Escena común en el estanco de Panchito Melodía.

Panchito Melodía

Entre los encantos bohemios de la vieja Managua estaba una cantina de mala muerte donde las cosas no eran comunes y corrientes Francisco López [email protected] Pocos fueron o casi nadie supo nunca el verdadero nombre de Pancho Melodía. La verdad es que sólo le decíamos Pancho a secas, sin el apodo, porque se ofendía mucho. […]

  • Entre los encantos bohemios de la vieja Managua estaba una cantina de mala muerte donde las cosas no eran comunes y corrientes

Francisco López [email protected]

Pocos fueron o casi nadie supo nunca el verdadero nombre de Pancho Melodía. La verdad es que sólo le decíamos Pancho a secas, sin el apodo, porque se ofendía mucho.

Tenía un estanco que estaba situado de la Estación del Ferrocarril dos cuadras al sur, frente al Hotel Ayala, y lo curioso era la manera original e invariable del funcionamiento rígido de este manantial.

Abría exactamente a las doce del día y cerraba, cumplido, a las dos de la tarde. Ni un trago más para nadie. La sesión más prolongada era la vespertina, comenzaba a las cinco y cerraba a las nueve de la noche en punto. Ni un minuto más.

El día domingo había servicio de 10:00 a.m. a 12:00 m. La atención a los clientes era muy ordenada. Frente al mostrador había una sola silla, de modo que sólo una persona podía estar sentada. El resto estábamos de pie arrimados a la pared o volando lengua en la acera.

Nadie podía beber más que otro. Si había dos o tres clientes nos numeraba, y hasta que bebía el tercero podía beber el primero. A veces estábamos doce o quince y hasta dieciocho parroquianos, y hasta que servía al último número podía tomar el número uno. Era una disciplina férrea. Los picados a veces le pedíamos un trago más, porque cuando la asistencia era numerosa se tardaba más en volver al número uno y el bebedor es impaciente. Pancho jamás accedía a alterar el orden. Sólo había una salida: “Tiro y saliendo”. “Te vendo un trago del tamaño que querrás, pero ya sabés que te vas”: “Tiro y saliendo”, “no hay más tragos para vos el día de hoy”. No había súplica que lo ablandara. “Que coma m… ese jodido, ¿y quién se cree que es?”, decía algún cliente. “Si guaro hay donde quiera y yo con mis reales puedo beber en cualquier parte”.

Pero no se iba. Había como un imán en aquella rústica cantina, primero, por la calidad del guaro, puesto que Pancho tenía su receta: filtraba y componía su guaro de un modo muy secreto. Era famoso el guaro de Pancho.

Otra especialidad de Pancho eran las bocas de jocotes, mamón, mamey, zapote, almendras, melón, sandía, remolacha, pepino, etc. Pero también tenía otras bocas: “agua sucia” (chicha de jengibre), carne de pobre (carne desmenuzada), chicharrón con encurtido, grosellas, coyolito, etc. La boca más célebre de Pancho se llamaba “Sangre”, se trataba de dos jugosas tajadas de remolacha con una rodajita de pepino en su centro. Cuando María Félix se casó con Agustín Lara, a esa boca la rebautizó con el irónico nombre de “María Félix”, pero la de chicharrón carnoso y tostadito, sobre un trozo de tortilla y coronada con una cebollita encurtida, todo atravesado en un palito, era un sueño después de un rielazo de a peso.

No consentía que nadie explotara a otro. Cada uno debía pagar su trago en el momento de ser servido. Si era sólo uno el que pagaba por otro u otros, Pancho comenzaba con sus indirectas: “Aflojámeles el mecate”, “no te dejés coyotear”.

Cuando alguien daba muestras de ebriedad, Pancho le decía: “No hay más tragos para vos”, “por favor Panchito vendeme otro traguito”, “¡No! Porque los dos vamos a perder, vos vas a perder el trabajo por bolo y yo voy a perder al cliente porque ya no me vas a comprar. ¡No! ¡Ni un trago más! Andá descansá”.

¿Cuál era otro atractivo de la cantina de Pancho? Las visitas ocasionales de intelectuales como Oscar Pérez Valdivia (El venerable anciano), GRN, Chilo Barahona, Ramiro Tipitapa Cuadra, Manolo Cuadra y otros.

Bueno, ya este escrito se hizo largo. Son las nueve de la noche y Pancho no me va a vender un trago más. ¡Hasta luego!  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí