“Me gustaría que las integrantes de ‘Tres veces Tres’ pudiéramos publicar un libro”. Vilma, Martha Cecilia y Esther.

El compromiso estético de Esther, poeta y periodista

Estudió periodismo con el propósito de encontrar nuevos senderos para escribir la poesía de su propia realidad. Esther Picado Cajina no menosprecia las reglas de la literatura porque, “para romper o trascender los esquemas, lo elemental es conocerlos a profundidad” Mario Fulvio EspinosaEspecial para LA [email protected] Imborrables permanecen en la mente de Esther Picado aquellos […]

  • Estudió periodismo con el propósito de encontrar nuevos senderos para escribir la poesía de su propia realidad. Esther Picado Cajina no menosprecia las reglas de la literatura porque, “para romper o trascender los esquemas, lo elemental es conocerlos a profundidad”

Mario Fulvio EspinosaEspecial para LA [email protected]

Imborrables permanecen en la mente de Esther Picado aquellos tiernos momentos en que, sentada sobre las piernas de su padre, escuchaba de él los bellos cuentos de los hermanos Grimm, las interminables, mágicas narraciones de “Las mil y una noches” y, con mayor amor “La cabeza de Rawí” y otros poemas de nuestro Rubén, seguidos —a lo mejor— por versos de Neruda o Juan de Dios Peza.

Aquella ternura filial expresada en bellas palabras y en un ambiente hogareño donde la poesía ocupa el sitial de honor, hizo que Esther se enamorara “como colegiala” de la delicadeza y la estética literaria, al extremo que desde aquel tiempo sus emociones las siembra y las hace germinar en poemas que cultiva en el pequeño vergel de sus sueños.

“Mi padre me inculcó sobre todo el amor al verbo, a la palabra, desde entonces procuro profundizar su significado, deleitarme al escogerla, expresarla con belleza y sobre todo con claridad, no necesariamente apegada a un estilo sino en procura de que cumpla su responsabilidad con la belleza, con el contenido y con la forma”.

Has de saber, querido Sancho, que esta bellísima poeta y periodista, unida a otras dos colegas, la inquieta y polifacética Martha Cecilia Ruiz y la apasionada iconoclasta Vilma Duarte, bajo el nombre de combate de “Tres veces tres”, han realizado varios recitales exitosos en los que cada una ha brillado con luz propia, aunque es posible que algún día declamen poemas colectivos a tres voces, lo que vendría a ser una variante novedosa que trascendería la lectura de poemas al alimón.

“También desde muy niña empecé a escribir mi diario, y de repente noté que en ese cuaderno escribía cosas que me gustaban, cosas que iban más allá de expresar lo que sentía y que estaban redactadas de una manera bonita.

¿Qué otras cosas te decía tu papá?

A través de la poesía nos transmitió muchos valores, nos decía que teníamos que ser buenas personas, servir a los más débiles porque eso enriquecía al ser humano y era la única manera de ser verdaderamente grande. Recuerdo que una de las lecciones poéticas que él nos daba, decía así: “Yo mismo en cierta ocasión, de esta escena fui testigo, le arrojó pan a un mendigo un niño desde un balcón, pero su padre hombre humano le dijo: ¿No te sonrojas? La limosna no se arroja, se besa y se da en la mano”.

La urgente liberación

“En secundaria estudiamos la lengua española. Veíamos a ciertos poetas, pero de la manera en que no debe estudiarse la poesía, o tal vez como debe estudiarse para un doctorado o para una maestría, pero no para el que quiere ser poeta. Aprender formas, métricas, estilos, en ese tiempo me resultaba pesado para una adolescente como yo, que tenía necesidades espirituales que liberar con más urgencia que el resto de los muchachos.

“Pero no todo era negativo, esas clases de secundaria me motivaron a conocer a Alfonso Cortés, Salomón de la Selva, José Coronel Urtecho y a diferentes poetas y poetisas de mi tierra. Por otra parte, a través de los suplementos literarios de los periódicos vi que había una literatura moderna más universal lo mismo que diferentes maneras de escribir”.

¿Entonces te olvidaste de las formas tradicionales de escribir poesía?

Poco las he tomado en cuenta. Mi verso, yo no sé cómo llamarle, es bastante libre en el sentido en que yo no me apego a reglas, sino a lo que estoy sintiendo, a lo que quiero decir. Mi forma de escribir tampoco corresponde a un estilo específico, ni a una edad, ni a una corriente, ni a una generación, época o momento, sino que lo hago de una manera fluida, de la manera como me van surgiendo las ideas.

Resulta fácil escribir poesía de esa manera. Aunque hay quien señala que el verso tiene que tener métrica, rima, cadencia, ritmo y otros elementos, figuras y recursos.

