Carol MunguíaCORRESPONSAL / [email protected]
Lágrimas, dolor e indignación se dejaron sentir en el sepelio de Juan José Rizo Velásquez, de 38 años, otro nicaragüense asesinado en las calles de San Miguel, San Salvador, ciudad a donde llegó “para cambiarle en el rumbo a su vida”.
Rizo Velásquez, de oficio mecánico, se fue hace tres meses a El Salvador. Su expectativa era trabajar para mantener a sus cuatros hijos y a su madre, quien se encargó de reconocer el cadáver.
Doña Haydeé Velásquez, viajó el martes pasado al vecino país. Lo hizo inmediatamente que unos amigos le avisaron por teléfono que su hijo estaba herido de gravedad y que urgía su presencia.
“Allá el panorama fue desconcertante. Cómo pobre que soy me sentí atrapada por la rapidez con que ocurrieron los sucesos”, dijo ahogada por el llanto, agregando que fue en el sector de El Cantón, un lugar donde sólo habitan “maras”, dijo.
Vecinos del nicaragüense, originario de la comunidad “Evertz Mendoza”, en El Viejo, dijeron que salió del trabajo el domingo 18 de agosto con unos amigos, pero ya no regresó.
“El cuerpo semidesangrado, desnudo, sin cartera ni tarjeta de identidad, fue encontrado por la Policía 12 horas después y seguía con vida. Fue trasladado al Hospital San Juan de Dios pero murió ese mismo día”, relata quien repatrió sus restos hasta su pueblo natal.
El occiso requería sangre del tipo “O” negativo, pero no fue posible encontrar donantes. “La ironía de la vida es que siendo un donador en su país, no encontró quien le diera su sangre para continuar viviendo”, expresaron sus familiares, atormentados por el hecho de sangre.
La conclusión que recibió la madre de la víctima durante su estancia en El Salvador, es que “fue asaltado al regresar a su casa, que recibió dos disparos en la pierna y que murió por falta de sangre”.
“Mi hijo no era un delincuente y voy a pedir a las autoridades que investiguen ese hecho porque no puede quedar impune, como de otros nicas que salen del país porque aquí no hay empleo y regresan muertos a su patria”, concluyó.