La oveja negra…

“Recuerdo que después de clases, aparte de tirar la mochila y medio comer, me iba con mi tiradora a fregar a los pajaritos del parque con todos los chavalos de la cuadra”, cuenta Carlos Santamaría, un muchacho de 21 años de edad y habitante de Villa Venezuela, que no le da ni frío ni calor […]

“Recuerdo que después de clases, aparte de tirar la mochila y medio comer, me iba con mi tiradora a fregar a los pajaritos del parque con todos los chavalos de la cuadra”, cuenta Carlos Santamaría, un muchacho de 21 años de edad y habitante de Villa Venezuela, que no le da ni frío ni calor contar las vagancias que hizo en la etapa de la adolescencia.

Quizás le dé un poco de pena porque a Martha, la chica que lo trae flechado, no le va a gustar leer estas cosas, dice el pequeño diablito, seudónimo que le puso doña Juanita, la vecina de enfrente. Y no es para menos ese apodo, porque las actividades de Carlos consistían en sacarle el aire a las llantas de los vehículos de los vecinos o agarrar un ratón muerto y andarlo mostrando como gran trofeo a todo el que pasara.

Esas son las vagancias leves. Porque en un tiempo, ya más grandecito, casi por los 15 años, orinaba frente a las chavalas sin ninguna pena y después le dio por fumar de todo, incluyendo un par de “churritos” y tomar guaro hasta en las instalaciones del instituto.

Eso era en la calle, porque en su casa dice haber sido igual o un poquito peor. “Me gustaba molestar a las empleadas, entrar al baño cuando estaba en el inodoro, casi todas se iban porque no me aguantaban y me gustaba tocarle las nalgas a las novias de mis hermanos, a veces me ponía con un micrófono conectado al equipo a enamorar a las chavalas que pasaban por la cuneta o me ponía a cantar locuras”, narra con una risa de oreja a oreja.

Sin embargo, pese a esto, no se considera la oveja negra de sus cuatro hermanos, a pesar de que su tía, la que los crió, se lo repetía los tres tiempos de comida.

“No creo que por el hecho de repetir un año soy más burro que mis hermanos, y el hecho de que yo joda más no quiere decir que sea una mala persona, sólo soy alegre y disfruto mi edad”, aclara.

A parte de ser quien le sacó “canas verdes” a la tía, es el único que no ha iniciado una carrera universitaria, pero no porque no sea de su interés, sino porque primero desea trabajar para ahorrar dinero y estudiar en Costa Rica.

En la entrevista, Carlos deja entrever dos cosas importantes: Duele, aunque el chavalo no lo diga, que a un hijo le digan “sos el insoportable de la casa” y que lo comparen con los demás, sean hermanos o primos, también que cuando se hace algo bueno no se le reconozca o no se le dé ningún mérito.

¿Te parecen conocidas las frases como: ¡“éste me va a sacar canas verdes”!, o “ésta me va a matar de un susto! O bien “¡ésta es la oveja negra de la casa!”.

Seguramente a muchos, ¿verdad? Y es que una cosa es que te digan “el patito feo” o “te quemaste en el horno”, porque tal vez eres el más moreno de todos tus hermanos, pero de eso a que siempre te señalen por las vainas que ocurren en la casa o el salón de clases, porque ya te ganaste la fama del malo de la película o la oveja negra de la casa, hay un abismo de diferencia.

Conoce las historias de jóvenes que han sido tachados por sus padres, compañeros o vecinos de “Ovejas Negras”, o “Lobitos vestidos de ovejas”.

“Todo era yo”

Carmen Dávila, de 18 años de edad y estudiante del primer año de Arquitectura en la Unica, admite que ella siempre ha sido la malcriada y rebelde de la casa. Sin embargo, eso no significa que ella sea responsable de todo lo malo que ocurre. Por ejemplo, nos cuenta que para la boda de su hermana se perdieron cuatro recordatorios, los cuales eran unos huevitos bañados de chocolate blanco.

“Como soy la más comelona de la casa y me encanta el chocolate, todo el mundo me echó el clavo a mí”, dice con un poco de resentimiento hacia su mamá, que la castigó dos semanas por el supuesto atrevimiento.

No sólo esa vez fue castigada gracias a la fama de ser la más “nefastita de la casa y porque en secundaria fue rebelde”. En otra ocasión se fregó el SEGA, algo que a ella nunca le llamó la atención, pero de casualidad una tarde de domingo, de esas que suelen ser muy aburridas, se puso a travesear uno que otro videojuego.

“Para mi desgracia mi hermano me miró jugando, y a los días un control resultó dañado, y lógicamente me culparon a mí”. Aunque ahora, ella se considera una muchacha madura, centrada y responsable, algo que no era en secundaria, dice que sus padres siempre la responsabilizan de todas las travesuras de la casa, y que siempre le niegan los permisos para salir a fiestas, por lo que ella se tiene que inventar cualquier “trabajo de la universidad” para salir a dar una vuelta con sus amigas.

Dávila no se considera una santita, pero asegura que sus vagancias las hace tan bien que nadie se da cuenta cuando las hace, por eso no se explica por qué es la ovejita que carga con los clavos de la casa.

“Resultado puede ser soledad”

A veces los adolescentes hasta deciden irse de la casa, como el caso de Luis A. Pichardo, de 22 años de edad, que cuenta que a la edad de 14 años decidió abandonar a su papá para ir a vivir con su mamá.

