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El 25 de mayo de este año todavía andaba sin brújula, perdido entre las contingencias de las calles capitalinas.
Pero, tres días más tarde Orlando Vásquez, el Mejor Atleta Aficionado de todos los tiempos en Nicaragua, decidió cambiar su destino.
“Era ingobernable”, dice sin una pizca de cobardía este sobresaliente levantahierro pinolero, capaz de ganar tres veces medallas en Juegos Panamericanos.
“Y así como tomaba y me drogaba bastante, así crecían cada día los problemas con mis padres, familia … mis hijos”, relata con patente remordimiento.
Orlando Vásquez no puede olvidar los momentos más tenebrosos que vivió después de ser considerado un ídolo deportivo en el país.
Bebió las mieles del triunfo y disfrutó la fama porque siempre que imperó lo miraron como un héroe insuperable.
Tuvo el mundo a sus pies e hizo lo que quiso luego de brillar con intensidad en el exigente ambiente del levantamiento de pesas.
En esta disciplina se sobró, como ningún otro deportista amateur con sangre de lagos y volcanes, tras colgarse en su pecho medallas en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987, La Habana 1991 y Mar del Plata 1995.
Él antes había enfrentado dificultades con el alcohol y las drogas. “Pero, todo era a nivel social”, refiere.
No obstante, nunca su inclinación etílica y afición narcótica había alcanzado mayor nivel, que sus propias hazañas deportivas cuando todo comenzó poco antes de los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia, 2000.
El “pequeño acorazado”, ya sin el blindaje que lo hizo famoso, se metió de lleno en una violenta juerga que dos años después por poco lo manda al infierno.
Con sólo la ropa que andaba puesta, un short, un par de zapatos y una desteñida camiseta, demacrado y hasta si bañarse, por fortuna y por su propios pasos Orlando Vásquez caminó en busca de la ayuda de Dios.
Y la encontró en el Centro de Ayuda y Rehabilitación del Alcohólico y Adicto a otras Drogas, CARA.
“Fue hasta que toque fondo. Nadie me soportaba. Ni yo mismo”, recuerda sobre esa intolerable estación de bacanal y desenfreno.
“Viera que flaquito venía, el campeón. Ahora es otro”, apunta con notable franqueza Carlos Estrada, otro ex drogadicto, que el miércoles lo sustituirá como jefe disciplinario del dormitorio 2 en CARA.
“He vuelto a vivir”, agrega con tono de agradecimiento y felicidad el reconocido deportista.
Encontramos a Orlando Vásquez en el local de CARA, ubicado en los contornos de la Colonia “Miguel Bonilla”de Managua.
Qué contraste verlo primero en los mejores altares deportivos continentales y ahora, aunque ya regenerado, en un lugar que no deja de resultar deprimente.
Y triste no propiamente por las características naturales del sitio, porque en el fondo es un lugar agradable, sino por el motivo por el que la mayoría llegan a parar ahí.
“Oye campeón te buscan, vas a salir en la televisión. ¡Eso hermano!”, le gritaron en coro y con ingenuidad un grupo de internos por las mismas razones que él.
A FONDO CON ORLANDO VÁSQUEZ
¿Cuándo resolviste cambiar?
“El 27 de mayo. Entonces todas las puertas se me habían cerrado. Eran las seis de la mañana. Todo sucio, peludo y quién sabe que más, visite la oficina de ‘Chanito’(José Adán Aguerri Jr.) y él me tendió la mano. Pagó para que yo pudiera ingresar a CARA”.
¿Ni vos te aguantabas?
“Había entrado a la etapa crónica, era demasiado. Ya no podía controlarme, mientras consumía de todo: guaro, cocaína, marihuana y hasta piedra (crack)”.
¿No había quién te aconsejara?
“Sí, pero yo no escuchaba. Mi familia se había cansado de tanto hacerlo y supongo que los amigos, el mismo Alexis Argüello, William Aguirre, Eduardo Abdalah y don Hernán Flores”.
¿Hasta dónde llegaste?
“A dormir en la calle, en cualquier parque o parada de buses. Anduve por toda Managua. Lo hacía para conseguir lo que fuera para saciar mi adición”.
Con los dedos cruzados, la cabeza gacha y sentado sobre una sencilla litera, que está rodeada por un pequeño armario, donde apenas conserva unas pocas pertenencias, Vásquez luce diferente.
Es otro distinto al que aún previo a Sydney 2000, se escurría para negar su inoportuna simpatía por las copas y estupefacientes.
Hoy está incomparable. Se muestra más honesto y sencillo pese a que tampoco puede esconder el paso del tiempo y las secuelas de una vida agitada.
Cuando seguimos conversando no llora, quizá porque a ciencia cierta tras cuatro meses de permanecer en CARA ya parece estar desintoxicado de su cuerpo… y de su espíritu.
¿Se te pasó la mano?-, preguntamos de nuevo.
“Imagina que mi enfermedad llegó a la etapa tres, que es lo último, donde no importa nada, donde uno no se acuerda de nada y de nadie, mucho menos de mis medallas”.
¿El tipo de gente que te mezclaste?
“Con todas aquellas que la sociedad rechaza”
¿Robaste?
“Gracias a Dios no. Lo peor fue abusar de la confianza de las amistades. Por ejemplo hubo un momento cuando casi le desmantelé el taxi a mi esposa con tal de comprar drogas”.
¿Algún derroche?
“En una ocasión cuando gasté 2000 dólares, no sé en cuánto tiempo. Creo que en poco”.
¿Y cuándo el efecto del alcohol o las drogas pasaba?
“Era horrible. Entraba en una tremenda depresión. Cuando me interné en CARA me enfermé de todo en los primeros días. No dormí durante los primeros 15. Aguanté porque quería cambiar mi vida”.
¿Pensaste en el suicidio?
“La depresión muchas veces me permitía reflexionar y decir: ‘!ya basta!’, pero no pensé en matarme”.
¿Qué fue lo peor de lo peor?
“Dañar a Dios. Yo me crié entre una familia bien religiosa. Dios fue bueno conmigo al darme tanto talento, pero yo le quedé mal desperdiciándome. También afecté a mi familia, la de mis padres y la de mis hijos”.
¿No te afrenta haber recurrido a un centro como éste para solucionar tu problema?
“Me da más vergüenza lo que hacía antes. Estar aquí es para mí un orgullo porque cuando salga van a ver a otro Orlando Vásquez”.
¿Cómo pensás lograrlo?
“Con lo que recibí en las charlas, tratando de controlar mi mente, visitando los AA (Alcohólicos Anónimos) y los NA (Narcóticos Anónimos)”.
¿Miedo a recaer?
“No, porque voy bien armado. Lo que pasó pasó, aunque el que se olvida de su pasado está condenado al fracaso”.
¿Qué harás después de salir de aquí el miércoles?
“Volver al Gimnasio. Levantar pesas y ser instructor que es lo único que sé en esta vida”.
Ojalá y le vaya bien.