Durante los tres meses de tratamiento en los Estados Unidos el niño esteliano también estudió inglés.

Solidaridad y LA PRENSA salvan a niño del dolor

Conozco personas pobres que distribuyen sonrisas, mujeres y hombres bondadosos, que tienen algo que dar, perseguidos que saben perdonar, pero también pude conocer el sufrimiento de un niño que se transformó en alegría Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL /ESTELÍ[email protected] El niño esteliano Carlos Alberto Toruño Dávila, a sus ocho años, ha sentido el dolor y el sufrimiento […]

  • Conozco personas pobres que distribuyen sonrisas, mujeres y hombres bondadosos, que tienen algo que dar, perseguidos que saben perdonar, pero también pude conocer el sufrimiento
    de un niño que se transformó en alegría

Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL /ESTELÍ[email protected]

El niño esteliano Carlos Alberto Toruño Dávila, a sus ocho años, ha sentido el dolor y el sufrimiento en su propia carne. Con coraje soportó el martirio de las llagas de sus pies, tobillos y espaldas.

Desde sus dos años sobrellevó en su cuerpo el dolor de padecer de una alergia, aparentemente incurable, y sus llagas recibieron el desprecio de alumnos y hasta de su propia maestra, la que levantaba sus pantalones para ridiculizarlo antes sus compañeros de aula.

El calvario lo cargó junto a su madre Karla Dávila Reyes y su abuelita Bertilia Reyes Blandón, que nunca perdieron la esperanza de que las llagas serían sanadas, para que el niño recobrara su felicidad.

EL BENDITO PEDAZO DE LA PRENSA

La curación de Carlos Alberto comenzó cuando su abuelita encontró en una de las calles del barrio El Rosario, al noroeste de Estelí, un pedazo de papel polvoriento del periódico LA PRENSA, donde se leía: “Norteamericanos ofrecen ayuda a niñez esteliana”, texto escrito por este corresponsal.

“Sentí una gran ansiedad por recoger aquel papel viejo que rodaba en la calle y se lo entregué a mi hija Karla para que lo buscara a usted”, relató Reyes Blandón.

En el artículo, Laura Renner, presidenta en California de la Organización “Healing The Children” (Sanar a los Niños), a través de un correo electrónico, extendía sus manos bondadosas a todos aquellos niños con necesidades de cirugías del corazón y quemaduras severas.

La altruista norteamericana decía: “El propósito de Healing the Children es sanar a la niñez y proporcionar el cuidado médico necesario a los niños del mundo”.

Todos podemos hacer el bien, tan sólo tenemos que poner un poco de nuestra parte, y en ese sentido la señora Renner expresaba: “Yo veo a menudo las historias en LA PRENSA sobre niños que necesitan la cirugía del corazón, o ayuda para recuperarse de las quemaduras serias y por eso quiero ayudar a los más necesitados” .

ACOGIDO CON AMOR

Aunque el problema de Carlos Alberto no estaba relacionado con el corazón ni con las quemaduras, era un caso de urgencia porque las llagas cada día empeoraban. Los representantes de “Healing the Children” se conmovieron, y en la Semana Santa lo trasladaron a la localidad de Valencia en California.

Allá fue recibido con regocijo por el matrimonio integrado por Nick y Peggy Curtin y sus pequeños hijos Collin de 3 años, Bryan de 8, y Kevin de 10, quienes se encargaron durante tres meses de llevarlo a una clínica y a la escuela de inglés.

“Cuando llegué a casa de mis tíos (así llama al matrimonio norteamericano) me llevaron al cuarto de Bryan porque era de mi misma edad, los dos teníamos ocho años”, contó el niño.

Recuerda que el primer día estaba muy triste, porque el pantalón lo llevaba pegado a la piel. Cuando Carlos Alberto recordó a Bryan, soltó en lágrimas, porque junto a él y Kevin, aprendió a patinar, visitó zoológicos, parques y el estadio de grandes ligas, el “Dodger Stadium”.

AGRADECIMIENTO A LA PRENSA

Los médicos norteamericanos controlaron la alergia del niño Carlos Alberto Toruño y descubrieron que los productos lácteos son los causantes de la enfermedad. “Imagínense que la leche era lo primero, lo que nosotras le comprábamos sin saber que era malísima”, cuenta su abuelita Bertilia Reyes Blandón.

Karla Dávila Reyes, una joven policía, madre del menor, recibió a su hijo el jueves pasado en el aeropuerto internacional de Managua, de manos de representantes de “Healing the Children”, quienes se lo entregaron lleno de salud y sin las mínimas huellas de la fatídica alergia.

La joven madre agradeció profundamente al periódico LA PRENSA y a la señora Laura Renner, por contribuir a la recuperación de su hijo, porque sin estos sentimientos de solidaridad y humanismo, el niño todavía cargaría con el tormento que le tocó vivir en un período de seis años.

Escuchar hablar en inglés a Carlos Alberto, y observar cómo salta y corre, produce regocijo y un nudo en la garganta en las personas que se involucraron para traerle el cielo a la tierra, creyendo que siempre hay las fuerzas necesarias para luchar por los demás.  

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