La reunión que los presidentes centroamericanos sostuvieron esta semana en Granada, constituye un paso hacia adelante en la ampliamente deseada pero siempre esquiva integración centroamericana. La decisión de tener completada la unión aduanera de nuestros países para finales del próximo año fue la resolución más concreta y significativa de la cumbre.
El proceso de la unión aduanera empezó, parcialmente, en el año 1996 cuando El Salvador y Guatemala decidieron integrar sus aduanas. Posteriormente, Honduras y Nicaragua se les unieron en el 2000, habiendo entre todos logrado armonizar el 80 por ciento de las partidas arancelarias. El país más reticente a la integración hasta ahora ha sido Costa Rica, pero es evidente que finalmente se ha dado cuenta de que no puede seguir en ese plan. El ministro de comercio exterior costarricense reconoció que en materia de unión aduanera y apertura su país lleva un rezago de cuando menos dos años respecto al resto de países del área.
Lo cierto es que las fuerzas que ahora impulsan la integración centroamericana son demasiado poderosas como para ser ignoradas por ningún país de la región. Tanto la Unión Europea como los Estados Unidos han manifestado su disposición de firmar tratados de libre comercio con Centroamérica, pero no con ningún país en forma individual. Eso, sin duda alguna, acelerará el proceso de integración más rápidamente que cualquier argumento teórico.
Un hecho de la reunión que cabe destacar es la actitud positiva y amigable que asumieron los presidentes de Nicaragua y Costa Rica. Ambos mandatarios optaron por no poner en agenda el tema de la navegación armada que pretende Costa Rica en el Río San Juan, y decidieron más bien que de ahora en adelante se concentrarán en buscar cómo lograr la prosperidad a ambos lados de las respectivas fronteras.
Los enemigos políticos del presidente Bolaños han criticado —sin justificación alguna, a juicio nuestro— la ausencia del tema del Río San Juan en el encuentro entre ambos mandatarios. Por el contrario, el Diario La Nación de Costa Rica, al comentar editorialmente ese hecho, criticó al presidente costarricense, Abel Pacheco, y concluyó que “El ganador con esta posición ha sido, indudablemente, el presidente Bolaños…” A juicio de ese diario, eso es así porque “deja intacto el problema, en perjuicio de Costa Rica…”.
El Río San Juan, sobre el cual Nicaragua tiene, y tendrá siempre, el dominio y sumo imperio, no debe servir sólo para que politiqueros de ambos lados de la frontera mantengan un estéril estado de animadversión entre nuestros países. Los gobernantes y las personas de buena voluntad de Nicaragua y de Costa Rica deben ver hacia delante y buscar formas de cooperación que, respetando las respectivas soberanías, promuevan el desarrollo de ambas naciones.
Es muy refrescante que los actuales mandatarios de Nicaragua y Costa Rica vean las relaciones futuras con optimismo. Lo más fácil sería permanecer en actitudes recriminatorias y de desconfianza. Pero eso no produce nada. Las relaciones cordiales entre vecinos requieren siempre de buena voluntad y de creatividad. En Costa Rica hay cientos de miles de nicaragüenses que viven y trabajan allá. Ese hecho beneficia la economía de los dos países. Hay también allá muchos empresarios nicaragüenses de éxito, al igual que hay también muchos empresarios costarricenses que operan en Nicaragua.
No es posible pensar en un TLC con Estados Unidos ni con la Unión Europea, y mucho menos en una eventual unión centroamericana —de la cual la unión aduanera es sólo el comienzo— si no hay un cambio de mentalidad y un abandono de actitudes mezquinas. Sería bueno que aprendiéramos de los países europeos, tan diferentes en todo sentido, y que a pesar de haber estado enfrentados hace apenas unos años en terribles guerras entre ellos, lograron superar sus diferencias hasta concretar una integración política y económica que se conoce como la Unión Europea. Ésta es hoy una potencia tan grande y dinámica que aspira a superar económicamente a los Estados Unidos en los próximos 10 años. Esa aspiración, que fue expresada por sus líderes durante una conferencia que sostuvieron en marzo de este año en Barcelona, no sería ni remotamente pensable si Europa no estuviese unida. En la reunión de Granada los presidentes centroamericanos dieron muestras de esa necesaria madurez.