- Donan dinero desde hace diez años para proyectos sociales
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SANT JUST DESVERN.-Cuando llegó al Centro de Salud de Sant Just, lo primero que se le ocurrió al médico nicaragüense Oscar Montiel fue pedir sueros, porque su sanatorio de Camoapa llevaba cinco meses sin recibir ninguno, y en ocasiones los niños mueren por falta de ese líquido rehidratante.
Montiel es el pediatra del Centro de Salud de Camoapa, y vino a España hace semanas para entrenarse en el dispensario de Sant Just y en el Hospital San Juan de Dios de Barcelona, especializado en niños.
Los habitantes de Sant Just, municipio de Cataluña, hablan con frecuencia de Camoapa y la mayoría nunca han estado allí; los niños escriben cartas a niños desconocidos, y cientos de adultos entregan dinero cada mes con la confianza de que al otro lado del Océano Atlántico, en Nicaragua, al menos 2000 familias se benefician con esos aportes.
Mientras unos dan ayudas para que los niños camoapeños estudien, otros se interesan en que los campesinos tengan alimentos y hasta una iglesia, asumiendo en cada caso que Camoapa es el municipio hermano de Sant Just, una relación que comenzó hace diez años.
Las autoridades de Sant Just creen que pueden ayudar a construir un hospital en Camoapa, pero Montiel piensa en la urgencia de conseguir sueros porque el Ministerio de Salud nicaragüense dejó de suministrarles ese producto desde finales de 2001.
“Cuando llega un niño deshidratado, no podemos hacer nada y lo mandamos al Hospital de Boaco, la ciudad más cercana, pero si la familia carece de dinero, desiste y espera a su suerte… A veces el niño muere, porque ni siquiera tenemos agujas para ponerle un suero”, relata el médico.
Montiel fue invitado a España para conocer nuevas técnicas que le permitan salvar vidas en Camoapa y, a la vez, que cuente lo que allá sucede.
“Es bueno que aprenda nuevas metodologías y también que ayude a sensibilizar a la gente de aquí, para que cooperen más”, explicó el regidor de la Alcaldía de Sant Just, Xavier Ruiz.
De la ilusión a la realidad
En términos monetarios, la asistencia anual de la Comuna de Sant Just para Camoapa parece poca, unos 42 mil dólares. Pero a lo largo de diez años han logrado obras con beneficios palpables para la gente, asegura el médico.
El servicio de agua, recién inaugurado, fue realizado en parte con fondos del hermanamiento, que sirvieron para comprar los terrenos donde construyeron la presa y la planta potabilizadora que donó la Unión Europea (UE).
Los 15 mil habitantes de la zona urbana de Camoapa han sido favorecidos con el agua que siempre desearon, y el pediatra afirma que un efecto ha sido el descenso de enfermedades. “La gente más pobre vive en el Barrio Escondido, y desde que tienen agua he atendido menos casos de diarrea”, indicó.
Sin embargo, le preocupan los niños con deficiencias en el cerebro y el corazón y quiere aprender en Barcelona a tratarlos mejor, ya que antes se limitaba a enviarlos a hospitales de Managua, donde muy pocos son atendidos “porque les dan cita para dos o cuatro meses después y los campesinos carecen de recursos para ir allá más de una vez”.
“Lo que más me impresionó de Camoapa al llegar, fue el deterioro del Centro de Salud… Cuando vi aquella sala de partos… ¡Falta más higiene!”, exclamó la enfermera de Sant Just, Dora Ruenz.
Cada año, una brigada de voluntarios de esta comunidad catalana viaja a Camoapa para trabajar en la construcción de obras sociales y así construyeron el centro infantil donde hoy son atendidos más de cien niños menores de siete años.
Pau Palacios, quien ha ido en dos ocasiones en esas brigadas, recuerda que al partir la primera vez hacia Nicaragua, en 1997, pensaba que “encontraría los vestigios de un mundo que pudo ser mejor”, porque aún resonaban en su cabeza las noticias de la revolución.
“Qué ilusos llegamos a ser desde la distancia”, afirma Pau hoy. “Lo que encontré fue un pueblo, gente, personas, cada uno con su historia, su biografía”.
En el ayuntamiento analizan la posibilidad de construir un hospital en Camoapa, dice Xavier Ruiz, pero ese proyecto requiere fondos adicionales del gobierno de Cataluña u otras fuentes y tardarán un poco las gestiones.
“Darle mantenimiento a una escuela es más fácil, pero una casa sanitaria necesita bastante dinero”, explica Ruenz. Los aportes en salud han sido ocasionales, como el paquete de medicamentos que mandaron en febrero pasado.
Antes donaron un equipo moderno de laboratorio y, según Oscar Montiel, todavía no ha sido instalado a pesar de que el centro de salud necesita examinar mejor a los pacientes, un atraso que atribuye al presupuesto limitado que le da el gobierno nicaragüense.
Las autoridades de Sant Just están convencidas de que el hermanamiento es un buen sistema para ayudar a una comunidad pobre, porque la cooperación, aunque sea poca, llega a su destino y se usa de la mejor manera, involucrando a los habitantes de los dos municipios.
La próxima meta de los cooperantes de Sant Just es comprar tierras en Camoapa y donarlas a familias pobres para que cultiven los alimentos que más necesitan. “El único medio de sustento que tiene la gente allí es la tierra”, enfatiza Ruiz.
MENOS POLÍTICA, MÁS AYUDA
Cada mes, 175 habitantes de Sant Just Desvern entregan una cuota de dinero voluntaria apara ayudar a Camoapa, mientras en el instituto de educación secundaria y en la Iglesia Católica crecen movimientos de jóvenes y feligreses que buscan nuevas formas de contribución con sus hermanos de Nicaragua.
-El ayuntamiento lo controla el Partido Socialista de Cataluña, pero Xavier Ruiz dice que la solidaridad con Camoapa se ha incrementado al margen de los asuntos políticos, porque aquí la gente joven está poco vinculada a los partidos.
-“La gente tiene ganas de participar, de hacer cosas, pero en vez de dirigirse a los partidos políticos, van a las organizaciones no gubernamentales, porque quieren cambiar la sociedad de esa forma”, comenta Ruiz.
-Nicaragua recibe cada año 1.6 millones de dólares de asistencia de 27 municipios de la región española de Cataluña, hermanados con igual cantidad de municipios nicaragüenses.
-Sant Just, con 14 mil habitantes, destina el 0.7 por ciento de su presupuesto a la cooperación con países pobres, y un sector de los concejales está presionando para que aumenten esa partida al 0.8 por ciento.
-“Cada vez hay más gente aquí sugiriendo ayudar a los países pobres, venga de donde venga y sea quien sea el que la haga”, explica Ruiz. “Pero la gente joven vota muy poco y no milita en los partidos, y eso es un tanto peligroso también, porque los partidos son lo más democrático que existe”.
-Por eso aquí crearon la organización Sant Just Solidari, donde convergen representantes de las distintas fuerzas políticas y sociales para discutir sobre el uso de los fondos destinados a Camoapa.
-Sin embargo, el regidor del municipio preferiría que los partidos movieran más esa cooperación, como una demanda social, porque “tienen más representatividad real en la medida que la gente vota por ellos y decide quién gobierna; y si uno gobierna mal, lo quitan, pero a las ONG no las vas a quitar nunca”.