- El haber trabajado de recolectoras de materiales desechables en La Chureca no les impidió realizar su sueño de continuar sus estudios y salir del basurero
Mariela Fernández [email protected]
Quién se iba a imaginar que dos niñas que trabajaban bajo temperaturas de hasta 40 grados, en medio de cerros de basura por doquier, hoy fueran promotoras de un programa para erradicar el trabajo infantil en La Chureca.
Yelda Meléndez García, de 19 años, cuenta que desde los ocho años junto a su mamá y sus hermanos recolectaban materiales reciclables en La Chureca.
“Nos íbamos a las ocho de la mañana al basurero y regresábamos a las 11 de la mañana a la casa y nos alistábamos para ir a la escuela. Mi mamá siempre nos decía que fuéramos a clases, mientras ella se quedaba buscando en la basura”.
Además de ir a la escuela y al basurero, Yelda también vendía cajetas, las cuales elaboraba su mamá los días que no iban a rebuscar materiales reciclables.
Con la mirada triste, la ahora monitora del programa de erradicación del trabajo infantil que impulsa el programa Dos Generaciones, y el que hace tan sólo seis años la rescató del basurero, revive las experiencias del lugar: “Cuando era niña en la escuela se burlaban de mí, me decían churequera o vende cajetas, me sentía mal, pero también me dio fuerzas para proponerme continuar mis estudios y algún día dejar de trabajar en el basurero”.
Hoy, Yelda cursa el cuarto año de secundaria, todavía no sabe qué carrera va a estudiar, pero está segura de que entrará a la Universidad y será una profesional, para darle un futuro mejor a su pequeño de apenas tres años: “No quiero que mi hijo pase por todas las dificultades que pasé yo”, afirmó.
Al igual que Yelda, Keyla Largaespada Mendieta, es otro ejemplo de superación, ella tiene 19 años. Es la única de entre 12 hermanos que aprovechó la ayuda brindada por el proyecto, y logró dejar el basurero y continuar sus estudios.
Actualmente estudia el primer año de Farmacología en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), ahora recuerda su infancia cuando soñó estudiar medicina, “pero desgraciadamente la carrera que me apasiona es demasiado cara”.
La joven de tez clara está consciente de ser un ejemplo para los niños de La Chureca. “Siempre he dicho que con esfuerzo y sacrificio una puede lograr muchas cosas, no podemos pensar que jamás vamos a poder superarnos”, aseguró.
Recuerda que de niña, además de ir al basurero y estar todo el día bajo el sol cargando una pichinga de agua, tenía que vender tortillas, enchiladas y a veces cajeta, “era duro para mí, apenas tenía nueve años y ya tenía que trabajar para ayudar en los gastos de la casa, si no, no comíamos”.
Cinco años después, la pequeña Keyla, tuvo la oportunidad de asistir al programa “Dos Generaciones”, desde entonces se convirtió en su tabla de salvación: “Los promotores me apoyaron cuando más los necesité y todavía continúan apoyándome, ahora tengo trabajo, soy promotora del proyecto y tengo a mi cargo a 75 niños, al igual que yo espero que ellos logren concretar sus sueños”.
Luego de años de martirio y tristeza en el basurero, Keyla se define como una joven que a pesar de las dificultades de la vida ha podido superarse, hoy ya es una joven universitaria, felizmente casada y con un trabajo. “Ya ninguno de mis hermanos va al basurero, todos estudian, y mi mamá se queda en la casa lavando ropa ajena”, expresó con entusiasmo.
ATRAPADOS EN LA BASURA
Clementina Gómez, del barrio “Alemania Democrática”, 53 años, “desde muy pequeña trabajo en La Chureca, ahora trabajo con mis siete hijos, todos los días venimos, los días buenos son los lunes martes y miércoles todo el día. Lavo plástico y lo vendo me gano de 10 a 15 córdobas diario.
Erick Francisco Bustamante Huerta, 19 años, primer año de secundaria: “Vengo desde los ocho años de edad, antes venía con mi tío y mi abuelo ahora vengo solito”, expresó.
“Diario me hago de 30 a 50 córdobas, la mitad le doy a mi mamá y el resto lo ocupo para llevarlos a clase”, agregó.
Ana Rosa Rodríguez Lacayo, 59 años, de éstos, ha pasado 35 vendiendo café, agua helada y hamburguesas en La Chureca, habita en San Sebastián. “Tengo que buscar cómo ganarme la vida, y éste es el único modo que tengo”.
Wilmer Antonio Aragón, de 13 años, del Barrio “Alemania Democrática”: “Yo soy viejo de estar aquí, a veces hago desde 30 a 100 córdobas diario, se los doy a mi mamá porque somos 10 hermanos y yo soy el mayor”, señaló.
Luis Mendoza Ulloa, de 18 años, inicia su jornada de siete de la mañana a seis de la tarde, trabaja de lunes a viernes en La Chureca, los fines de semana limpia aluminio para luego venderlo más caro.
“Hago alrededor de 100 córdobas cuando está bueno y cuando está malo 70, le doy 30 córdobas a mi mamá y el resto para mí”.
Hipólito García, de 35 años, trabaja en La Chureca junto a su mujer y sus dos pequeños hijos de 5 y 11 años: “Antes trabajaba de vigilante, pero desde que me despidieron estoy aquí”.
Germán Morales comprador de papel, botellas y aluminio en La Chureca. “Tengo siete años de estar viniendo a comprar el material reciclable y posteriormente lo vendo a una empresa, la situación económica hace que uno busque otras opciones para sobrevivir.