José Guillén [email protected]
Me ha tocado vivir en el régimen somocista, en el sandinista, en el de doña Violeta, en el arnoldista y ahora comienzo a vivir en el de Bolaños.
Siempre me pregunté por qué los que llegan a gobernar Nicaragua se aferran al poder y no quieren dejarlo, con la honrosa excepción de doña Violeta Barrios de Chamorro.
Si analizamos a los Somoza, a los sandinistas y a Arnoldo Alemán, encontramos un factor común que los relaciona en su lucha por no querer abandonar el poder que les da la conducción de la República y, dentro de ese mismo contexto, están los corifeos que los rodean.
¿Cuál es ese factor común?: El temor a perder los bienes ilícitamente adquiridos en su mandato, la influencia que tienen para burlar las leyes y las probabilidades que sean enjuiciados por el enriquecimiento ilícito y los crímenes, si los han cometido.
¿Qué le pasó al último Somoza al perder el poder? Perdió hasta la vida.
¿Qué le pasaría a Arnoldo, a Daniel y a sus adláteres si pierden su inmunidad?
La respuesta es clara y contundente: Perderían lo que han adquirido a la sombra del poder y Daniel y otros serían acusados de sus crímenes.
Tenemos el ejemplo de doña Violeta Barrios de Chamorro. No robó, no cometió crímenes ni ningún otro ilícito: Por eso no se aferró al poder.
La reelección y la inmunidad es una tabla de salvación para los ex presidentes corruptos, así como lo es la sucesión en las dictaduras de partido. Cosas que no debe permitir el pueblo nicaragüense.