¡Bravo por los presidentes!

Jorge Salaverry [email protected]

El cordial encuentro que tuvieron los presidentes de Nicaragua y Costa Rica el día anterior a la cumbre de jefes de Estado centroamericanos que se realizó el jueves pasado en la bella ciudad de Granada, marca el inicio de una nueva era en las relaciones entre ambos países. Bueno… eso al menos es lo que muchos quisiéramos creer.

Con muy buen juicio y sensatez, los presidentes Enrique Bolaños y Abel Pacheco pusieron a un lado lo que nos separa y enfatizaron lo que nos une. Eso significó que los dos mandatarios dedicaron su tiempo a hablar sobre las posibilidades de cooperación y desarrollo a ambos lados de nuestras fronteras, y dejaron fuera de agenda un asunto muy puntual, como es la pretensión que tenía el gobierno costarricense anterior de que policías ticos pudieran navegar armados en el río San Juan. El tocar ese tema habría significado desperdiciar una magnífica oportunidad para sentar las bases de unas relaciones mucho más fructíferas y positivas entre ambas naciones.

Ya el canciller Norman Caldera había señalado en febrero de este año su intención de “desanjuanizar” la política exterior de Nicaragua respecto a Costa Rica. Su homólogo costarricense, Roberto Tovar, tiene, por lo visto, las mismas intenciones. Pero, obviamente, que no será fácil lograr eso. A ambos lados de la frontera hay quienes persisten en echarle leña al fuego y en centrar la agenda diplomática en el tema de la navegación armada.

En Costa Rica, el presidente Pacheco está siendo fuertemente criticado por los dos principales diarios —La Nación y La República— por no haber insistido en el tema. La Nación le exige a Pacheco que fije “una posición concreta, prudente y lúcida sobre los derechos de navegación en el río San Juan para no dejar tan importante cuestión al albur del tiempo, de la amistad o de la fraternidad”. La República, por su parte, calificó la actuación del presidente Pacheco de pusilánime y dijo que “Lo usual en el mundo es que los ríos de frontera, como límite natural, sean internacionales”. Y agrega: “Quizá haya extremas dificultades para entablar una negociación con los vecinos del norte sobre la base de esa idea. En ese sentido, creemos que nuestro país debe iniciar ya un juicio en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, para replantear este asunto”.

¡Qué pena! Posiciones absurdas como ésas son las que frenan y retardan el inicio de una nueva era de relaciones. Bien harían los respetables diarios costarricenses en estudiar las palabras del ilustre don Ricardo Jiménez Oreamuno, quien fuera presidente de Costa Rica en tres diferentes ocasiones (1910-1914) (1924-1928) (1932-1936) y que al referirse al laudo Cleveland —que interpreta el Tratado Jerez-Cañas— expresó: “Las Novedades de Nueva York critican el fallo porque no nos da derecho a navegar en el San Juan con naves de guerra. La crítica, diría yo, es infundada. El énfasis con que el artículo 6 del Tratado consigna que Nicaragua tendrá el dominio y sumo imperio sobre las aguas del río, manifiesta que se quiso establecer diferencia entre los derechos que Nicaragua y Costa Rica tuvieran en aquellas aguas. Ahora, si naves mercantes y naves de guerra de ambas repúblicas navegan libre e indistintamente el río ¿en qué se manifiesta, qué efecto práctico tiene la solemne declaración de que el dominio y sumo imperio sobre las aguas corresponden a Nicaragua?” Afortunadamente, por lo que se ve, el presidente Pacheco y su canciller Tovar piensan igual que don Ricardo.

Las necesidades económicas y sociales de quienes habitan a ambos lados del río San Juan —y muy especialmente al lado de Nicaragua— son enormes. Pero más grandes aún son las posibilidades de desarrollo, y en eso es en lo que tenemos que enfocarnos con espíritu amplio, sereno y creativo. No es como dijo un periodista nicaragüense al referirse al río: “lo preferimos poco aprovechado pero nuestro y no bien explotado y ajeno”. Si el problema se redujera a esas dos opciones, tendría que aceptar esa posición, pero, afortunadamente, es mucho más complejo.

El río San Juan es y seguirá siendo nuestro, pero creo que es necesaria y posible una cooperación moderna y respetuosa entre Nicaragua y Costa Rica para lograr el desarrollo de la zona y rescatar de la miseria a sus miles de pobladores. Felicito a los presidentes Bolaños y Pacheco, así como a sus respectivos cancilleres, por tratar de introducir una mentalidad más amplia y constructiva en las relaciones entre nuestras dos naciones hermanas.

El autor es miembro del Consejo Editorial del Diario LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.  

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