EFE
Phnom Penh.-En el poblado de Skuon, en la provincia camboyana de Kampong Cham, el turista puede encontrar una de las delicias que ofrece el país, que los gastrónomos del lugar califican de sabrosa sea asada o frita: la tarántula.
Ubicado en un cruce de la carretera que une Phnom Penh, unos 80 kilómetros al sur, con la provincia de Siem Reap, donde se encuentra el complejo de templos de Angkor Wat, Skuon recibe centenares de visitantes cada día al parar en él autocares y camiones.
El lugar es conocido entre los camboyanos por sus aperitivos de tarántulas, cada una de unos ocho centímetros de diámetro y que se venden por unos 15 centavos de dólar (15,22 céntimos de euro).
El arácnido, conocido en el idioma jemer como “ah pieng” y que según quienes lo han probado sabe a gambas, suele servirse aderezado con sal y ajos.
Sin embargo, a pesar de su popularidad, pocos comerciantes aparentan ignorar la procedencia de las tarántulas.
Un habitante aconseja que se visite el poblado de Kampong Thom, a unos 90 kilómetros al norte. Pero en esa localidad muchos desconocen donde se cazan las tarántulas y aseguran que “las arañas provienen de Skuon”.
Tras indagar en el mercado de Kampong Thom, una anciana dedicada a vender hierbas secas y entrañas de animales a los “kru khmei”, los curanderos locales, aseguró conocer todos los secretos de los bosques cercanos y recomendó una excursión a una montaña tras la aldea.
La zona, hasta hace pocos años dominada por los guerrilleros del Jemer Rojo, tiene pocos caminos y no se visita a menudo debido a las advertencias de numerosos campos minados.
A unos 20 kilómetros de Kampong Thom surge, tras atravesar un frondoso bosque, el poblado de Ro Vey, el hogar de los “hombres araña” camboyanos.
“Cazo arañas, aunque no todos los días. Todos aquí lo hacen. Son deliciosas y las atrapamos para la gente de la ciudad”, explicó Kuong, de unos 20 años, quien agregó que esos animales “son demasiado pesados para comerlos a diario”.
Kuong recoge un palo a cuyo extremo tiene atada una pieza metálica y se dirige a zancadas a su jardín, donde, tras levantar un arbusto, enseña un agujero en el suelo con las paredes forradas por una espesa tela sedosa y lo suficientemente ancho para introducir un brazo.
Tras jugar un rato con el palo en la entrada del agujero, una enorme y negra tarántula hembra aparece con las patas delanteras en postura amenazante.
Con un movimiento certero, Kuong atrapa el arácnido con las manos, asiéndolo justo detrás de la cabeza. “No es bueno que te pique. Tu corazón se acelera y comienzas a sudar. Es muy doloroso”, apuntó el “hombre-araña”.
Con dos o tres de estas arañas de montaña —sólo se encuentran en las tierras altas y nunca en los llanos con arrozales— y un poco de arroz, te puedes preparar una buena comida, manifestó Kuong.
“Las vendemos a la gente de los llanos por unos diez centavos cada una, aunque también los curanderos suelen mezclarlas con vino para hacer preparados contra el asma u otras enfermedades pulmonares, y también como tónico para el cabello”, agregó.