¡Despierta que tus soldados duermen!

José Rizo Castelló[email protected]

Al pie de la estatua del precursor del liberalismo nicaragüense, Máximo Jerez, frente a la Catedral de León, se puede leer: “Jerez: Duerme que tus soldados velan”. Ese pensamiento me ha llevado a la siguiente reflexión.

El liberalismo “una de las fuerzas que más han influido y moldeado el espíritu innovador y pionero del mundo entero” parece haber entrado en un período de nuevos retos en Nicaragua.

Coincidentemente, líderes liberales como Zelaya y Moncada, que se iniciaron con especial pujanza y gran aceptación, por mal tino y debilidades propias, sucumbieron a tantas tentaciones que les infamaron sus años y pusieron al liberalismo sobre el filo de la muerte.

Cosa igual le sucedió a Somoza.

Los que se han dejado contagiar por la locura del poder, han puesto al país en la antesala de la ruina y la frustración.

Un país que está entre los 60 más pobres del mundo, no puede darse el lujo ni de volver al caos, ni de experimentar nuevas formas de dictadura.

La democracia ha avanzado en Nicaragua, a pesar de los intolerantes que quieren revivir, asumiendo viejos arrebatos, días oscuros de ignominia.

El liberalismo del PLC ha demostrado ser la fuerza que ha devuelto al país el vigor de la dignidad humana, usurpada durante decenios por dictaduras de derecha e izquierda. Ello ha implicado costosos errores del pasado. Pero, de eso se trata: de no volver a cometer los errores que nos han llevado a dictaduras, guerras, cárceles y exilios. Y uno de esos caminos que lleva a la Roma imperial, comienza por el estrecho sendero del culto a la personalidad o el seudomesianismo.

Un hombre en el poder es un líder mientras comprenda con humildad que su tiempo es limitado y que no todo lo puede.

La renovación de los liderazgos es una tendencia que nos acerca más a la democracia. No hacerlo así es creer que el liberalismo ha perdido su fe en la inteligencia humana, en la razón, y en la capacidad para renovarse continuamente.

Para vivir en democracia, hay que comenzar por practicarla y asumirla todos los días desde adentro, para que después llegue muy bien hacia afuera. La democracia es como un hilo transversal que todo lo permea uniendo con su fuerza a todos los actores en la gran pirámide social de una nación.

Si el liberalismo resurgió en los años 90 para elevarse con mucha estatura y dignidad “nunca antes superada por otro partido”, es porque sus hijos se despojaron de egoísmos para pensar en principios; sus hijos se despojaron del interés propio para pensar en el pueblo; sus hijos se despojaron de partidarismos para servir bien a la patria.

Nicaragua es mayoritariamente liberal, lo cual nos dice qué tan fuerte es la vocación democrática de todo un pueblo. El pensar sin ataduras es nuestra mayor fuerza: nos sirve para vivir y crecer en libertad, no para convertirnos en pigmeos de dogmas o sirvientes de mediocres.

No pretendemos destruir a nadie, sino construir mejor una república para el presente y el futuro de Nicaragua.

Es la hora de la democracia liberal. ¿Cómo la podríamos invocar después si seguimos el camino de aquéllos que se creen irrepetibles salvadores de oídos pequeños y gargantas anchas?

Es la hora del alba para los que sí pueden devolver la dignidad, el prestigio y el mayor bienestar a los nicaragüenses.

Es la hora en que ha sonado la corneta anunciadora de un nuevo reto. ¡Vamos en busca del honor arrebatado! ¡Los hombres y mujeres de pensamiento libre debemos alzarnos!

Tenemos que despertar un nuevo liderazgo liberal. No pueden dormir ni Jerez ni sus hijos, mientras se atenta contra los principios de un partido que ha demostrado ser un instrumento de cambio en favor de la democracia.

Estoy seguro de que Jerez en su tumba se contorsiona ante las intenciones de aquéllos que quieren la muerte moral del liberalismo. Pero, estoy seguro de que su espíritu se mantiene atento si alguien se atreviera a frenar la fuerza de la razón o a detener el ímpetu de la libertad.

¡Levántense buenos soldados del liberalismo!

El autor es Presidente honorario del PLC.  

Editorial
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