Fútbol: elogio del libre mercado

Ricardo Medina Macías

Ciudad de México (AIPE)- Tratándose de fútbol, aun los más acérrimos enemigos de la libertad y sus riesgos y aun los más obcecados igualitaristas, aceptan con gusto las reglas y la incertidumbre del libre mercado.

Es el reino de la incertidumbre. Los apostadores le daban una ventaja de 7,35 a 1 a Francia sobre Senegal. Contra las previsiones de los expertos, quienes le apostaron a Senegal ganaron más de siete veces lo que arriesgaron.

Son cosas del fútbol. Es parte del encanto de este juego, dirán los conocedores. Lo curioso es que nadie se queja, ni siquiera aquellos que odian furiosamente la incertidumbre y el riesgo propios del libre mercado.

Por fortuna, se ha puesto de moda entre la intelectualidad “progresista” la afición al fútbol. Quedaron atrás las previsiones moralistas en contra de la frivolidad del juego y hoy está bien calificado, en los círculos de la izquierda difusa, confusa y profusa, presumir de gustos, querencias y hasta fanatismos futboleros.

Esta moda nos permite constatar un fenómeno asombroso: tratándose del fútbol, estos aficionados de la progresía bien comida y bien bebida olvidan todos sus prejuicios contra la “injusta” incertidumbre propia de la libre competencia.

Vemos al mismo señor que exige que la vida social y económica esté perfectamente planificada y sea absolutamente previsible, aplaudir con entusiasmo las sorpresas que arrojan los resultados en el fútbol. El mismo sujeto que cree a pie juntillas que los precios, por ejemplo el del dólar o el de los salarios, deben siempre fijarse por juntas de notables llenos de buenos sentimientos y sabiduría infusa, abominaría que los resultados de un encuentro de fútbol fuesen predeterminados por los “expertos”.

Aun más sorprendente, tal vez, es constatar cómo, ante la emoción del fútbol, los propagandistas del igualitarismo a ultranza aceptan sin reparos que haya ganadores y perdedores. Aceptan —como haría cualquier despiadado liberal— que las reglas iguales para todos arrojen resultados desiguales para cada cual. Que los más talentosos o los más esforzados reciban su premio y que, en contrapartida, haya derrotados en el juego a quienes ningún político compasivo rescata con subsidios y ayudas del fisco o imponiendo castigos tributarios a los “ricos” exitosos.

Sorprende de veras que mientras exigen a gritos que se “rescate” a los cañeros de la industria azucarera (en realidad a líderes y a negociantes) dejen a su suerte, sin derramar una lágrima, a los derrotados del otrora legendario y hoy olvidado equipo del ingenio azucarero de Zacatepec.

Divertido ver como estos apóstoles del igualitarismo salvaje, de pronto —al influjo del balón— se nos vuelven partidarios del más inmisericorde “darwinismo social”, como ellos mismos motejan, con desprecio, a la libre competencia.

No he escuchado o leído jamás que alguno de estos promotores de la igualdad en los resultados, y de la justicia social niveladora, proponga que Costa Rica o México jueguen con veinte futbolistas cada equipo en caso de enfrentarse a “los grandes”, como Alemania o Italia, con el fin de equilibrar los resultados finales y de corregir, justicieramente, las desigualdades obvias entre unos y otros.

Tampoco he tenido noticia de que tal o cual predicador progresista, defensor de pobres y desvalidos, exija en sus cotidianos desvaríos que los árbitros y los jueces en las contiendas futboleras hagan honor a la consigna de “reglas desiguales para los desiguales” como suelen pontificar con admirable necedad los igualitaristas salvajes.

Agradables sorpresas que da el fútbol.

El autor es analista político mexicano.

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