El presidente Alvaro Uribe (centro, con gafas negras) y jefes militares presiden una ceremonia militar en Bogotá.

La prometida “mano fuerte” de Alvaro Uribe

Ante el fracaso de la Gran Colombia, Bolívar se preguntó: “¿Cómo saldré de este laberinto?” Ahora lo hace Colombia. La hora cero de un presidente que promete acabar con la violencia irregular, ha llegado Eduardo [email protected] SEGUNDA DE 3 ENTREGAS BOGOTÁ.- Álvaro Uribe Vélez está de pie cada mañana desde las cinco de la madrugada. […]

  • Ante el fracaso de la Gran Colombia, Bolívar se preguntó: “¿Cómo saldré de este laberinto?” Ahora lo hace Colombia. La hora cero de un presidente que promete acabar con la violencia irregular, ha llegado

Eduardo [email protected]

SEGUNDA DE 3 ENTREGAS

BOGOTÁ.- Álvaro Uribe Vélez está de pie cada mañana desde las cinco de la madrugada. Hace cien flexiones de pecho —ni una más, ni una menos, según se dice—, no fuma, no bebe, estudió en Harvard, en fin, es el arquetipo del colombiano “juicioso”. La mayoría de sus compatriotas ha depositado su confianza en él para que derrote política y militarmente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sin embargo, para una minoría, no es claro cómo, al intensificar la guerra, se obtendrá la paz.

Dice Uribe, de origen paisa (de la región de Antioquia), que no quiere perder “un solo minuto”, y les exige eficacia a las fuerzas militares en la lucha contrainsurgente. La toma de posesión fue desafiada por el terror de las FARC a pocos metros de donde se desarrollaba la ceremonia, provocando 21 muertos en El Cartucho, un barrio de indigentes cercano a la Casa de Nariño, sede de la presidencia. Los atentados de ese día fueron una nueva advertencia a los bogotanos de que la guerra no se libra allá lejos.

Según Marco Palacios, investigador del Colegio de México, “una vez más, todas las expectativas de los colombianos están puestas en el señor presidente. Fuerte por mandato de los colombianos que votaron con sed de autoridad; fuerte porque los partidos están atomizados; fuerte porque todos los demás actores, constitucionales y metaconstitucionales, sólo tienen una menguada capacidad reactiva frente a las iniciativas de la nueva presidencia”.

Sin embargo, analistas como Palacios, doctor en historia por la Universidad de Oxford, advierten: “Consumado caballista, el nuevo presidente ha sentenciado: ‘El caballo exige que, antes de pensar en disciplinarlo, uno tenga que disciplinarse a sí mismo para lograr el equilibrio. Porque el caballo no acepta zalamería ni maltrato; exige equilibrio. Lo mismo que exige el gobierno’. Esperemos que mantenga ese equilibrio cuando examine las opciones para enfrentar política, ideológica y militarmente a la guerrilla. Por ahora sigue afiliado a fórmulas manidas de estrategia contrainsurgente —‘la guerra contra el terrorismo’, como ahora se llama— que, al igual que ‘la guerra contra las drogas’, parece condenada a sembrar más desorden, ilegitimidad y miseria, siempre en desmedro de las libertades públicas, aunque siempre en su nombre”.

En Colombia, la desconfianza de la población cada vez es más parecida a la paranoia, de modo que muchos temen que el millón de informantes que ayudarán a las Fuerzas Armadas desate una ola de persecuciones injustificadas e incentive la toma de justicia por la propia mano. Ahora se prevé la intercepción de llamadas celulares, la detención preventiva; en fin, la limitación de las libertades bajo la figura de la conmoción interior. La situación hace recordar la pregunta angustiosa del Libertador en sus últimos días, ante el fracaso de la Gran Colombia: “¿Cómo saldré de este laberinto?”, se lamentaba. ¿Aliviará los problemas de Colombia la mano fuerte de Uribe? Su hora cero ha llegado.

COLOMBIA 2002, PERÚ 1989

El escenario de Uribe Vélez en Colombia es similar al del surgimiento de Alberto Fujimori en el Perú, en 1989. Ambos capitalizaron el descontento de la población en contra de una clase política corrupta y la desesperación ante la ola terrorista insurgente de las FARC y de Sendero Luminoso, respectivamente.

Fujimori hizo alianzas con el alto mando de las fuerzas militares, disolvió el Congreso y fortaleció la presidencia, con el aplauso de la población. Cazó a Abimael Guzmán, alias “Comandante Gonzalo”, y lo mostró vestido con el uniforme de rayas blancas y negras, en una jaula que recorrió las calles de Lima.

Recién asumió, Uribe mandó al Congreso un proyecto de referendo que incluye otorgar bancas legislativas a los grupos armados que se acojan a un plan de paz y la disolución y reducción del Parlamento bicameral.

La propuesta de Uribe incluye la disolución y reducción del Congreso bicameral, de los 268 miembros actuales a 160, con el propósito de combatir “la corrupción política y ahorrar gastos estatales”, según versiones de prensa.

Además de derrotar a las guerrillas, demostrar que no será tolerante con el paramilitarismo y conseguir la paz, Uribe Vélez tendrá que resolver el drama de los millones de desempleados colombianos (más del 20 por ciento de la población económicamente activa) y ayudar a los más de diez millones de colombianos que padecen hambre.  

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