¿Traición al país y a la democracia?

Carlos Lucas B.

Con mucha preocupación vemos la manera en que un grupo enemigo del bien común y la democracia está luchando por derrotar la democracia, al Partido Liberal y a sus aliados. La democracia auténtica funciona cuando una vez elegido el Presidente, todo mundo se pone a trabajar, mientras al Congreso Nacional le compete dictar leyes que vayan en favor del pueblo. Pero en nuestra democracia se hace todo lo contrario. Nadie trabaja. Y para la mayoría democracia significa tener liberad para criticar todo, gritar en las calles y oponerse a todo.

Esta forma de gobernar no es nueva. Durante la administración de gobierno de 1990 a 1996, los partidos perdedores protestaron en las calles y pusieron cualquier cantidad de obstáculos para evitar que el gobierno funcionara. Por este motivo no hubo inversiones ni obras de progreso en Nicaragua. Y el país se estancó llegando a los más bajos niveles de pobreza y desempleo, heredados desde los años 1980 a 1990.

Este mismo esquema se repitió durante la administración liberal de 1996 a 2001, cuando la oposición se avino a un pacto como condición para no salir a las calles ni “obstaculizar la labor gubernamental”. En el trasfondo esto también repercutió en la forma de hacer política o de gobernar, y en el atraso del despegue económico del país. Aún con todo, cualquier ciudadano pudo hoy notar que en Nicaragua se logró con esfuerzo construir obras de progreso y que los inversionistas volvieran nuevamente sus ojos hacia este país.

Pero seguimos en lo mismo. Hoy “oposición” significa “no dejar hacer al gobierno ningún trabajo por el que debe ser alabado, más bien hay que darle traspiés para que no voten por ellos el año entrante”. Esta es la única forma de hacer oposición en Nicaragua, y la responsabilidad por esta forma de llevar las cosas recae más que nada en los partidos políticos de este país. Esta es la técnica propagandística que ellos utilizan para convencer a las masas de votar contra el partido de turno en las próximas elecciones. No conocen otra estrategia que les permita ganar votos. No tienen un plan de gobierno que valga la pena. No conocen la realidad de Nicaragua. No han ido al campo y no han hablado con el pueblo. Son políticos de escritorio. El único momento en que van al campo es para dar un discurso sobre una tarima y arengar a las masas con críticas contra el partido de turno. Esta es la forma de hacer política en Nicaragua. Este es un círculo vicioso que nos está llevando al caos y a la anarquía.

Hay que dejar gobernar al nuevo Presidente. No es fácil gobernar cuando se quiere satisfacer a muchos al mismo tiempo. Y peor, cuando las condiciones del país no son las mejores, es decir, no contamos con suficientes recursos. Entonces, ¿de qué sirve hacer oposición si todos sabemos que somos un país tristemente pobre? ¿Y que encima de esta pobreza, sólo quedan voces para protestar por todo?

Entonces, comencemos por bajar el tono de nuestra inconformidad. Dialoguemos. Y si queremos que nuestro partido gane las próximas elecciones, tenemos todo este tiempo para planificar una mejor propuesta al pueblo, en lugar de perder el tiempo arengando a las masas y a protestar por todo.

El autor es Contador Público.  

Editorial
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