- En 1970 el aumento del tráfico vehicular terminó con los “bailongos” que los pobladores de Waswalí armaban sobre este puente ubicado entre Sébaco y Matagalpa y en 1998 el huracán Mitch devastó totalmente su estructura
Luis Eduardo Martínez M./[email protected]
MATAGALPA.- El Puente Waswalí, sobre la ruta Matagalpa – Sébaco, fue una de las estructuras destruidas por el devastador paso del huracán Mitch, a finales de octubre de 1998. Producto de una gran inversión por uno de los países donantes y el Gobierno de Nicaragua, se sustituyó el puente por uno que ahora está más inclinado que la Torre de Pisa.
El antiguo puente de Waswalí tenía forma de arcos en su parte superior. Su estructura era de grandes cantidades de hierro colado y concreto. Parecía que sería eterno. Sólo el Mitch, con su vasta fuerza, pudo derribarlo.
Pero lo que el Mitch no se llevó fueron los nostálgicos recuerdos que de aquel viejo puente que aún conservan algunos pobladores vecinos del Valle Waswalí, cinco kilómetros al suroeste de la ciudad de Matagalpa.
El puente con arcos había sido construido en el año 1945. Desde esa fecha, los pobladores del Valle Waswalí organizaban fiestas de todo tipo, sobre el puente, principalmente cumpleaños y hasta matrimonios, apelando que, por el lugar, un vehículo transitaba cada dos o tres horas cuando había mucho tráfico.
Doña Inés Zeledón Blandón, de 57 años de edad, nació, creció y aún reside en el Valle Waswalí, precisamente en una vivienda ubicada al extremo sur del puente, en la entrada al Sistema Penitenciario Regional, donde permanece ocupada atendiendo una pequeña pulpería que posee.
“Ese puente tenía mi edad”, refiere doña Inés, al tiempo que agrega “en aquellos tiempos, allí, sobre el puente, hacían las fiestas de casamientos, cumpleaños, en fin, todas las fiestas que alguien hacía, era allí el baile”.
Recuerda que de las fiestas participaban todos los jóvenes y adultos del Valle Waswalí, quienes se divertían bailando desde las ocho de la noche hasta las cinco de la mañana del día siguiente, al ritmo de guitarras y otros instrumentos que tocaban los mismos habitantes del Valle.
“Allí bailábamos todos, cuando pasaba algún vehículo, que era a las “cansadas”, nos apartábamos para que pasara y después seguíamos con el baile” dice doña Inés, quien recuerda que uno de los casamientos a los que ella asistió y que se realizó sobre el puente fue el de la señora Andrea Castro con un señor del que sólo recuerda se llama Guillermo.
Ella tenía unos 15 años cuando empezó a ir a las fiestas en compañía de su hermana Dora Zeledón Blandón y otras jovencitas contemporáneas suyas como doña Cristina Castro, Gloria Molina, Petrona Blandón, entre otras, quienes ya sobrepasan el medio siglo de edad.
Según doña Inés, desde que fue construido el puente, empezaron a celebrar allí las fiestas, pero con el incremento del tráfico vehicular por el lugar, ya en 1970, los habitantes de Waswalí que deseaban realizar un “bailongo” tenían que hacerlo en sus propias casas.
Dieciocho años después que finalizaron las fiestas sobre el Puente de Waswalí, este fue severamente afectado por la crecida del Río Grande de Matagalpa durante el Mitch, por lo que tuvo que ser reemplazado por uno nuevo, cuya estructura ya no conserva el arco que lo hacía diferente a los otros puentes.
La nostalgia invade a doña Inés cuando recuerda su juventud, a tal extremo que cuando el antiguo puente de arco fue derribado para iniciar la construcción del puente nuevo, doña Inés pidió a los obreros que le regalaran la pesada placa metálica que habían colocado los norteamericanos que construyeron el puente en 1945.
Al momento de relatar sus recuerdos, doña Inés muestra orgullosa esa placa de hierro colado con la leyenda “United States Steel Export Company 1945”, la que asegura guardará mientras viva, como el único recuerdo material del viejo puente de arco. “Si por lo menos hubieran hecho el nuevo puente a como era antes” se lamenta doña Inés, “hubiera sido mejor”.