- Al nuevo mandatario le encanta “trabajar y trabajar”
AFP
BOGOTÁ.- Álvaro Uribe, el nuevo presidente de Colombia, es un hombre marcado por la muerte violenta de su padre en 1983 a manos de la guerrilla de las FARC, a la que ha prometido combatir con mano dura, al igual que a los otros grupos armados ilegales.
Uribe, de 50 años, ganó las elecciones del pasado 26 de mayo con un discurso de lucha frontal contra los rebeldes de las FARC y el ELN, los paramilitares derechistas, los narcotraficantes y los delincuentes organizados.
Pero una vez elegido, el futuro mandatario se dijo dispuesto a negociar la paz con los insurgentes y los paramilitares, enemigos acérrimos entre sí, con la mediación de la ONU y a condición de que cesen los ataques.
Tras unos anteojos delgados que le dan un cierto aire reflexivo, Uribe mantiene invariable su anuncio de combinar la lucha militar y la negociación política como mecanismo para terminar con la violencia que azota a Colombia, con saldo de unas 23,000 muertes al año y dos millones de campesinos desplazados en los últimos tres lustros.
Uribe debió realizar su campaña y movilizarse como presidente electo bajo estrictas medidas de seguridad, redobladas después del 14 de abril último cuando sufrió un atentado dinamitero durante una gira proselitista por el norte del país. Salió ileso, pero cinco personas murieron en el hecho.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) declararon a Uribe como objetivo militar desde el año pasado, e intentaron matarlo en por lo menos 15 ocasiones en los últimos doce meses, bajo la acusación de haberse aliado con los escuadrones de ultraderecha, lo que el político niega.
El servicio secreto colombiano (DAS) afirmó haber descubierto dos planes de los rebeldes para sabotear la ceremonia de investidura de este miércoles, uno de los cuales incluía el lanzamiento de un avión sobre la sede del Congreso, en pleno centro de Bogotá, cerca de la Casa de Gobierno, el Palacio de Justicia y la catedral primada.
La violencia política ya se había ensañado con la vida del futuro presidente, pues su padre, el ganadero y dirigente político Alberto Uribe Sierra, fue asesinado por guerrilleros de las FARC que pretendían secuestrarlo, el 14 de junio de 1983.
A partir de ese momento Uribe endureció su posición ante los insurgentes, ya fuera como congresista o gobernador del conflictivo departamento de Antioquia (noroeste), con capital Medellín, ciudad de la que fue alcalde.
Definido en su entorno como un hombre clásico, que reza en los templos o en su casa, practica el yoga para aliviar la tensión y recita poemas, Uribe es amante de los caballos de paso fino, abstemio y trabajador incansable.
“Mi lema es trabajar, trabajar y trabajar”, suele responder cada vez que los periodistas le preguntan por el estilo de gobierno que impondrá entre este miércoles y el 7 de agosto de 2006.
Graduado en 1993 en administración y gerencia en la Universidad de Harvard, donde también estudió negociación de conflictos, Uribe enfrenta el desafío de reactivar la alicaída economía colombiana y combatir el desempleo, que ha llegado a niveles de pánico del 18%.
Casado con Lina Moreno —una filósofa que le huye a los medios de comunicación— y padre de dos hijos, Tomás y Jerónimo, Uribe reivindica su carácter de disidente del mayoritario Partido Liberal, aunque dice no renegar de la doctrina de ese movimiento.