Resabios de dictadura militar

Freddy Potoy [email protected]

La Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua sacaron a relucir el pasado jueves sus resabios típicos de las dictaduras militares que tanto daño han causado en América Latina.

Dos oficiales de la Policía Nacional llegaron hasta las instalaciones del diario LA PRENSA a sacar al periodista Luis Felipe Palacios para que declarara en la Dirección de Investigaciones Criminales (DIC), por haber escrito un artículo que aludía directamente al general Roberto Calderón.

LA PRENSA, como todo medio de comunicación serio, responsable y profesional, al día siguiente brindó las explicaciones pertinentes del caso y publicó ampliamente la posición oficial del Ejército a través del general Javier Carrión.

Pero mientras esto ocurría, la ya conocida prepotencia del uniforme, las botas militares y las armas, cegaron tanto al propio general Carrión como al jefe de la Policía Nacional, Edwin Cordero Ardila y se unieron para atentar contra los principios democráticos de este país, violaron los procedimientos de ley establecidos para investigar un hecho e irrespetaron los principios constitucionales establecidos en los artículos 66, 67 y 68 de la Carta Magna.

Ambas instituciones armadas se pusieron de acuerdo para intimidar una vez más en la historia de Nicaragua a los periodistas de LA PRENSA. La actitud del Ejército recordó amargos momentos de la oprobiosa Guardia Nacional de la dictadura somocista y los gendarmes parecían mandaderos del poderoso Ejército de Nicaragua. ¡Vaya, qué recuerdos se encargaron de darnos, señores Carrión y Cordero!

El poder de las armas se patentizó frente a los periodistas, a los medios de comunicación, al derecho a informar y ser informado en un Estado de Derecho, donde se suponía que las actitudes “gorilescas” sólo eran parte del recuerdo.

Para nosotros, la actitud de los cuerpos armados de Nicaragua es total y absolutamente inaceptable. Quisieron secuestrar el derecho que tenemos los periodistas a informar. La soberbia de los militares nicaragüenses parecía querer llegar al punto de censurar y sólo ver un manchón de tinta negra en el periódico con 76 años de prestigio, tal como lo hicieron agentes de la Seguridad del Estado sandinista en tiempos del extinto Ministerio del Interior (Mint). Las fotos de estos actos deleznables están en los archivos del diario por si quieren recordar esos momentos.

No puedo menos que decirles que son unos perversos, bandidos, malvados. Aún así, creo que los periodistas no le tememos a militares cobardes que se amparan en un uniforme, en un fusil o una pistola para intimidar. Aquí ya se vivió una guerra y muchos conocimos de cerca esos instrumentos que causaron miles de muertos y la típica arrogancia de los militares.

Los periodistas seguiremos abordando temas referidos a tráfico de armas donde se mencione a los militares, investigaremos cómo participan los uniformados (Ejército y Policía) en actividades conjuntas con otros países en la lucha contra el narcotráfico y de dónde obtienen los recursos y cómo los utilizan; estaremos pendientes del uso de los bienes del Estado en las fuerzas armadas y del orden público, y veremos si nuevamente nos mandan a querer encarcelar en las celdas donde se suponen que encierran a los delincuentes de alta peligrosidad: la DIC.  

Editorial
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