La guerrilla política en el PLC

Emilio Álvarez Montalván

La confrontación interna, crece en intensidad. Al punto que derivó en ataques personales premonitorio de división. Al respecto recordemos el adagio: “Partido que se fragmenta en el poder, lo pierde y recíprocamente, oposición que se une, lo alcanza”. Pero bien, ¿qué buscan los referidos bandos con esa querella.

La rama del PLC en la Asamblea Nacional, demanda (sin decirle) la suspensión de los juicios incoados contra ex funcionarios que salieron pegados, o al menos sea disminuido el dinamismo de la Procuraduría, para que el tiempo diluya los cargos. Su segundo reclamo es la permanencia en la planilla de los activistas tradicionales del Partido.

A su vez, la rama liberal en el Ejecutivo insiste en proseguir su campaña anticorrupción, consciente que esa limpieza es su principal atractivo, tanto fuera como dentro del país. Sin embargo, es evidente que la credibilidad de la Procuraduría descendió después del despido del Dr. Alberto Novoa, y el frenazo que dio ante los airados reclamos de un influyente instituto confesional.

El problema de esta contradicción es que no puede negociarse. En primer lugar porque la rendición de cuentas es parte de la globalización y por ende de obligado cumplimiento para recibir ayuda. En segundo lugar la suerte de los procesados depende del aparato judicial, el que una vez activado, sigue adelante.

De todos modos, esa lucha interna a como la llevan, es autodestructiva. Lo racional es que la dirección del gobierno corresponde al Presidente de la República y los diputados no obstaculicen, como si fuesen opositores. Por otra parte empeñarse en preparar el regreso del antiguo mandatario manteniéndolo beligerante en la escena política es un error, porque cualquier falla del actual mandatario será atribuida a la labor de zapa de su propio partido.

Por lo demás, mientras el caudillo permanezca en la Asamblea su clientela quedará inconmovible; como lo prueba la congelación de la bancadita. Además, los diputados disponen de tantas ganas auto-otorgadas que ya no necesitan como antes favores del poder Ejecutivo para regatear su cooperación. También reconozcamos que el sector de los sellos del PLC es apoyado por los otros poderes del Estado y tiene además a su favor el rechazo a las reformas tributarias que animan solapadamente sectores elitistas que se han beneficiado del status quo.

Lo aconsejable para quienes les cuesta el liberalismo es recomendar unas largas vacaciones al Presidente de la Asamblea antes que el círculo de fuego termine atrapándolo. Dentro de esa ausencia el PLC se reconciliaría practicando democracia. Por su parte los “amigos” procesados que se defiendan solos. Deberían los liberales aprender de Alan García quien al volver del exilio a donde salió malherido recuperó en poco tiempo su glamour político, apoyado en su carisma y el deterioro de Toledo.

A su vez el Presidente de la República no consigue nada en un intercambio de dimes y diretes con el Caudillo, tanto más cuanto don Enrique rehúsa convertirse en el nuevo piloto de la dirigencia del PLC, olvidando que en política los vacíos son peligrosos; lo conducente entonces es que a la par que la Procuraduría sostenga con firmeza la cruzada, como tarea institucional, el Presidente se desvincule de ella absteniéndose de comentarla, dedicándose con vigor a una estrategia pro-positiva que aumente su prestigio en base a realizaciones concretas.

Esa tarea necesita sin embargo un gabinete eficaz ya articulado, una dirección creativa, mucho contacto con la asamblea y la opinión pública y sobre todo dinero, y más dinero y no sólo palmaditas en las espaldas de la comunidad donante. Por otra parte, el FMI debe aprender de sus errores no endureciendo sus exigencias, sin tomar en cuenta el daño social que producen.

El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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