José María Rodríguez
Leyendo el magnífico artículo del Dr. Serrano Caldera (LA PRENSA del 23-julio) y el “Grito de guerra” que propone Eduardo Enríquez (LA PRENSA, 27-julio), he sentido el impulso de escribir estas líneas para sugerir al señor presidente que ante situaciones tan graves como las que enfrenta Nicaragua, va a tener que tomar medidas extremas para hacer realidad la nueva era.
Como dice Serrano Caldera, “el amarre político del 2000 dificulta casi hasta la imposibilidad que el Estado y sus instituciones funcionen… porque están organizados (o desorganizados) sobre la base de la representación partidaria”.
Y “es imposible pretender la democratización y modernización del país…” si el caudillismo sigue impidiendo el desarrollo institucional.
Serrano insiste en que “Nicaragua tiene hoy una oportunidad porque vuelve a creer y a tener esperanza. Pero esa fe individual y dispersa necesita reunificarse alrededor de una ciudadanía con un propósito común”.
Eduardo Enríquez opina que “las posibilidades de que los corruptos pongan de rodillas a este gobierno y paralicen la lucha contra la corrupción son reales”. La solución —añade— es que don Enrique haga uso del respaldo popular y los presione con la fuerza de los votantes”. “La llave la tiene don Enrique. No basta la lucha jurídica. Debe montar ya un plan maestro que le explique a la gente las consecuencias de esta guerra y de las acciones de los corruptos. Que llame a la gente y la movilice. Pero para esto tiene que lanzar el grito de guerra”.
Don Enrique tiene su plan y nos dice: “hombres de poca fe, no duden”; pero creo necesaria una amplia difusión de opiniones como las de Serrano y Enríquez para sensibilizar a la población y disponerla para atender masivamente a ese “llamado”.