera inequívoca su amistad y cordialidad hacia los Estados Unidos de América, como una esperanza para salir de la pobreza.

El difícil y largo paso de la dictadura a la democracia, si no viene acompañado de bienestar, puede frustrar al ciudadano y caer en la tentación de apoyar sistemas dictatoriales populistas.

Después de guerras internas destructivas, de un sistema oprobioso que hizo retroceder a Nicaragua 50 años en relación con el resto de Centroamérica, de la corrupción tan dañina como lo anterior, el país necesita los recursos necesarios que posibiliten el desarrollo económico y social para una estabilidad real y sostenida. Poner a flote la agricultura e industria nacionales y modernizarlas. De lo contrario podemos caer en la miseria y la anarquía.

Es evidente que Nicaragua no puede por sí sola superar su situación, por eso es necesaria la solidaridad aún mayor de Estados Unidos.

Europa recibió en 1947-1952, después de la Segunda Guerra un aporte solidario de Estados Unidos de 11,000 millones de dólares para reforzar su economía y reconstruir la infraestructura destruida, por medio del llamado Plan Marshall. En ese entonces fue un sacrificio para los norteamericanos, pues su situación económica no era tan fuerte como ahora, y, sin embargo, dicho plan recibió el respaldo de ambos partidos. El liderazgo del presidente Truman y el de los diferentes dirigentes europeos son los que engendraron la democracia y el bienestar en la Europa de hoy.

La posibilidad de un futuro democrático en Nicaragua está íntimamente ligada a que encuentre un equilibrio económico saludable, y se encauce en el camino del desarrollo. Éste es el momento oportuno en que los Estados Unidos pueden ampliar su solidaridad con este país organizando un pequeño (en comparación con el europeo) Plan Marshall con el propósito de que Nicaragua recupere en corto plazo los 50 años perdidos.

El momento es oportuno pues contamos con un Presidente democrático y valiente que está eliminando los vicios políticos y administrativos del pasado y tenemos un pueblo que sabrá elegir en las próximas elecciones a un continuador de la política de Don Enrique.

Este Plan Marshall (o Plan Bush) deberá aportar los recursos necesarios para que el Gobierno pueda, en el corto plazo, ponerse al corriente con sus obligaciones financieras, construir la infraestructura necesaria para activar la producción agropecuaria, industrial y turística y la base educativa-tecnológica para la misma; y al sector privado los medios necesarios para producir y comercializar apropiadamente. Deben ser fondos no retornables y retornables según sea el caso.

Estados Unidos ha invertido mucho para alcanzar la paz y la libertad en Nicaragua, llegó el tiempo de fortalecer en la economía y la libre empresa como elementos para afianzar la democracia y la estabilidad.

El autor es directivo del Partido Conservador.  

Editorial
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