El fenómeno de la drogadicción

Evin Manuel Rosales A.

Desde hace muchos años venimos hablando de la drogadicción como un fenómeno, un mal social, asociado a las pandillas juveniles o niños de las calles, pero jamás usamos el término “enfermedad” como en realidad lo es.

Hoy en el Día Internacional en la Lucha contra las Drogas seguramente quienes hemos tenido la oportunidad de tratar con un drogodependiente quien no es un enfermo, ni es responsable del estado muchas veces calamitoso en el que se encuentra; si se busca un culpable serán los sistemas políticos, el Estado, las políticas económicas e incluso la familia.

Creo que no es momento para buscar un culpable, lo importante es aceptar que en la actualidad las tendencias del fenómeno de las adicciones han alcanzado proporciones epidémicas de alcance global. A estas alturas se puede afirmar que no existe país que no reconozca tener problemas de la narcoactividad, ya sea en consumo, producción o tráfico. Esta situación ha obligado a la comunidad internacional y a los diferentes países que la conforman, al establecimiento de políticas tendientes al control de la enfermedad.

Sin embargo, la enfermedad lejos de disminuir va en aumento, a pesar de todos los esfuerzos, ocasionando daños irreparables a las sociedades, y la pérdida de vidas humanas. Esta situación nos debe obligar a marcar un alto y reflexionar acerca de la implementación de estrategias y lineamientos de acciones adecuadas para controlar su propagación. Por tanto se hace necesario que los diferentes organismos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, diseñen políticas de prevención integral en todos los niveles para combatir este flagelo que corroe a la persona y en consecuencia afecta a la sociedad en general.

Los resultados epidemiológicos efectuados en nuestro medio dan a conocer un aumento del consumo de drogas, los grupos poblacionales de mayor riesgo es el de los niños y los adolescentes quienes por diferentes causas y motivos inician el consumo cada vez a más temprana edad. Ante esta realidad, existen dos formas de prevenir la drogadicción, idealmente interviniendo en las etapas iniciales o tempranas, mejor aún si es antes del contacto con cualquier sustancia, de no ser posible se puede intervenir en cada una de las fases o etapas del proceso que conlleva a la adicción, en ella podemos aminorar, reducir y limitar el daño, logrando disminuir los efectos devastadores y aún detener el consumo y avance de la enfermedad.

Una propuesta interesante es tener en cuenta la prevención primaria de la conducta de consumo de drogas, la cual es considerada una tarea importante en muchos países. El objeto principal de la prevención primaria es evitar que se produzca la conducta de consumo de drogas. La tarea de prevención es complicada, resulta difícil definir criterios positivos para un trabajo exitoso y definir una conexión entre la falta de aparición de determinada conducta y la eficacia de una intervención preventiva concreta. Por tanto la prevención debe entenderse de manea genérica, como todas aquellas actuaciones encaminadas a reducir la prevalencia de los problemas derivados del uso indebido de las drogas.

Para el logro de este cometido se requiere de un proceso de crecimiento y responsabilidad de los ponentes de los diferentes proyectos que se adelantan a nuestros medios; para ello es necesario un paso previo que consiste en un acercamiento intersectorial e institucional que trate de unificar esfuerzo, fortalecer y potencializar resultados de impacto social que logre distribuir espacios y priorizar poblaciones en riesgo.

Estoy seguro que dentro de pocos años los señalados como culpables del consumo de drogas en la sociedad, seremos los que hoy dejemos de hacer, aquello que oportunamente podemos hacer para combatir esta grave enfermedad que azota al mundo entero. Decía Baden Powell, fundador del movimiento Scout un gran movimiento que trabaja en prevención integral: “Tratad de dejar este mundo en mejores condiciones que como lo encontraste”.

El autor es presidente Asociación Integral a la Familia “Juan Pablo II”.  

Editorial
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