José M. Pérez Machuco
Hace unos días viajé por tierra a Costa Rica, por la frontera de Peñas Blancas. Al cruzar y, ya en la parte tica, me dijeron que tenía que pagar para que me fumigaran mi carro, y bueno… ellos tienen esa norma y la respeto y me parece correcto y bueno (todo sea por la salud).
Al regresar a Nicaragua y ya dentro de nuestro país me detienen en una caseta y me dicen que tengo que pagar quince córdobas para que me fumiguen el carro y bueno… también me parece correcto. Lo que no me parece bien y es el motivo de esta carta, es que me salga un señor con un potecito de Oko, de esos para matar zancudos que venden en las pulperías, a “fumigarme” el carro echando un flishhh en los pedales.
Es vergonzosa la imagen que estamos dando. Somos el hazmerreír de todas las personas que pasan por esa frontera.
Escribo porque la factura que me dieron al “fumigarme” mi carro, es del Ministerio de Salud.
Mi consejo es que si hacemos las cosas, las hagamos bien y en serio. Si no, mejor no hacerlas. Yo puedo asegurar que ese señor con el potecito de Oko no está evitando ninguna epidemia en Nicaragua.
Cinco metros después me volvieron a detener para fumigar las llantas del vehículo, por lo que me cobraron otros cuarenta córdobas (éste por lo menos tenía una bomba para fumigar).
Sólo quiero que la ministra de Salud, señora Lucía Salvo, esté informada al respecto para que haga lo que crea conveniente. Como nicaragüense me avergüenza, e imagino que a todo el que haya pasado por allí también. Por esa frontera entran y salen de Nicaragua turistas, extranjeros que trabajan en ONG en nuestro país, etc. etc. y se llevarán una imagen de nosotros como la que me llevé yo.