Eduardo Enrí[email protected]
Hay un dicho muy clarito que los nicas usamos cuando hacemos algo pensando que nos va a salir bien y nos sale mal. La versión publicable de ese dicho sería “por ponerle Juana Ramos le pusimos la paseamos”, aunque claro, su versión original es más fuerte.
A mí me parece que eso es lo que le pasó a don Enrique y sus asesores económicos con esto del “Canastazo”.
La derrota en sí es tan preocupante como lo que evidencia: Un equipo económico que desconoce la realidad nacional y una manifiesta incapacidad para reaccionar rápidamente.
Primero ¿a qué cabecita “harvardiana” de ésas se le habrá ocurrido considerar gravar los productos de la Canasta Básica? ¿Qué pensaban solucionar con eso cuando sólo iban a recaudar 45 millones de córdobas más, pero iban a crear un rechazo total en un pueblo cuya mayoría sobrevive con un dólar al día?
La propuesta no era solución y más bien fue un golpe político tremendo para Bolaños. Reaccionaron a tiempo, pero aquí viene el segundo strike.
El día que don Enrique anunció el fin de esa nefasta iniciativa, en su euforia el Presidente terminó su mensaje televisivo diciendo algo así como “no habrá impuesto a la Canasta Básica”.
Yo pensé, “se va a tirar las trancas don Enrique, va a desgravar todos los productos… una movida populista pero inteligente en este momento”. Para mi pesar, a don Enrique y sus muchachos no se les había pasado eso por la mente, sin embargo, en la Asamblea los liberales y los sandinistas, que no tendrán master en Economía, pero sí en populismo, agarraron la propuesta en el aire.
Y aquí viene el tercer strike. Ningún diputado. Ni siquiera los leales a Bolaños se iban a oponer a la desgravación de los productos básicos. La desgravación es inmensamente popular y sólo dejará una brecha de siete millones de dólares que bien la cierran sacando plata de cualquier lado.
De haber tenido mayor agilidad mental, lo pragmático hubiera sido sumarse a la iniciativa. ¿Qué podría justificar pagar el enorme costo político de empecinarse en una propuesta que no iba a solucionar nada pero iba a costar mucho impulsarla? Sin embargo, lanzaron a don Enrique a una batalla perdida, ahí salió el señor como el Quijote contra los molinos de viento.
Y cuando uno les pregunta ¿por qué?, la respuesta da escalofríos “es que no había otra opción, por el Fondo (Monetario Internacional)”. De todas maneras quedaron mal con el Fondo y en la gente dejaron una imagen de ricachones insensibles que no tienen idea de los apuros que pasa el pueblo.
Ahora no les queda más que lamerse las heridas y poner la mejor cara posible. Ha sido un golpe duro, que en nada abona en estos momentos en que el Presidente necesita dar una imagen de fortaleza en la guerra contra los corruptos.
En esta guerra los corruptos no regalan una sola pulgada de terreno y al general hay que cuidarlo. La única manera de mantener su liderazgo es que se presente como un líder decidido y victorioso. ¿Quién quiere estar al lado de los derrotados?