EFE
CALGARY, CANADÁ.- El Grupo de los Ocho (G-8) expresó ayer su confianza en la marcha de la economía mundial y apoyó a los países de mercados emergentes, incluido “Brasil y otros de América Latina”, en sus esfuerzos por aplicar políticas sólidas.
Los países más industrializados y Rusia, que integran el G-8, se mostraron confiados en la marcha de “nuestras economías y en las perspectivas de crecimiento global”, al clausurar la cumbre de dos días que han celebrado en Kananaskis (Canadá).
La reunión concluyó después de aprobar un Plan de Acción para Africa —con promesas de ayudas adicionales de 6,000 millones de dólares— y un acuerdo para desmantelar dos tercios del arsenal nuclear ruso, proyecto al que se dedicarán 20,000 millones de dólares en diez años.
En la cumbre han participado los líderes de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Japón, Alemania y Rusia, además del jefe del Gobierno español, José María Aznar, como presidente de turno de la Unión Europea (UE).
El primer ministro canadiense, Jean Chretien, anfitrión de la reunión, señaló en rueda de prensa que la cumbre del G-8, celebrada en una apartada estación de montaña de Canadá, ha sido “diferente” y que en ella “se han logrado éxitos”.
En la declaración final, la Presidencia canadiense explicó que el tema de las economías latinoamericanas fue incluido en el comunicado final del encuentro a sugerencia del presidente del Gobierno español, que el miércoles abogó por Brasil y Argentina en el plenario del G-8.
“Estamos de acuerdo en la importancia fundamental de un liderazgo político fuerte para el éxito de las reformas económicas en nuestras economías”, indicó al respecto el comunicado final de la reunión.
Además, el G-8 expresó su coincidencia en “resistir las presiones proteccionistas y reforzamos nuestro compromiso de trabajar con las naciones en desarrollo para asegurar una conclusión exitosa de la agenda de desarrollo de Doha el 1 de enero del 2005”.
En la rueda de prensa final, el primer ministro canadiense, Jean Chretien, destacó que durante la cumbre se dedicó más tiempo a Africa de lo previsto y defendió el resultado de la reunión frente a las críticas de organizaciones no gubernamentales, que hablan de “más promesas rotas” sobre el continente.