“Juan Brujo” con “la otra”, su hermosa gigantona, previo a uno de los pintorescos desfiles en El Cua.

El “brujo” de El Cua y sus dos mujeres

A don Juan Carmen Hernández Rodríguez le dicen “brujo” por sus actos de magia cuando divierte al pueblo con sus trucos. En esta faena lo asiste una de sus dos mujeres: “La gigantona”, la famosa muñeca originaria de León Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL /[email protected] Es considerado como el personaje más pintoresco del joven municipio de […]

  • A don Juan Carmen Hernández Rodríguez le dicen “brujo” por sus actos de magia cuando divierte al pueblo con sus trucos. En esta faena lo asiste una de sus dos mujeres: “La gigantona”, la famosa muñeca originaria de León

Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL /[email protected]

Es considerado como el personaje más pintoresco del joven municipio de El Cua, en el departamento de Jinotega. Su habilidad para hacer reír a chicos y grandes le ha hecho acaparar el cariño de todos. Por ello, su rostro fue perpetuado en el mural histórico que cinco jóvenes pintaron en el mismo poblado.

Pero, además, tiene dotes de “médico” naturista y de mago, por lo que también le conocen con el mote de “Juan Brujo”, aunque su nombre de pila es Juan Carmen Hernández Rodríguez. Él tiene 75 años y es uno de los primeros pobladores de El Cua.

Este “Juan Brujo” sí que es pícaro. Él confiesa que tiene dos mujeres: “una es mi esposa, Lorenza de Jesús Herrera González, y una mujer tan grande que sólo ando con ella por diversión”. Se refiere a su gigantona como “la otra” que siempre está a su lado cuando se trata de distraer a los habitantes del pueblo.

Con ella recorre las principales calles del poblado cada vez que hay alguna actividad de relevancia. Pero no va solo. También lo acompaña uno de los tres hijos que procreó con doña Lorenza de Jesús: Iván de Jesús Hernández Herrera, un joven pintor que, además, sigue los pasos de su padre en el fantástico mundo de divertir a la gente.

CON SU PECULIAR VESTIR

Con su inseparable sombrerito negro y utilizando aún las pinturas para el rostro y un flojo pantalón multicolor que le heredara el inolvidable Benjamín Linders, aquel extranjero que siempre estuvo de la mano con el progreso de El Cua, don Juan participa de los desfiles y concluye sus presentaciones con trucos que dejan perplejos a los asistentes.

De Linders, don Juan recuerda: “Fuimos muy amigos, le ayudé en el proyecto de la luz eléctrica. Él se disfrazaba también. Este pantalón que ando era de él. Me lo regaló antes de morir, y también me dejó una caja de pintura hermosísima que todavía tengo”.

Don Juan llegó a El Cua en 1945. Recuerda que entonces “sólo eran siete casas, era bien afligido el pueblo y sólo los sábados y domingos eran alegres porque la gente venía de las haciendas de El Tabaco (al sur del poblado) y de los alrededores, pero, aquí vivían don Agustín Meza y don Ezequiel Rivera y otros cinco que ahorita se me escapan sus nombres”.

Añade que cuando se fundó la primera escuela en el poblado, “ya me empezaron a buscar las maestras para actividades de la escuelita, también para las piñatas de los niños, alegrías de gigantonas y todas esas cosas”.

“Nací con esa cosa de ser alegre. Nací para eso, conozco muchas cosas, soy naturista, conozco de todo tipo de trabajos y hasta ingeniero soy”, dice sonriente.

¿POR QUÉ LE DICEN ‘JUAN BRUJO’?

“De la noche a la mañana le saco todo tipo de cosas a la gente. Además, tengo una presentación que se llama ‘La fábrica de acero’, y como me saco hojas de Gillette (se refiere a las hojas de afeitar) del cuerpo, la gente cree que es una fábrica, pero no es así, y dicen que soy brujo”, cuenta el personaje.

Y concluye: “Mi mayor alegría es trabajar para mi pueblo. A mí me quiere todo el pueblo, y la mayor felicidad que tengo es ver que los niños y toda la gente de El Cua está feliz y contenta”.  

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