Ruth de Fuentes
Lo que sostuvo y ayudó a Sor María para llevar a cabo sus obras de caridad con los pobres fue su enorme e inquebrantable fe en Jesús y María Auxiliadora, ella sabía que todo lo que les pedía para hacer el bien se lo concedían; la fe es un regalo del Señor, las que gozamos de esa dicha la debemos de tener como un tesoro y alimentarla con la oración. San Juan Bosco decía: “tened fe y veréis lo que son los milagros”, por eso es que a Sor María su Rey y su Reina le vivían haciendo milagros y así conseguía el dinero para la construcción de sus obras. Una prueba de su fe fue queriendo comprar la casa pegada al dispensario, la consiguió más barata porque el intermediario para venderla era un devoto de María Auxiliadora, pero la tenían que pagar al contado en un plazo de 3 meses; Sor María se fue a hablar con el Gerente del Banco.
– Tenemos necesidad de un préstamo. Muchos miles de colones.
– Es inútil, en estos tiempos el Banco no hace préstamos. Y, además para obtener un préstamo se necesita una solicitud por escrito.
– Pero yo no tengo dificultad alguna en escribir la solicitud, dijo tranquila, Sor María.
– Pero, ¿tienen fondos?
– Sí… una caja sin llave, porque no se necesita: tanto entra, tanto sale.
El gerente reía a gusto. Pero, Sor María:
– Por favor, usted consignará mi solicitud a la Dirección, ¿verdad?
– Sor María, usted puede escribir todas las cartas que quiera, pero, no obtendrá el préstamo…
– Le ruego, sólo, que pase mi solicitud a la Dirección.
El Consejo Directivo del Banco Nacional —oídos los pareceres de todos, y, todos elogiaban la obra de Sor María— aprobó el préstamo.
Nuevamente Sor María acompañada de una hermana fueron al Banco para retirar el dinero, llevando cada cual un bolso grande. Se imaginaban que, “ipso facto” se los llenarían…
Pero, el gerente empezó con un formulario para compilar: nombre, apellido, dirección, teléfono, y, luego:
– ¿Quién es el fiador?
– ¿Qué?
– ¿Quién responde por este dinero?
– ¡Ah! Sí, es ¡la Virgen Santísima!
El gerente se reía a más no poder, pero continuó:
– ¿Tiene entradas?
– Sí, y sobre todo, salidas.
– ¿Está en pleito con alguien?
– Todos los días, contra el diablo.
– Pero, Sor María, ¿cómo quiere que yo presente la hoja compilada con ¡semejantes respuestas!
Conclusión. La Casa de la Virgen fue hipotecada (visto que el “fiador” era ella…) Sor María escribe: “nos dio el Banco los miles contantes y sonantes y quedamos obligadas a pagarle en nueve años. Compramos la esquina de don José… la Divina Providencia de nuevo, por medio de la Virgen, nos fue dando… con qué ir pagando la deuda al Banco, y, en tres años en vez de nueve, la cancelamos”.
¡Que fe más maravillosa la de ella! Sostenida por su gran amor a su Rey, su Reina y los pobres, por eso le decía a Jesús: “Yo soy para mi amado y él se ha vuelto hacia mí”.
Hay una foto que ella la llamó: “abandonada en los brazos de la Virgen Santísima”. Le voy a hacer un regalito —le dijo un día Sor María a Sor María Cavallini—. Era una estampita de la Virgen con un Niño Dios en un brazo, y una niñita en otro brazo. “Así vivo yo: esa niñita soy yo, recostada confiadamente en él. La recorté de una estampita. La pegué y se la puse en el otro lado de la Virgen, luego saqué la fotografía y mandé a imprimir algunas estampitas. No se imprimieron más ni se pudieron repartir, para evitar una mala interpretación, pues quien no sabe la historia, puede pensar que la Virgen tuvo dos hijos”. Abandonémonos también nosotros en los brazos de nuestra Madre María Auxiliadora, sabiendo que ella siempre sigue amándonos como sus hijos predilectos, nos dará lo mejor y nosotros sabremos corresponderle confiando como Sor María en la omnipotencia divina, teniendo una fe que encienda en todas partes el fuego del amor a Dios y el servicio a nuestro prójimo.
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.