Cierto, y se debe procurar conocer todos esas facetas para tener conciencia de nuestro propio trabajo. Yo creo que un escritor debe pasar por diferentes etapas, no por obligación sino para disciplinar su estilo. En mi caso yo todavía no he entrado en esa etapa sino que escribo de una manera fresca, más juvenil, más simple. Me limito a decir lo que siento ante determinadas cosas, decir cómo experimento mi soledad, mis alegrías, mis ansiedades. Pero sí, pienso que la escuela es importante porque ayuda a la persona a definir otros estilos y a ampliarse. Lo que no es bueno es esquematizarse y encerrarse. La persona debe buscar su propio estilo pero á través de muchos estilos, probar de todo hasta encontrar lo propio.

Dicen que los poetas son unos grandes mentirosos sobre todo al usar las metáforas. Es mentira que los ojos de la amada tienen más intensidad que la mar y el cielo, y que el corazón arde como el fuego. ¿Usan ustedes esas metáforas?

Yo creo que en el grupo “Tres veces tres” el recurso de la metáfora no ha sido muy usado, tal vez Vilma un poco entra en esa tendencia, pero somos más realistas. No obstante, la metáfora es un recurso muy importante para la poesía, porque a veces las realidades son tan complejas que solamente la palabra las puede explicar. Realidades que ni siquiera la pintura, la escultura, la danza o la música pueden expresarlas plenamente, y ahí vienen las palabras con el recurso mágico de las metáforas. Es como dice Salarrué: “Creo en la espada de luz que es la palabra”, entonces esa espada de luz viene a aclarar y a decir cómo son las cosas realmente, aunque a veces haga uso de las metáforas para explicar asuntos tan complejos.

“Con la poesía definimos a seres mitológicos, mitad bestias mitad hombres, y el poeta busca cómo comunicar determinadas realidades y entonces la poesía viene a poner punto y coma pero de una manera metafórica… Porque no hay otra manera de decir las cosas”.

¿Qué es lo que te preocupa más, la claridad, la forma, o el fondo?

Antonio Machado dice: “Mirar alto, sentir hondo, hablar claro”. Esa es la función del poeta. Para mí es un paradigma lo que Machado afirma, en el sentido en que a veces digo, bueno pues, si tengo que expresar algo me interesa que la gente entienda. Yo quiero que me entiendan.

Te pregunto eso porque al leer la “nueva poesía” que aparece en las revistas y suplementos noto que las formas de expresión se tornan inconexas, simplistas, facilistas… ¿Qué decís vos?

Yo regresaría a lo de Machado. Cuando él dice mirar alto, trascender, sentir hondo, señala puntos de partida que todo poeta debe tomar en cuenta antes de escribir. Si bien no debe limitar su pensamiento ni su sentimiento a un estilo, a una corriente o a un modelo, debe estar claro que su sentimiento debe estar al cien, lo que va a decir debe tener una pasión demasiado grande pero también muy clara. En lo personal me gusta la poesía de corte sencillo pero con belleza, por ejemplo Neruda, sin necesidad de caer en la metafísica, en el surrealismo, en complejidades literarias de conceptos, nos dice por ejemplo: “Quiero ser contigo lo que la primavera hace con los cerezos”, ahí está usando el lenguaje de todos los días pero con tremenda belleza. Los poetas jóvenes que intentan trascender en su papel, no deben quedarse en aquel simplismo de “te amo porque te amo”, sino superar esos “clichés literarios” con algo más novedoso, profundo, fresco y juvenil. Deben leer a Neruda, al mexicano Jaime Savines que nos dice: “No es que muera de amor, muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti”.

¿Cómo definirías la poesía que utilizaste en el recital?

En el recital anterior planteaba cuestiones sobre el origen de la vida, la maternidad, la complejidad de la especie humana, ciertos temas filosóficos, pero en este último me dejé llevar más por los sentimientos del momento, fue una poesía más sentimental, más cotidiana, partiendo de la experiencia que como ser humano tengo a la edad que tengo. Traté de dejar plasmado ahí ciertas vivencias que tienen que ver con lo cotidiano y que no necesariamente son fuente de inspiración para una pintura, un dibujo, una canción, sino que son cosas invisibles que tienen grandeza, porque, quién dice que no tiene grandeza la nostalgia por la hermana que se casó y se fue de la casa, o el poema de un abrazo, o el de los pequeños descubrimientos que uno hace a diario.

Debo entender que estás en una etapa de mucha meditación para saber qué tipo de poesía estás haciendo o debés hacer, cómo describir esa etapa?