Las consecuencias de esta decisión fueron nada más y nada menos que no recibir dinero por seis meses, pero quizás lo más doloroso fue el distanciamiento que surgió con su padre. En ese tiempo, “afloraron las malas compañías y me expulsaron una vez del colegio”, recuerda.

Pichardo cursa el V año de Psicología, y dice entender que sus actitudes cuando chavalo eran normales, por ejemplo no asistir al colegio para ir a jugar fútbol y andar con malas compañías. Sin embargo, señala que hay extremos de rebeldía, por ejemplo cuando los muchachos cometen actos delictivos, como robar en una tienda e incluso robar dinero a sus padres.

A la vez, recalca que los jóvenes en ese momento sólo piensan en sus emociones y que actúan por impulsividad. Hoy en día, no se considera alumno maravilla ni súper responsabilísimo, “pero si me preocupo por mis clases”, concluye.

Añadiendo que el resultado de la indisciplina puede ser la soledad cuando uno no decide dejar de ser “el malo de la película”.

En el hogar

“Deben recordar que la adolescencia es una etapa de la vida de todo ser humano, la cual es indispensable para la completa formación de los hijos”, señala la psicóloga Rita Matamoros, quien labora en el Centro Educacional Pro Un Mundo Mejor.

La rebeldía, que es la actitud de oposición violenta a algo establecido, es un aspecto que sobresale en esta etapa. Lo común es que los hijos la manifiesten con un desacuerdo a las reglas del hogar, al reglamento establecido en el colegio, en fin a todo tipo de autoridad, explica la especialista.

Cabe señalar que estas manifestaciones no necesariamente indican que los padres han realizado un mal papel como educadores, “lo digo por el famoso dicho que reza que los hijos son el reflejo de sus padres”, enfatiza.

Las claras expresiones de esta etapa son los gritos, los reclamos, las tiraderas de puerta, las murmuraciones, o bien no dirigir la palabra durante horas y a veces días, y en casos extremos, los hijos lanzan objetos y hasta pueden agredir físicamente a las personas.

Ésta es una parte de las manifestaciones, pero a veces pueden ser imitadores de los malos hábitos, como es el fumar, ingerir licor, hacerse tatuajes o cortes de cabello “exóticos”, usar aretes en las orejas, conducir el vehículo del papá sin permiso, las mujercitas se maquillan para ir a clases, usan las faldas arriba de la rodilla, comienzan a verse a escondidas con el novio, y también pueden ser inducidas a malos hábitos, entre muchas cosas más.

En el colegio

“No es correcto que los profesores que tutoran a los jóvenes les pongan seudónimos, por ejemplo decirles insoportables, oveja negra del grupo o invivible”, opina Matamoros, ya que esto lo único que causa es una actitud más rebelde de parte de ellos, porque si existe una disposición de cambio, el joven creerá que ya no vale la pena, porque el grupo ya lo tiene tildado como el malo de la clase.

Lo más sano es que exista una comunicación entre el padre y el profesor de los hijos, porque ambos tienen la tarea de formar y educar al adolescente.

Recomendaciones

Adolescentes

– Aprovecha y disfruta al máximo los estudios, de ello depende el éxito de tu futuro.

– Si te sientes desanimado o triste, piensa en que eres importante para muchas personas, no sólo para tus padres.

– Si ya has identificado tus defectos como ser humano, no te deprimas ni pienses que eres menos que otros, porque todos tenemos defectos, simplemente trata de superarlos.

– Cuando tengas inquietudes, independientemente del tema, recuerda que la mejor y verdadera respuesta la obtendrás de tus padres.

– No creas que todo el que te rodea es tu amigo. Muchas veces esas “amistades” pueden ser tu perdición. Identifica quiénes son tus verdaderos amigos.

– Nunca hagas cosas por complacer a los demás. Tampoco imites al grupo para ser aceptado.

Padres

– Entender que no todos los hijos actúan igual en esta etapa. El hecho de que un hijo haya sido más calmo que otro, no significa que el más rebelde sea malo o la oveja negra de la familia. Por eso nunca los compares, esto tiene efectos negativos.

– Algunas actitudes pueden llegar a ser valiosas y positivas para el desarrollo del hijo. Por ejemplo, tocar guitarra, practicar deportes, dibujar, el modelaje, entre otras. No es pérdida de tiempo, como lo valoran muchos padres. Simplemente es desarrollar habilidades.

– Deben darle seguridad y esclarecer todas las dudas e inquietudes que puedan tener ante la vida. Esto no se hace con gritos ni golpes. Únicamente hablando, de lo contrario sólo se engendrará violencia.

– Optar siempre por escuchar a los hijos. Y tener la capacidad de reconocer cuando usted se ha equivocado.

– Sepa que su hijo siempre creerá que las normas establecidas son absurdas, ridículas y fuera de la realidad. Por ello, antes de dárselas a conocer explíquele el porqué de ellas. Sea breve, claro y concreto en su explicación, porque no es regaño.

– Cuando su respuesta sea “NO”, deje a un lado todo tipo de suposiciones que por lo general giran en torno a cosas negativas, porque el adolescente creerá que usted tiene una actitud enfermiza.

– Ser sociable es una característica que su hijo debe desarrollar, a veces darle permiso para ir a la fiesta debe ser parte de su esfuerzo. Esto con el fin de que usted pueda estar al tanto de las cosas que se practican en esas fiestas, conocer las amistades y los sitios que frecuenta su hijo.

– Deje que el joven manifieste sus ideas, déjelo exponer los motivos de su rebeldía. No impida que él se exprese.

Importante: no juzgue y no suponga cosas que luego no podrá comprobarle.

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