Características principales de la infalibilidad

Leonel Arana Guzmá[email protected]

Mientras el Santo PPadre Juan Pablo II es el modelo de humildad a imitarse por el mundo católico y por la humanidad en general, algunos sacerdotes parecen decididos a convertirse en modelos de arrogancia. Así mientras el Santo Padre ha reconocido algunos de los errores y crímenes cometidos por la Iglesia a lo largo de los siglos, entre los que se cuentan, para nombrar solamente tres, las Cruzadas, expediciones militares dedicadas al saqueo y la destrucción de ciudades y países en las que se daba a escoger entre cristianismo o muerte, pasando por la Inquisición, con sus decenas de miles de inocentes llevados a la hoguera en forma criminal para terminar con el papel que jugó la Iglesia en el exterminio de 90 millones de indígenas americanos, algunos sacerdotes pretenden hacernos creer que la Iglesia es infalible en todos los campos en que se le ocurra opinar.

Tan peregrina afirmación contradice frontalmente la definición de infalibilidad de la misma Iglesia, tal como fue definida por Juan Pablo II en el Catecismo de la Iglesia Católica, que la limita al campo de la Revelación en cuestiones de fe y moral.

Dice el Catecismo: “El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio Episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral… La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro”, sobre todo en un Concilio ecuménico (LG 25; cf. Vaticano I: DS 3074).

Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar “como revelado por

Dios para ser creído” (DV 10) y como enseñanza de Cristo, “hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe” (LG 25). Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina (cf. LG 25).

Si el Papa mismo está autolimitando su característica de infalibilidad a los temas de fe y de moral, mal podría entonces un sacerdote, tal como pretende hacer creer el padre (Pablo) Villafranca en reciente artículo de opinión publicado en La Prensa, invocar tal característica para cualquier asunto en el que escoja ejercer magisterio, y en áreas mundanas como la economía, la política o la predicción de la lotería. Irresponsabilidad mayúscula que podría llevar a algunos sacerdotes, sustentados por alguna creencia mística insensata a querer llevar al potro de tormento a los nuevos Galileos Galilei de la astronomía y las ciencias modernas y contra todos los que no acepten jurar que el sol gira alrededor de la tierra y que el poder terrenal de los reyes tiene un origen divino.

Afortunadamente para la Iglesia Católica, el Vaticano no cae ya en esas exageraciones y tergiversaciones tan pueriles en las que parecen insistir algunos sacerdotes que por querer ser más papistas que el Papa de hecho sabotean los intentos de reconciliación que éste hace con la humanidad y con la ciencia.

El autor es administrador de negocios.  

Editorial
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