- La caída de los precios internacionales del café y las quiebras bancarias han producido un fuerte impacto en el municipio de San Juan del Río Coco, Madriz, donde anualmente la crisis representa una pérdida de más de un millón de córdobas en impuestos a la Alcaldía. Antes, las fincas cafetaleras empleaban a más de 10 mil obreros agrícolas, pero ahora están abandonadas y muchas embargadas.
Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/[email protected]
Armados de mucha esperanza y un par de machetes, Juan José Ochoa y su esposa Margarita Lira tratan de evitar que la montaña se trague sus seis manzanas de café en el corazón de San Juan del Río Coco, uno de los municipios que más está sufriendo los embates de la crisis cafetalera.
“Para serle sincero, nosotros estamos comiendo guineo con sal en espera de la ayuda que anunció el presidente Bolaños, porque ningún banco ni organización nos otorga créditos financieros”, manifestó Ochoa.
San Juan del Río Coco, que por muchos años encabezó la lista de municipios cafetaleros más productivos de Nicaragua, se encuentra en una etapa de decadencia acelerada.
El otrora bastión de la producción cafetalera de Las Segovias, ubicado en el departamento de Madriz, aportaba al país una producción de 200 mil quintales, sin embargo, en el ciclo pasado la cosecha se redujo en un 65 por ciento, según la alcaldesa María Herminia García.
El cafetalero y vicealcalde de ese municipio, César González Martínez, pronosticó que el próximo ciclo productivo será peor que el anterior, porque muchas haciendas están abandonadas debido a que los caficultores no tienen fondos para su mantenimiento.
En tiempos “normales”, la finquita del matrimonio Ochoa Lira producía cerca de 90 quintales, para entonces, los Ochoa podían contratar obreros que realizaran las labores culturales, y pagar sus deudas, hoy, los bajos precios del café y las quiebras bancarias los han atrapado en un círculo vicioso en que cada vez producen menos. El ciclo pasado con dificultad llegaron a los 30 quintales.
“Nosotros no tenemos financiamiento para trabajar nuestras parcelas y no hemos “chapeado” (limpiado las malezas) por la dura situación económica”, explicó Lira, machete en mano. Ella y su esposo están esperanzados que el programa anunciado por el gobierno logre romper ese círculo.
El gobierno del presidente Enrique Bolaños recientemente anunció el desembolso de 40 millones de córdobas para respaldar a los pequeños productores de café, que en Nicaragua se calculan en unos 30,000, de los que 2,500 pertenecen a San Juan del Río Coco.
TRABAJA “DE VEZ EN CUANDO”
Las fincas cafetaleras también proporcionaban empleos temporales a más de 10 mil obreros agrícolas, con lo que contribuían al desarrollo del municipio y de otras localidades de la zona del trópico seco de Las Segovias que carecen de fuentes de trabajo.
En los últimos dos años esa cifra se redujo de manera estrepitosa, porque los productores carecen del financiamiento necesario para contratar mano de obra tanto en las labores culturales como en el corte y el procesamiento del grano.
Pérez Zavala, un obrero agrícola originario de la comunidad El Achiote (Telpaneca), por muchos años ha trabajado en las haciendas de este municipio, pero últimamente pasa los días en su ranchito de adobe a orillas de la carretera.
“En estos tiempos, de vez en cuando es que hallo trabajo, antes me sobraba”, aseguró. “Cuando hallo trabajo, yo gano al día 20 pesitos, y en la compra de cinco libras de arroz se me terminan. Estamos hechos leña”, lamentó.
A la problemática del cultivo del café, está ligado el grave problema de los caminos troncales y ramales. En San Juan del Río Coco, 311 kilómetros de caminos están en mal estado.
La alcaldesa García afirma que muchas de las fincas cafetaleras no tienen acceso por los malos caminos, lo que contribuye al sentimiento de impotencia de los cafetaleros, ante la ausencia de ayuda gubernamental.
Entre ellos María de Jesús Morales, una mujer sola que trata de mantener a sus siete hijos con lo que producen sus dos manzanas de café.
“Esta situación es sumamente arrecha, ya que ni siquiera podemos conseguir el bocado de comida”, se quejó doña María.
Ella vive en la comunidad La Dalia, de sus dos manzanas antes cosechaba hasta 30 quintales, ahora sólo sacó seis.
“Es que nosotros no podemos producir más porque los cafetales necesitan mantenimiento, y como no hay dinero, entonces casi los hemos dejado en el abandono”, explicó Morales, quien vive en la pobreza, a pesar de ser productora del “grano de oro”.
“Fíjese, que el café no sirvió para nada, porque nosotros trabajamos con esfuerzo propio al no tener ayuda de nadie para darle mantenimiento al cafetal”, reiteró la humilde mujer.
Pero mientras la ayuda para los pequeños llega, las asociaciones cafetaleras han criticado el plan gubernamental porque aseguran que un alto número de medianos y grandes caficultores se quedaron fuera, pese a que producen más del 70 por ciento de la cosecha, que asciende en Nicaragua a un poco más de 1.8 millones de quintales.
Ante estas críticas, el gobierno asegura que en coordinación con los bancos ya se han reestructurado más de 150 casos de productores, y se ha conformado un comité de seguimiento para monitorear el avance del programa de ayuda.
UN CENSO «A LA CARRERA»
El Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For) puso en marcha el Registro Único de Productores de Café para determinar la situación real de los 30 mil pequeños productores del país, por ejemplo, conocer el monto de sus deudas y quiénes son sus acreedores.
El vicealcalde de San Juan del Río Coco, César González Martínez, criticó a las instancias gubernamentales por la rapidez con que realizaron el Registro Único de Productores de Café.
“Aquí en el municipio solamente se registraron unos 400 pequeños caficultores, porque el registro lo hicieron en carrera y se quedaron sin apuntarse unos 2,000 productores”, dijo.
Aseguró que el plazo otorgado por el Mag-For fue muy corto, y la mayoría de los pequeños cafetaleros se quedaron sin censar.
El vicepresidente José Rizo Castellón, cuando hizo el lanzamiento del Registro Único de Productores del Café, pidió a los responsables del censo que se coordinaran con las alcaldías y las asociaciones de caficultores, sin embargo, en San Juan del Río Coco hicieron caso omiso a las sugerencias del gobierno municipal, agregó González.
“Yo me censé, pero creo que fue para nada, porque todavía estoy esperando la ayuda que nos ofreció el presidente Enrique Bolaños”, se lamentó Juan José Ochoa Castillo, pequeño productor de la comunidad Las Nubes.
NOTICIA RELACIONADA: