Adolfo Miranda Sá[email protected]
Cuando Anastasio Somoza Debayle, siendo Presidente de Nicaragua pretendía perpetuarse en el poder, se alzaron voces sabias y prudentes dentro de las filas del Partido Liberal, encabezadas por su primo, Ramiro Sacasa Guerrero, llamándolo a desistir de sus propósitos para evitar una radicalización de las fuerzas opositoras y un ambiente internacional que encendiera los ánimos del pueblo a favor de un cambio revolucionario, lo que desembocaría en el triunfo del Frente Sandinista.
Si Somoza hubiera seguido los consejos de los liberales integrados en el Movimiento Liberal Constitucionalista (embrión del PLC), se hubiese celebrado un plebiscito para elegir nuevos convencionales en una democratización interna del liberalismo, y posteriormente la Gran Convención hubiese elegido candidato a la presidencia a un prestigioso liberal. Había muchas opciones, como el propio Ramiro Sacasa, Julio Quintana e incluso Francisco Urcuyo Maliaños. El triunfo electoral de un liberal que no fuera Somoza estaba asegurado frente a una oposición desarticulada y fragmentada.
Permitiendo la democratización del Partido Liberal y elecciones donde él no fuera candidato, Somoza hubiese evitado la radicalización del descontento popular, la reacción internacional contra su gobierno y otros factores que se sumaron para desembocar en el triunfo sandinista, la destrucción del Partido Liberal Nacionalista, el caos de Nicaragua y su asesinato en Paraguay.
Prefirió escuchar las voces de los que integraban su círculo de allegados, quienes gritaban “¡No te vas, te quedás!”. Pocos días antes de su derrocamiento, todavía lograron llenar de gente la explanada de la Loma de Tiscapa en una inmensa concentración que coreaba “¡No te vas, te quedás!”. Somoza se creyó fuerte y no previó su estrepitoso derrumbe poco tiempo después.
Han pasado más de dos décadas y la historia nos está dando una valiosa lección. Hay circunstancias, no iguales pero parecidas, que se viven hoy y que merecen una profunda reflexión para no cometer los errores del pasado.
No puedo comparar, porque no son comparables, Anastasio Somoza con el doctor Arnoldo Alemán. Sin embargo, hay elementos de la historia que son similares en las situaciones políticas vividas por ambos.
Al doctor Alemán también lo mal aconsejan para que no haga lo que debía hacer: retirarse del protagonismo político, permitir que surjan nuevos líderes, no tratar de retener cuotas de poder como el control del partido y la presidencia de la Asamblea Nacional. Sobre todo, no insistir en volver a la Presidencia de la República en el 2006. Un retiro político, que podría ser temporal, para dejar gobernar al actual gobierno liberal y permitir que el PLC se renueve.
Igual que Somoza, el doctor Alemán tiene un grupo que le dice: “¡No te vas, te quedás!”. Creo que esas personas realmente no quieren al doctor Alemán y sólo piensan en ellos mismos. Ojalá que los que de verdad quieren al doctor Alemán, sus familiares y amigos verdaderos, le aconsejen no escucharlos, sino escuchar al doctor José Rizo, a don Jaime Cuadra y a otros liberales sinceros que le dicen lo correcto.
También, hoy como ayer, hay liberales que guardan silencio y no se deciden a actuar para salvar al partido y al país. La historia enseña que esa actitud fue después muy lamentada por ellos mismos.
Hoy el doctor José Rizo está haciendo lo que ayer hizo Ramiro Sacasa. Ojalá que el doctor Arnoldo Alemán no haga lo mismo que hizo Somoza.
El autor es asesor de la Vicepresidencia de la República.