En la Colonia San José ya nadie quiere hablar de los muertos y no precisamente para evitar malos recuerdos, sino por miedo a ser la próxima víctima.

Justicia en manos de Dios

¿Cómo satisfacer a tantos, si cada uno tiene su propio concepto de la justicia? Iván Olivares Bonilla yJerónimo Duarte [email protected] A pesar de los esfuerzos que jueces y policías hacen para administrar justicia en Nueva Guinea, las dificultades inherentes al medio rural se han confabulado para que la gente se sienta insatisfecha y piense que […]

  • ¿Cómo satisfacer a tantos, si cada uno tiene su propio concepto de la justicia?

Iván Olivares Bonilla yJerónimo Duarte [email protected]

A pesar de los esfuerzos que jueces y policías hacen para administrar justicia en Nueva Guinea, las dificultades inherentes al medio rural se han confabulado para que la gente se sienta insatisfecha y piense que no vale la pena denunciar algunos crímenes.

Una de esas personas es doña Sofía Esperanza Durón Salgado, viuda de Agustín Solís, quien murió a balazos en una emboscada que le tendieron cerca de su casa en la Colonia San José la mañana del 30 de agosto del año pasado. Aunque la justicia condenó en ausencia a uno de los sospechosos, dejó libre al otro, de modo que no hay detenidos por ese crimen.

“Yo se lo dejo a Dios”, dijo la señora, que ahora tiene que lidiar con una docena de hijos huérfanos que le dejó su esposo. Por suerte, junto a la descendencia, doña Sofía también heredó fincas y ganado. “Un tuquito… unas vaquitas”, según su decir, aunque uno de sus antiguos vecinos dijo que la propiedad tiene “unos cuatro kilómetros de extensión”.

Después de ver lo que pasó con los sospechosos de cometer el crimen de su marido, doña Sofía dice que desconfía “totalmente” de las autoridades “porque no he obtenido ninguna respuesta, ni policial ni judicial”.

SERÁ PEOR

El teniente Francisco Morales, jefe de la Sección de Investigaciones Criminales de Nueva Guinea, sabe que hay mucho escepticismo, pero no cree que la gente desconfíe del cuerpo policial.

“Muchas veces la gente no denuncia lo que sucede porque desconocen los procedimientos legales, o tal vez porque deciden hacer justicia por su propia mano”, especuló. Otras veces la gente no dice lo que conoce, porque teme que los abogados le digan a la otra parte quien fue el que los denunció.

Morales cree que habrá mayor impunidad cuando se instauren los juicios orales, porque los testigos no se atreverán a declarar en contra del acusado teniéndolo de frente.

SIN MEDIOS PARA COMBATIR DELITOS

Su jefe, el capitán Julio César Martínez, cree que la extensión del territorio de Nueva Guinea, unos 2,770 kilómetros cuadrados, junto a su escasa densidad poblacional de 100,000 a 120,000 habitantes, así como la deteriorada red de caminos —que cubre casi 400 kilómetros— hace que resulte muy difícil tener presencia en todo el territorio.

“Los asesinos saben que como esto es muy desolado, generalmente no habrá testigos, y si los hay tendrán miedo, por lo que será difícil recabar pruebas contra ellos, y saldrán libres pronto”, explicó Martínez.

El jefe policial dijo que tiene 39 efectivos, de los que sólo 20 se dedican a tiempo completo al trabajo de campo, pero necesita tres veces esa cantidad para brindar mayor seguridad y servicio.

Esos 39 hombres sólo disponen de una camioneta en buenas condiciones. El jeep de la unidad policial está descompuesto, y se requieren 18,000 córdobas para repararlo, de los que consiguieron quince mil aportados por la sociedad civil. Tres mil córdobas más, y Nueva Guinea completará una flota de… dos vehículos.  

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