De nuevo: ¿Dónde está nuestro dinero?

Hugo Berríos [email protected]

Hace más de una semana que, por este medio, le pedí al tesorero y demás autoridades del PLC nos rindan cuentas del dinero que los funcionarios y trabajadores liberales del Estado aportamos a nuestro partido durante los últimos cinco años, monto que estimamos podría ser no menos de doce millones y medio de dólares; pero ¿es menos?, ¿es más?, ¿en qué bancos, cuentas y a nombre de quién se depositó toda esta plata? ,¿cuántos intereses han generado estos depósitos y dónde están o en qué se gastaron?, ¿cuánto se ha gastado en las campañas y cuánto en la operatividad y mantenimiento de las casas del PLC?, ¿a quiénes se les ha pagado y por qué?, ¿se hicieron algunas “donaciones” a alguna fundación?, ¿cuánto queda de este dinero?

Es deber de las autoridades del PLC darnos respuesta, cuanto antes —y respaldada con sus debidos soportes y con el aval de una firma de auditores independientes y de reconocida seriedad y prestigio— ya que también han aparecido señalamientos públicos de que los recursos del Estado se usaron para financiar las campañas y actividades de nuestro partido. Y precisamente para evitar, siquiera la tentación, de ocupar los recursos de nuestro pueblo para costear las actividades del PLC, es que los liberales decidimos, aún a costas de grandes sacrificios, financiar a nuestro partido, y tomando en cuenta que la campaña del presidente Bolaños no fue financiada por el PLC, entonces ¿en qué se ocupó nuestro dinero si no fue usado para lo que se recolectó?

Y es que mucho se pudo haber hecho con todo esta plata, como por ejemplo, haberles dado de beber y comer a los miles de activistas liberales, nuestras bases, que han trabajado siempre “con las uñas y a garrote” bajo la lluvia y el sol; o haberles comprado nuevos zapatos porque los que tenían los gastaron de tanto caminar; y bien se pudo haber creado un “banco de recursos” para asistir a los miles de correligionarios y activistas desempleados para ayudarles a pagar sus cuentas de luz o de agua, o a comprar las medicinas que han necesitado; es decir, ¡pudimos haber proveído a nuestras bases liberales con toda esa plata! Y aún más, con parte del dinero que queda podríamos ayudar al gobierno del Ing. Bolaños a reconstruir tantas escuelas que todavía se encuentran en precarias condiciones, a dotarlas de pupitres para que nuestros estudiantes nicaragüenses se puedan sentar; o bien, ayudar a construir clínicas para cuidar la salud materna, de los recién nacidos y de los ancianos; ¿ cuántos miles de quintales de frijoles, de arroz y de maíz pudimos haber comprado para aliviar cualquier hambruna de nuestros hermanos nicaragüenses desposeídos?

Me preocupa el silencio que las “autoridades” del PLC han decidido guardar para no dar explicaciones de ninguna clase hasta que —según ellos— “las aguas bajen a su nivel”; que supongo significa hasta que dejemos de reclamar, lo cuál no vamos a hacer, por lo que le pido de nuevo al tesorero y al presidente y demás autoridades del PLC que, públicamente, nos rindan cuentas de todo este dinero que aportamos a nuestro partido, ya que, también, necesitamos aclarar al pueblo nicaragüense acerca de las acusaciones señaladas de que los recursos del Estado fueron usados en beneficio del PLC.

El autor es miembro del PLC.  

Editorial
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