- La declaran sorda, muda y ciega para dar respuesta a problemas
Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/[email protected]
“Sorda, muda y ciega”. Así definen algunos pobladores de Carazo la actitud que toman los funcionarios de la Empresa de Electricidad Dissur, ante las quejas que a diario presentan ciudadanos que aseguran que los encargados capean el bulto tras la burocracia, y no les dan respuestas concretas.
Marta Medrano, del Barrio El Socorro (Jinotepe), denunció que desde hace seis meses está solicitando el corte de la energía de los cables que pasan frente a su casa para tumbar un árbol de guanacaste que podría caer sobre cinco viviendas, incluyendo la de ella, pero siempre le dicen que debe pagar 1,500 córdobas por el trabajo.
NI PRESENTANDO AVAL DE MARENA
Medrano presentó el aval de la Alcaldía de Jinotepe, Marena y la Secretaría de la Presidencia para derribar el árbol, pues está comprobado que pone en peligro muchas vidas cuando llueve y hace viento, pero asegura que no tiene dinero para pagar lo que le cobran.
Recordó que ha sobrevivido a varios cortocircuitos que le dañaron dos televisores, porque las ramas tocan el tendido eléctrico de alto voltaje, pero que ha sido infructuoso el esfuerzo para que los encargados de Dissur en Diriamba y Jinotepe hagan lo que les pide, pues sólo saben decirle que si no paga no hay trabajo.
LO BOLEAN, PERO TIENE QUE PAGAR
Javier Parrales, Gerente de Dissur en Jinotepe, dijo vía teléfono que todos los casos técnicos son atendidos en la Oficina Regional en Masaya, y que los delegados que hay en Carazo sólo son gerentes comerciales, por lo que no pueden resolver casos técnicos.
Víctor Rodríguez, encargado de redes en la región, se mostró antipático y esquivo al llamarlo a su oficina en Masaya, e indicó que no concedería entrevistas telefónicas. Cuando se le sugirió que recibiera al corresponsal de LA PRENSA en esa ciudad, Rodríguez se negó a dar declaraciones a los medios.
Sin embargo, exteriorizó en forma de conversación que conoce el caso de la señora Medrano, y que “ella debe pagar porque el árbol está en su propiedad”, por lo tanto el trabajo tiene un costo, aunque sólo sea cortar la energía por unos minutos.
Sugirió que la cliente llegue hasta Masaya con una carta solicitando el servicio para considerar si se le puede hacer una rebaja. La quejosa dijo que definitivamente no puede pagar esa cantidad, porque es muy pobre, tras señalar que “esa burocracia de Dissur tiene un costo para la población”.