El juego del diálogo

Resulta que de repente el diputado Arnoldo Alemán ha mostrado preocupación por las conversaciones que viene sosteniendo el presidente Enrique Bolaños y el diputado Daniel Ortega. Según él, Bolaños se está echando en brazos de “los que destruyeron Nicaragua”, y cree que Ortega le está tendiendo “una zancadilla, una cáscara, para que Bolaños se resbale y llevemos a Nicaragua al caos”. Hablando en una emisora local, Alemán volvió a insistir en la necesidad de un “diálogo nacional, sin condiciones, y en agenda abierta”, que, en caso de no darse —según él—, “Nicaragua se hunde”.

¿A qué se debe la preocupación de Alemán? ¿Será que en realidad está preocupado por la bienandanza del país, o habría que buscar la razón de su desasosiego por otro lado? No hay que olvidar que la prioridad número uno del diputado regalado que preside la Asamblea Nacional es su sobrevivencia política, y, sobre todo, asegurarse de no caer a la cárcel. Él cree que ambas cosas las podría lograr a través del pretendido “diálogo a tres bandas”, y al ver que ese diálogo no se está dando a como él lo quiere, se siente marginado y temeroso. No está siendo tomado en cuenta, y quiere hacernos creer que eso significa que “Nicaragua se hunde”, aunque lo más probable es que en el fondo esté pensando que el que puede terminar hundido es él.

Se sabe, por otra parte, que Bolaños está buscando un acercamiento con miembros de la bancada liberal, pero sin tomar en cuenta a Alemán, lo cual disgusta y preocupa profundamente a este último. Recordemos que el Frente Sandinista ha ofrecido sus 38 votos para desaforar a Alemán, y si se logran obtener tres votos de la bancada liberal o de sus aliados, se tendrían los 47 votos que se requieren para cambiar la junta directiva de la Asamblea. Una nueva directiva podría abrir el camino de la desaforación de Alemán, porque podría desbloquear el proceso para que las acusaciones contra Alemán sean conocidas en comisión primero, y en el plenario después. Sin embargo, es sumamente dudoso que el Frente Sandinista esté dispuesto a cooperar para desaforar a Alemán, ya que a ese partido, y a Ortega, en especial, le resulta muy cómodo y conveniente que aquél siga al frente de la Asamblea Nacional.

Creemos que el presidente Bolaños ha hecho bien en rechazar el cacareado “diálogo a tres bandas” que hubiese incluido al diputado Alemán, pero también creemos que debe tener muchísimo cuidado en sus conversaciones con Ortega. Está bien que sostenga las conversaciones que desee y estime conveniente, pero debe hacerlo siempre con los ojos bien abiertos. En el pasado, cuando el Frente Sandinista ha dialogado con los gobiernos de turno, ha logrado extraer concesiones que no necesariamente han sido favorables a la institucionalidad del país. Así sucedió en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, y, peor aún, en el de Arnoldo Alemán. No hay razón alguna para creer que esta vez no esté intentando lo mismo.

Pero hay que tener claro que el empecinamiento de Arnoldo Alemán es el que obliga a Bolaños a tomar ese riesgo. Lo normal, lo lógico y lo deseable sería que la bancada liberal y sus aliados estuvieran apoyando las iniciativas del Ejecutivo en la Asamblea Nacional, pero lo que hasta ahora se ha visto de parte de esa bancada es una actitud de oposición sin sentido a Bolaños, como no sea la de mantener la beligerancia política de Alemán, aunque en el proceso el país salga perjudicado, como en el caso de la tardanza en la aprobación de la reforma tributaria.

Nicaragua no se hundirá, aunque Alemán o cualquier otro lo desee. El presidente Bolaños tiene la obligación de continuar luchando para enderezar el rumbo del país y para reparar el desastre institucional causado por el pacto del 2000 entre Alemán y Ortega. Todavía es tiempo para que aquellos diputados liberales que no tienen nada que temer recapaciten y se den cuenta de que lo que le conviene al país y a su partido es apoyar al presidente Bolaños, y no atrincherarse en defensa de alguien que ha demostrado estar interesado solamente en su bienestar personal.  

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