Julio Ignacio Cardoze [email protected]
Pretendemos avanzar, sin reforma para el cambio y eso es imposible, e ignorarlo será un error, porque no podemos edificar un futuro mejor, sobre las bases carcomidas del pasado. El cambio es necesario, y a medida que pasa el tiempo, se nota la necesidad de reforma, que se ha querido soslayar, o que, no se ha querido enfrentar, pero que es tan necesaria e impostergable, que por sí sola va emergiendo, y así vemos cómo el diputado Morales Carazo, propone reforma en los estatutos de la Asamblea Nacional, para cambiar el proceso legislativo, y el doctor José Rizo C., Vice-presidente de la República, y presidente honorario del partido en el gobierno, nos hace ver la necesidad de cambio en las autoridades del PLC, y propone una reforma por medio de plebiscito en esa organización política, para lo cual se anuncia Convención extraordinaria que ha sido bien acogida por el liberalismo honesto.
Los cambios propuestos están relacionados, pues los procedimientos que señalan los Estatutos del PLC, para escoger las autoridades que integran el CEN, el control de la organización política, y la escogencia de candidatos a cargos electivos, tiene que ver con la integración y el manejo de la Asamblea Nacional, que en resumidas cuentas, es la que tiene la última palabra en el control del Estado, con su Poder Legislativo.
Pero los fundamentos de las estructuras legales del Estado actual, son las heredadas del sandinismo; autoritario, y antidemocrático, como la Constitución, el sistema unicameral de la Asamblea, y otras instituciones, con cimientos diseñados para el centralismo vertical, y el control, sin viso democrático, como el Consejo Supremo Electoral, etc., y por qué no decirlo, hasta la contextura del PLC arnoldista, saturada de los viejos vicios autoritarios del liberalismo nicaragüense, obedece más, a una organización comunista, que a un partido político, liberal democrático.
Hasta ahora, hemos querido ignorar que, sin las reformas para el cambio, no será posible el nuevo rumbo, y se ha trabajado con las viejas estructuras, con resultados infructuosos, para el país, y también para el partido, en el caso liberal, hasta que la dura realidad llevó a la conclusión de que es necesario hacerlo, y eso está bien, porque la tardanza, no invalida las razones, ni la necesidad, y ojalá que las reformas integrales, no se propongan aisladamente, solamente para los Estatutos del PLC, y de la Asamblea Nacional, sino que vayan más allá, como parte de una estrategia reformista, a otras instituciones estatales y partidistas, y a la misma Constitución, a la cual, solamente se le han hecho, cambios cosméticos, de fachada, para hacer creer, que es diferente, sin serlo en el fondo, y no sería malo que, para consolidar la democracia nacional, también se animen y propongan, quienes les corresponde hacerlo, una reforma democrática y modernizante, en las estructuras sandinistas.
Los inmovilistas que medran en las sombras partidistas, con el argumento de la economía, insinúan nuevos pactos, no haciendo alta política, sino al ruido del cuchumbo de los dados, y traficando con el interés nacional, para beneficio privado, como antes, que implicarían cambiar la política del gobierno, en la lucha contra la corrupción, entre otras cosas, pero que no serían bien vistos, nacional, ni internacionalmente, además de ignorar la —realpolitik— y lo que de verdad hace falta, que es; la reforma estructural, de la legalidad del Estado, para producir el cambio.
El autor es jurista.