¿Acuerdo nacional o zancadilla?

No cabe duda que todo país requiere de paz social para poder progresar. En ese sentido Nicaragua no es una excepción. Pero la paz social debe ser el resultado de la legalidad, del respeto mutuo y de la transparencia en la administración pública. La paz social no puede nunca ser el producto de un chantaje político, y mucho menos aún de amenazas de desestabilización —abiertas o veladas— de políticos desprestigiados y corruptos.

Es evidente que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán no han pensado ni por un instante soltar el nudo gordiano con el que han aprisionado la vida política e institucional del país, y que más bien quieren apretarlo más. Para ello piensan recurrir al abusado y desprestigiado expediente del llamado “acuerdo nacional”.

Un concepto tan hermoso en sí mismo, como es el de “acuerdo nacional”, pierde lustre, sentido y validez, cuando quienes recurren a él lo hacen para neutralizar a un Poder Ejecutivo que se ha escapado —o que pretende escaparse— del control de quienes tienen secuestrado al país.

Desde hace rato, Alemán y Ortega vienen tejiendo una trama para forzar al presidente Bolaños a claudicar y someterse a su control. Primero utilizaron al diputado sandinista Nelson Artola para que en la sesión de la Asamblea Nacional del 27 de junio pidiera la destitución del presidente Bolaños, acusándolo de ineptitud para gobernar. Acto seguido, el 29 de junio, el diputado rojinegro, Tomás Borge, durante la celebración de un acto partidario arremetió contra Bolaños y dijo que “el Frente Sandinista exige un acuerdo nacional”.

El domingo pasado le tocó el turno a Arnoldo Alemán. En el discurso que pronunció en Masaya, Alemán también llamó inepto e incapaz al gobierno de Bolaños, y dijo que se hace necesario un “acuerdo político” entre “todas las fuerzas vivas de la nación”, léase, Partido Liberal y Frente Sandinista. La pretensión de Alemán es clara: se trata de sentarse él, Ortega y Bolaños a negociar en torno a una mesa.

La pregunta es: ¿qué es lo que tienen que negociar? Es obvio que Alemán busca desesperadamente no seguir siendo perseguido por actos de corrupción. El domingo en Masaya fue muy claro al decir que el gobierno no debería “ver por el espejo retrovisor”, en clara referencia a que se abstenga de seguir escarbando en los actos delictivos de su administración.

El presidente Bolaños, que precisamente fue electo para terminar con esa corrupción, no puede ni debe negociar absolutamente nada en ese sentido, so pena de desprestigiarse y de traicionar el mandato popular. El presidente Bolaños hizo dos promesas fundamentales en su campaña: combatir la corrupción y generar empleo. A pesar que lo segundo no ha sido todavía posible en la magnitud esperada y deseada, Bolaños sigue manteniendo el apoyo popular porque la gente está convencida de que mientras el país siga secuestrado por las fuerzas corruptas del pacto Alemán-Ortega, es muy difícil que logre progresar.

Pero no bastándole a Alemán con el daño que le hizo al país durante su administración, pretende ahora desestabilizarlo financieramente, anunciando que es posible que aquí suceda lo mismo que en Argentina y que se prohíba el retiro de depósitos de las instituciones financieras. Eso, como bien lo dijo el presidente Bolaños, es una actitud antipatriótica, y no puede ser calificado más que como un burdo e irresponsable terrorismo financiero.

Daniel Ortega, por otro lado, ha empezado a decir que Alemán debe dejar la presidencia de la Asamblea Nacional, pero su petición no es creíble, porque a él, más que a nadie, le interesa que Alemán continúe al frente del Parlamento. Ambos individuos saben que se necesitan mutuamente para sobrevivir políticamente, y que les conviene unir esfuerzos para intentar someter a Bolaños.

Todo debe ser conversado sobre la mesa. Para eso existe la Asamblea Nacional, que es el foro político y de diálogo por excelencia, y, además, existe el Consejo de Planificación Económica y Social (Conpes) que es una organización en la que se expresa y participa la sociedad civil. El presidente Bolaños debe tener mucho cuidado para no morder el anzuelo que le han tendido Ortega y Alemán, y mantenerse firme en la lucha por extirpar el cáncer de la corrupción.  

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