Julio I.Cardoze [email protected]
Recientemente un personaje que se autollama liberal de casta por herencia (¿?), identificó el liberalismo con tener “coyoles”, y los amigos que se benefician del calor de los rayos solares del arnoldismo identifican al liberalismo con la lealtad perruna, por medio de la cual se desprenden de su dignidad personal y se someten en alma y cuerpo a su líder máximo, una paradoja en estos tiempos, pues se aferran a prácticas obsoletas del pasado, cuando ahora lo que está de moda es democracia y libertad.
Mucha razón tenía el eminente liberal español don Gregorio Marañón, cuando afirmaba que al liberalismo lo pone en peligro, más que el encono de sus enemigos, la torpeza de los necios y de sus falsos seguidores. Don Gregorio fue bondadoso en llamar torpeza la de los falsos seguidores del liberalismo, pues por lo menos en Nicaragua, más que torpeza lo que hay es oportunismo, representado por el arnoldismo con sus adhesiones soldadescas, a cambio de favores, riquezas y protección parlamentaria para sus delincuencias.
Como liberal estoy convencido que tenemos que depurar el liberalismo nicaragüense, y que para que sea legitima esa depuración, la tenemos que hacer los mismos liberales, de adentro hacia afuera, y no esperar ni permitir que nos sea impuesta desde afuera, forzados por los acontecimientos, y no desperdiciar la oportunidad de hacerlo, como ocurrió en 1996 con la elección de Arnoldo como presidente, quien traicionó con sus acciones, la esencia de los principios liberales y volvió al pasado, restaurando el caciquismo bajo la bandera de un falso liberalismo.
Los liberales no podemos seguir equivocándonos, defendiendo lo indefendible, ni protegiendo a los depredadores del interés nacional, ya lo decía así el fundador del Partido Liberal de los Estados Unidos, e íntimo amigo del presidente F. D. Roosevelt, que llegó a Centroamérica muchas veces como delegado de Roosevelt, afirmando en su libro Liberal, que en Nicaragua no había liberalismo y no consideraba a Somoza un liberal, de la misma forma como lo afirmaron los líderes liberales colombianos en 1969, seguidores de la corriente liberal que inspiró la Constitución de Río Negro, la misma corriente que iluminó a Máximo Jerez, cuando dijeron que los que se llaman liberales en Nicaragua, no son más que una pandilla de usurpadores del nombre liberal, por mil títulos respetable y prestigioso.
Ahora estamos en lo mismo, no hemos sabido dejar en el pasado lo que a él pertenece, y una pandilla de oportunistas, que no son liberales, que rodea a Arnoldo, que tampoco es liberal, pero que se hacen pasar como liberales, solamente para gozar de los beneficios del poder, se ufanan llamando caudillo a Arnoldo, como gran cosa, cuando más bien es un cacique, con perdón de los caciques, pero que de una u otra manera es una contradicción en estos tiempos de libertad y democracia, pues la existencia del obsoleto caudillismo o caciquismo, lo único que refleja es la carencia de la institucionalidad y la desnaturalización de la autoridad legitima, del estado de derecho, y del verdadero liberalismo democrático.
Los liberales dignos y patrióticos, no podemos apoyar a Arnoldo ni a su pandilla, ni al pillaje moral y material, que ellos encarnan, pero sí debemos apoyar la legitimidad y la dignidad que representa nuestro presidente Enrique Bolaños.
El autor es jurista.