Bueno, tengo que someterme a un poco más de disciplina al escribir. Caminar por etapas, leer por escuela a los poetas, eso creo que es bueno para cualquier persona que le guste la poesía, escribir sin cansancio y sobre todo comprender la lectura más allá de lo superficial. Pienso proceder de esa manera, y procedo a conocer algunos poetas, los voy coleccionando y preparando una antología poética española muy mía, donde tengo a más de cien poetas de habla hispana que me gustan, ahí tengo a Vallejos, Benedetti, Machado, Alfonsina Storni y mucho otros… Que éste me gustó, entonces lo guardo, que de repente me encuentro un poema bonito de Gracilaso de la Vega, pues lo guardé aunque un poco en desorden. Sin embargo, a través de esas lecturas voy conociendo más escuelas, conceptos, técnicas, que me ayudan a proponerme una meta para encontrar un estilo en el que yo me sienta plenamente desarrollada.

¿No has pensado en la prosa, en la novela, en otros géneros?

Sí, me encantaría abordar otros géneros, tengo algunos proyectos pero son a mediano plazo y no a corto plazo, y no me quita el sueño pensar que los tengo que hacer ya porque ellos en su momento van a ir cayendo. Por el momento voy guardando información, recopilando datos, recordando fechas, momentos, personas, frases, por ejemplo tengo una pequeña hemeroteca donde guardo recortes de periódico con artículos, reportajes, entrevistas que me gustan, como esta frase de Ernesto Sábato: “A menudo dije cosas de las que después me arrepentí, pero la existencia es así, vivir se aprende de a poco”, yo digo, okey, él lo está diciendo y yo me digo: Él también se equivocó, como lo he hecho yo tantas veces, de esos errores se logra un aprendizaje.

“También creo que no necesariamente debo leer un libro, dos libros, tres libros, o una biblioteca inmensa, sino uno solo, porque una sola frase, un solo “graffiti” en la pared me puede decir demasiado, puede conmover todas mis bases, mis ideas, mis sentimientos. He pensado escribir un libro para niños con la explicación de la vida y de las complejidades que tiene el mundo desde el punto de vista cósmico, geográfico, político, histórico, amoroso, pero dirigido a los niños de tal modo que se motiven hacia lo bello como en el caso de “El Principito”.

“Actualmente trabajo en un banco, creo que eso no afecta mi anhelo de escribir, porque uno siempre adquiere experiencias, cada cosa en la vida es importante y he aprendido en mi centro de trabajo un montón de cosas que aplico a mi realidad, como es la disciplina laboral, el cuido, la pulcritud y el orden, esos elementos me sirven también para aprender a hacer poesía”.

¿Sos disciplinada en tu labor literaria?

Honestamente no, pero no sufro por ello porque cada vez que tengo la necesidad de escribir, así vaya en un bus, ahí voy escribiendo. Por eso en la puerta de mi ropero puse: “Cenizas seré, mas cenizas enamoradas”, parafraseando un verso de Gracilaso de la Vega. Si tengo necesidad de escribir algo, lo hago en cualquier momento y en cualquier lugar.

“Por otra parte, no concibo escribir como un deber de escolar, sentado en un pupitre o como en el trabajo, sentada en un escritorio de ocho de la mañana a cinco de la tarde”.

¿Y qué vas a ser cuando seas más mujer, cuando pasen los años y siempre te veas en esta onda?

Es una pregunta muy difícil de contestar porque plantea destino y futuro. Siempre, mientras yo exista, voy a optar por la poesía. Puedo estar trabajando en la cosa más seria del mundo, pero ante un poeta, ante la poesía yo me derrumbo.

“Y voy a hacer lo que mi padre hizo con nosotras, voy a transmitirle a las personas que vengan después de mí, llámense hijos, llámense sobrinos, llámense amigos, ese amor por la poesía. Yo me siento feliz ante una sola persona que le guste la poesía, y si le miro un brillo en sus ojos sé que hubo reciprocidad, eso para mí es una satisfacción más grande que muchas logradas con cosas materiales o espirituales. Por supuesto seguiré escribiendo porque me gustaría avanzar a momentos más técnicos… pero sin compromisos”.

TRES VECES TRES

La descubrimos en el recital titulado “Tres veces tres” que reunió por tercera vez a Esther con sus colegas poetas y periodistas Martha Cecilia Ruiz y Vilma Duarte. Este trío forma parte de una generación de escritoras jóvenes que bajo la forma de un diminuto colectivo exponen sus genialidades ante el juicio respetable.

TU MANO

Tu mano basta para

mi felicidad.

Grande. Me abarca, me

cobija: es mi concha de

caracola donde el Universo

se refugia,

donde me descubro

Yo: Esther.

** En el abrazo el

mundo es una

página.

Besos, brisas, brazas.

Brazo que a brazo

Abraza.

Brasas…   

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