Josefina Vannini [email protected]
Con cierto escepticismo, los liberales esperamos la realización de la Convención Extraordinaria del PLC, convocada por una gran parte de sus autoridades quienes, finalmente, han decidido dar la batalla para rescatar el partido que tanto les ha costado.
La campaña sucia en contra de quienes osaron desafiar a la dictadura no se hizo esperar. La difamación y las calumnias abundaron, así como faltaron los argumentos para evitar que la convención se realizara. Obviamente, no existían.
Si bien estoy apartada de toda actividad partidaria, como liberal, creí oportuno, por razones de índole cívica e ideológica, asistir a la Convención Extraordinaria.
1) Cívica porque, a juzgar por la agenda, las decisiones que se tomarían en la reunión tendrían, a la larga, repercusiones también a nivel nacional. Serían la punta de lanza para despolarizar y desparalizar el país, secuestrado por un grupo anquilosado dentro de las estructuras del partido cuyos tentáculos afectan todas las instituciones.
2) Ideológica porque, aunque no milite dentro del PLC, los liberales estamos hastiados de quienes se escudan detrás de la bandera roja para corromper, chantajear, abusar e impedir que este pobre país pueda tener paz y prosperidad. Es indispensable reivindicar la ideología liberal, entre otras cosas, para lograr la gobernabilidad.
La convención fue un éxito y la respuesta fue inmediata. El ex-secretario nacional del PLC, Dr. Herrera, muy ofuscado, dio una conferencia de la cual extraigo cuatro cosas, entre muchas, que me llamaron la atención:
En primer lugar afirmó que en el PLC se habían realizado cambios. Efectivamente eligieron nuevas autoridades al dedazo quitando a los que disienten para poner a los que asienten.
En segundo lugar, Herrera señaló el liderazgo de Alemán como único, pero se le olvidó mencionar que a través de métodos dictatoriales han eliminado a otros líderes dentro del partido. De manera que el liderazgo del Dr. Alemán está construido sobre la cabeza de muchos y por lo tanto es muy cuestionable.
En tercer lugar criticó al presidente Bolaños por haber asistido a la convención avalando un acto, según él, ilegal. Cosa que no es cierta, porque había quórum para la reunión. Ilegal era lo que hacía Alemán cuando andaba en campaña con Wilfredo Navarro, a pesar de que la Ley Electoral se lo impedía. En ese entonces nunca oímos al Dr. Herrera declarando que lo que hacía el Presidente era algo que iba contra la ley.
Eso se llama “fariseísmo” y no se trata de lealtad sino de complicidad.
Y por último, pero no menos importante, acusó al Dr. Rizo de promover cambios dentro del partido, motivado por intereses electorales a pesar de estar a seis años de las elecciones. Le pregunto al Dr. Herrera: ¿Y qué es lo que está haciendo Alemán, avalado por ustedes, sino preparando su reelección para el 2006? En todo caso, la aspiración de Rizo a ser electo dentro del partido mediante métodos democráticos es legítima y contrasta con la bochornosa imposición que se quiere hacer con la reelección de Alemán.
La Convención Extraordinaria que se realizó el domingo pasado fue el tercer hit que pegaron dirigentes honestos a quienes tienen secuestrado el partido.
El primer batazo lo pegó Chitoyo. El Dr. Alvarado además de poner en evidencia las leguleyadas del grupo de Alemán y los zánganos del Consejo Supremo Electoral, forzó a la dirigencia del PLC —muy a pesar de ellos— a realizar votación secreta para escoger candidato a la presidencia.
El segundo batazo moral lo pegó Jaime Cuadra y tres diputados más con la formación de la bancada “Azul y blanco”.
El tercer hit lo pegó José Rizo junto a más de la mitad de convencionales electos legalmente por el partido cuando eligieron en forma democrática las nuevas autoridades del PLC.
Entonces, Dr. Herrera, en este partido de la Nueva Era su equipo tiene cero carreras, están en la segunda parte del noveno inning de un juego en el cual, los honestos tienen las bases llenas, sin outs y el pitcher que ustedes se obstinan en mantener en el montículo tiene el brazo desgastado por tanta bola recia y amañada.
Si fueran verdaderos y leales amigos no esperarían que Alemán tuviera que salir huyendo del país como Fujimori, Salinas de Gortari y otros. Quien no aprende del pasado está condenado a repetir sus errores.
Antes que sea tarde, comiencen a preparar una transición civilizada, abandonando posiciones desesperadas de fuerza y dejando gobernar. Este paso redundará en beneficio no solamente de quien ustedes se consideran amigos sino de todo el país.
El juego está definido: están a un hit de la derrota. Y, definitivamente, no habrá extrainnings.
La autora es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.