El reportaje que publicamos esta semana —martes y miércoles— sobre el Proyecto de Laboratorios de Informática Educativa, del Ministerio de Educación, para dotar de computadoras a 65 centros escolares de primaria y secundaria, en diversos lugares del país pero sobre todo en áreas urbanas, a un costo de casi tres millones de dólares financiados por el BID, produjo en algunas personas la impresión de que LA PRENSA se opone a la modernización educativa mediante la introducción de la informática.
Pero es una percepción equivocada, motivada sin duda por la crítica que publicamos de un empresario de informática que no calificó para la licitación de los equipos, y de un experto “que prefirió el anonimato” y por lo tanto él mismo cuestionó la credibilidad de sus declaraciones. Y también contribuyó a la percepción de negatividad del reportaje de LA PRENSA sobre el mencionado proyecto del MECD, la denuncia del secretario ejecutivo del Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicit), ingeniero Raúl Chang, de que hubo un supuesto “relajo” en el primer intento de licitación para la compra de los equipos de computación, y que “se están gastando recursos en forma innecesaria”.
Además, en la primera parte del reportaje no incluimos la versión del Ministerio de Educación, lo que contribuyó a reforzar la errónea impresión de que LA PRENSA comparte la generalizada mentalidad negativa de que los nicaragüenses somos —en términos generales— incapaces de emprender y desarrollar con éxito grandes y pequeños proyectos de modernización, y de que nada nos debe costar aunque sea para nuestro propio provecho, sino que todo nos los debe dar gratuitamente el Estado, la cooperación externa o quien sea.
Pero nosotros no compartimos ese negativo afán de oponerse a todo sólo por el prurito de oponerse, como es el caso, por ejemplo, de rechazar el proyecto del MECD porque los equipos de computación son muy modernos y no están al alcance de los estudiantes nicaragüenses, mientras que en el mismo reportaje se informa que el taller de computación de un instituto de Managua fracasó porque los equipos eran viejos y obsoletos. Lo que queremos, en todo caso, es que las denuncias de supuestas imprevisiones del proyecto y de irregularidades en la licitación para la compra de los equipos de computación, que plantearon algunos de nuestros entrevistados, sean aclaradas por el MECD, además que nos parece razonable la observación de que se deben prever adecuadamente los costos y posibilidades de mantenimiento de los equipos, para que el proyecto no se frustre en el camino.
Aparte de eso nos parece excelente el proyecto de introducir la instrucción informática en las escuelas e institutos, pues la modernización de la educación es una imperiosa exigencia de los tiempos modernos y de los desafíos que plantean la participación y la convivencia en un mundo cada vez más conducido por la tecnología avanzada o de punta, como la llaman ahora.
El hecho de que por sus vicisitudes históricas Nicaragua sea ahora uno de los países más atrasados de Hispanoamérica, no significa que debamos sustraernos de las exigencias tecnológicas de la época actual. Es cierto que la introducción de la tecnología de computación en las escuelas no es una solución mágica a los grandes y complejos problemas que enfrenta la sociedad nicaragüense, y que la tecnología, aún la más avanzada o de punta, no resuelve por sí misma los déficit educativos. Sin embargo, la modernización de la educación pública por medio de la instrucción informática es el medio más rápido, económico y eficaz para dotar a los estudiantes, y a las personas en general, de los conocimientos y habilidades que les deben preparar adecuadamente para introducirse en el mundo del trabajo, que es ahora y será en el futuro cada vez más tecnificado, aún en un país tan atrasado y dominado por la mentalidad claudicante del subdesarrollo, como es Nicaragua.
La verdad es que sólo mentes retrógradas podrían oponerse a la introducción de la computación en los programas de instrucción pública, como algunos globalifóbicos delirantes que hasta propalan el disparate de que estos proyectos son estrategias siniestras de las transnacionales imperialistas para imponer la globalización y vender computadoras a los países pobres y dependientes como Nicaragua.