Leonel González Bendaña
Tras una década de gran prosperidad económica para las potencias del mundo, ha llegado ese punto en el ciclo económico donde la incertidumbre reina sobre la razón. La cultura de los negocios a nivel corporativo ha evolucionado en los países del primer mundo, principalmente los Estados Unidos, donde la presión por mantener las abismales utilidades de las grandes empresas se ha sucumbido ante la inminente recesión que este país se niega a enfrentar.
Veamos, tras diez años de “boom” económico cuáles son los resultados, empecemos por supuesto, por el principio. Los Estados Unidos es el país más avanzado (queriendo decir con la economía más grande del mundo) con el mayor porcentaje de población bajo el índice de pobreza, es decir, que de todos los países ricos del planeta, este tiene la mayor cantidad porcentual de familias pobres, uno de cada seis niños norteamericano es oficialmente pobre (1999). Como ejemplo, según un reciente estudio, alrededor del 30 por ciento de las casas norteamericanas tienen un valor menor a los US$10,000, incluyendo muebles, electrodomésticos, terreno y demás. ¿Quieren más ejemplos? En 1999, a la altura de la actividad económica, a la vez que las corporaciones aumentaban sus utilidades en un 114 por ciento en esta década, los salarios o compensaciones para sus ejecutivos aumentó 570 por ciento, mientras el sueldo del trabajador promedio aumentó apenas un 37 por ciento, superior por unos cuantos puntos a la inflación sobre el mismo período, el cual es del 32 por ciento.
Nos estamos dando cuenta de algo que pensábamos era evidente sólo en países como el nuestro, el estrecho entre las clases sociales se agranda, así terminando con el mito que los países industrializados son modelo para una justa distribución de ingresos. ¿Mas evidencia?, el número de billonarios, individuos poseedores de más de mil millones de dólares en activos en 1989 dentro de los Estados Unidos fue de 66, mientras que las personas bajo el nivel de pobreza fue de 31.5 millones. Recientemente los números reflejan que la cantidad de billonarios se disparó a los 268 que hay en la actualidad, mientras que el número de personas pobres subió a 34.5 millones. Todo esto bajo el régimen economista fructuoso de la década pasada, que hoy es un incierto.
Agregamos al caso varios factores que han truncado la economía más fuerte del mundo, vemos que estamos en medio de una era de cambios en el universo corporativo. Los casos fraudulentos de Enron, Andersen, Global Crossing, y el último, MCIWorldcom, han alejado de las compañías norteamericanas a los inversionistas que buscan mayor seguridad y utilidad con su dinero.
Aparentemente la cultura de los negocios en los Estados Unidos ha sobreestimando la habilidad de individuos, organizaciones y empresas de acoplarse a los cambios, inclusive con todo los recursos y tecnología a su disposición. Vemos que están queriendo responder a los conflictos que hoy los afligen sin tener los resultados que esperábamos del gigante que ahora parece bajar su ritmo económico. Entonces, ¿dónde nos lleva todo esto?
Estamos enfrentando una crisis económica anunciada a nivel continental, que abarca desde Canadá, que depende casi el 65 por ciento de sus exportaciones en sus principales y más cercanos vecinos, hasta Mercosur, donde el impacto del desplome argentino lo comienzan a sentir los brasileños y los chilenos, los prósperos de Suramérica. Sin duda alguna, los vientos de cambio se aproximan.
¿HACIA DÓNDE VA EL CAMBIO?
Por lo visto el cambio se vira hacia el viejo continente, donde el euro va cobrando fuerza en contra del dólar, más por debilidades de la moneda norteamericana que por la fortaleza del europeo, pero la idea de la Unión Europea de formar un mercado unificado con igual o mayor poder adquisitivo que el estadounidense está cobrando cada día más vida. ¿Será la Unión Europea el Japón de hace unos años? ¿El más cercano competidor de los estadounidenses? ¿Se convertirán en tan vil amenaza como son sus pretensiones? Sólo el tiempo y las estrategias lo sabrán descifrar, mientras tanto nosotros observamos desde las graderías y aguardamos el resultado final.
El autor es Licenciado en Comercio Internacional.