- Equipos discretos han sabido comportarse
José Antonio DiegoEFE
SEÚL.- El Campeonato Mundial asiático, verdugo de egocentrismos, ha pinchado el globo de jugadores ególatras, guapos y multimillonarios que no supieron mantener en la derrota la mitad de la elegancia que exhiben en sus atuendos cuando se visten de largo.
Los italianos han sido el exponente más significativo, pero no el único, del fenómeno consistente en cargar las derrotas propias sobre las espaldas del árbitro y en considerar devaluado el torneo cuando no se tiene capacidad bastante para mantenerse en él.
Antes de que los italianos mostraran su mal perder en el aeropuerto de Incheon, cuando emprendían el humillante regreso a casa, otros jugadores, sin bien no tan ricos como ellos, manifestaron su mala educación y su débil predisposición para asumir el fracaso.
Los antiguos griegos denominaban “cantar la palinodia” a la sana costumbre de reconocer los errores que condujeron a la derrota y, a renglón seguido, retractarse públicamente. El fútbol no suele admitir ese tipo de prácticas.
Para el seleccionador italiano, Giovanni Trapattoni, en el Mundial no había mejor equipo que Italia y su eliminación se debe, exclusivamente, a la persecución del árbitro ecuatoriano Byron Moreno, que dirigió el partido de octavos contra Corea.
El guardameta Gianluigi Bufón levantó el dedo corazón de la mano a las cámaras de la televisión coreana que le enfocaban y el goleador Christian Vieri contestó con un rotundo “no” cuando un aficionado coreano le pidió un autógrafo en el aeropuerto.
Los resultados del Mundial de fútbol revean que a veces la diferencia entre los grandes astros y jugadores desconocidos sólo reside en sus cuentas bancarias.
Christian Vieri, el goleador del Inter que rechazó con malos modos a su ilusionado admirador coreano, cobra 9 millones de euros al año (8,2 millones de dólares), pero su contrato no incluye ninguna cláusula que le obligue a comportarse con educación hacia el público que está en el origen de sus enormes ganancias.
El presidente del Perugia, Luciano Gaucci, se apresuró a declarar persona “non grata” a su jugador Jung-hwan Ahn, el ídolo coreano que primero falló un penalti contra los italianos (gesto que no le fue agradecido) y luego los ejecutó con un gol de oro en el minuto 117.
Para humillar al héroe nacional coreano, Gaucci le recomendó que se quede en Corea “para que vuelva a ganar 100.000 liras (48 dólares) al mes”. Al decir eso le rondaba por la cabeza el dinero como factor diferenciador del rango futbolístico.
Trapattoni esperó a que se consumara la eliminación de su equipo para revelar que, antes de su comienzo, ya pensaba que el árbitro sería “un adversario más” porque dudaba que los dos equipos anfitriones se fueran el mismo día. Japón había perdido contra Turquía seis horas antes.
Luis Figo, jugador mundial del año FIFA, cobra en el Real Madrid 7,9 millones de dólares pero, como los italianos, no demostró en el campo cualidades superiores a las de sus desconocidos adversarios coreanos, que taparon una y otra vez sus avances.
Figo también culpó al árbitro de la eliminación de Portugal. “Quería ser el protagonista”, dijo el delantero. Por dentro, debió pensar que una persona con un salario ridículo comparado con el suyo no merece, siquiera, ser nombrado.
SÓLO ZIDANE
Sólo un jugador, entre los derrotados del Mundial, se comportó con exquisita educación en el infortunio, y es precisamente el futbolista que más gana del mundo: Zinedine Zidane (12,3 millones de dólares al año). Un dato que abona la esperanza.