Alfredo González [email protected]
La palabra FIN, que el Dr. Alemán derivó de las siglas del FSLN y puso en el cerro Motastepe al inicio de sus funciones como alcalde se dedujo y entendió perfectamente, la entendieron también los miembros del saliente gobierno sandinista y, además, creó simpatía en muchas personas.
El sandinismo se ganó ese rótulo por su lamentable irrespeto a los valores de lo que significa la democracia, no se lo dio Alemán sino que ellos se lo ganaron sobradamente.
En nuestra historia reciente, a casi todos nuestros gobernantes, los ciudadanos le hemos puesto la palabra FIN en mayor o menor medida por razones no sólo de corrupción e irrespeto a los valores de la democracia, sino que también por la ausencia de una serie de valores adicionales que merecen ser inculcados.
Los valores que los gobernantes y gobernados de los países de primer mundo han sabido practicar para llegar a tener la prosperidad que ostentan, son los Diez Mandamientos que incansablemente nos han recomendado que sigamos para poder lograr la riqueza y bienestar social que la mayoría de nicaragüenses desearíamos tener.
Los Diez Mandamientos que diariamente y fervorosamente practican los ciudadanos más prósperos de la tierra son los siguientes: Orden, Limpieza, Puntualidad, Responsabilidad, Logros en los mercados, Honestidad, Respeto por el derecho de los otros, Respeto por la Ley, Ética en el trabajo y Modestia.
Para entender, la manera de ser y la estricta fervorosidad con que los ciudadanos de los países prósperos defienden estos valores, como ejemplo, sólo recordemos que los norteamericanos removieron a Nixon de la Presidencia por violar el mandamiento numero seis, la honestidad, por sólo haber mentido, lo depusieron del cargo aplicándole el famoso “Impichment”. ¿Qué tal si el ciudadano Nixon les hubiese cachado impuestos a sus semejantes, qué sanción le hubiesen aplicado?
Que tanto FIN que cada uno le hemos deseado a nuestros pasados gobernantes está en la medida en la que hayan violado uno o varios de lo Diez Mandamientos referidos.
La democracia, los principios de John Locke, no lo han entendido la gran mayoría de nuestros gobernantes anteriores y por eso han recibido la evaluación desesperada en la palabra FIN que Alemán mandó a poner para el gobierno sandinista y que si estuviera aún en el Motastepe, lamentablemente, le aplicaría a él mismo, pues no supo mantener a cabalidad los referidos mandamientos a como debe ser.
Es lamentable que como ciudadanos no podamos hacer cumplir a nuestros gobernantes a cabalidad todos estos principios, nuestra frágil democracia requiere de mecanismos expeditos para hacer evaluaciones más periódicas de sus gestiones. Las ayudas que recibimos de naciones ricas y amigas deberían estar atadas para ayudarnos a cumplir estos diez mandamientos y en especial la honestidad y el respeto por la ley.
A la fecha don Enrique nos ha mostrado que impondrá la honestidad como uno de los valores que los funcionarios públicos deben tener. La modestia, él y doña Lila nos la demuestran a diario con la forma en que se movilizan en las vías públicas, y ella es admirable por su sencilla manera de ser, el resto de valores estoy seguro que ambos los tienen. Debemos todos ayudarle fervorosamente para que estos diez valores se cumplan y se impregnen en nuestra cultura, en nuestra manera de ser, a todos nos conviene la prosperidad.
El autor es Master en Administración
de Empresas