Marco A. Valle Martí[email protected]
Tanto en diagnósticos como planes, programas y, proyectos referidos a problemas de seguridad ciudadana, es recomendable trabajar con el enfoque que denomino “factores asociados” al delito y, dejar atrás el enfoque tradicional que se centra en las “causas”.
Cuando una persona tiene malestar estomacal y consulta a la doctora, le receta “y” medicina ya que el diagnóstico revela que la causa es “x”. Se toma el medicamento y luego, el malestar desaparece. Lo mismo sucede con cualquier trastorno físico provocado por golpes, se conocen las causas, se cumple el tratamiento y, a continuar jugando fútbol. Igualmente se procede en ciencias como matemáticas, física, astronomía, etc.; que se ejercen con alta precisión.
Mientras, con el delito, que es un problema social, difícilmente se logra su prevención con efectividad, eficiencia y respeto a los derechos humanos, utilizando el esquema de causa–efecto, puesto que las mismas variables pueden tener diversas respuestas en distintas personas. La pobreza no necesariamente lleva a la delincuencia y, tan es así que existen ricos delincuentes como pobres honrados. Es decir, tan equivocado es afirmar que la pobreza es causa del delito, como que la riqueza es causa de la honradez.
Los casos de niños, adolescentes y jóvenes que violan o participan en violaciones sexuales; el aumento de la drogodependencia en estratos sociales bajos, medios y altos; la incorporación de adolescentes y jóvenes de familias pudientes (y pobres) en grupos que alteran el orden público y, la violencia intrafamiliar, tampoco pueden comprenderse bajo una lectura propia de las ciencias exactas. En estos casos, personas de diversos estratos sociales cometen los mismos delitos, ya sea violación, consumo de drogas, robos, lesiones, homicidios, etc.
Para comprender ese complejo escenario en que, tanto el pobre como el rico, el empleado como el desempleado, el funcionario público como el por cuenta propia, etc. son comisores de actos delictivos, hay que asirse de enfoques distintos al tradicional. La historia enseña que por el camino rutinario, frecuentemente la medicina sale peor que la enfermedad.
De lo que se trata, entonces, es acercarse al problema apoyándose en el enfoque de “factores asociados”, que tiene como base una visión probabilística, flexible y, multidimensional. Reconoce la importancia e incidencia de las estructuras económica, social y, de control formal, pero las trasciende auscultando e hilvanando dinámicamente la acción de las personas en las dimensiones educativa, cultural e histórica, al tiempo que ubica la familia como factor central, seguida de las amistades, escuela y, barrio. También aprecia que los medios de comunicación son factores que inciden transversalmente en la vida nacional, tanto en el área urbana como rural.
Para este enfoque, por ejemplo, el desempleo es un factor que dependiendo de su asociación con otros factores, puede o no llevar a la delincuencia. Igualmente, la falta de control al hijo es un factor que asociado con otros, puede o no contribuir a que el joven delinca.
En esa dirección, la prevención del delito, bajo este enfoque, está más cerca de lo real, ya que analiza los problemas con referencia a los probables factores asociados a su germen y desarrollo. Dependiendo del peso y dirección de las fortalezas y debilidades de los factores, así es la tendencia y grado de amenaza de un problema determinado.
El autor es Consultor en seguridad ciudadana.