Somos súbditos, debemos ser ciudadanos

Ernesto J. Marín

En este nuestro país hay una tradición generacional que nos hace descubrir la existencia de una aberrante falta de memoria histórica, donde ocurren a veces cosas y situaciones inexplicables para volver a repetirse a posteriori. Veamos, el sandinismo nos obsequió de monumentales estafas, o medias verdades que resultaron ser lo mismo, nos embadurnaron la mente de promesas y sentimientos incumplidos, inventaron la piñata y se embolsaron a todo un país dejándolo convertido en un amasijo de ruinas. Criticaron y condenaron los pactos, acuerdos, tratados y convenios del período somocista, martillándoles para restarles respeto cuando estaba por finalizar este período político. Continuamos con el Gobierno de doña Violeta, tremendamente oscurecido por la autocrática presencia de un iluminado, el yerno de la señora Presidenta, su favorito y valido, omnipresente personaje y excelente artillero, inventor de los obuses y granadas mortíferas de más de cien milímetros, bautizadas por el decir popular con el nombre de cañonazos o andanadas de metrallas de los que fue harto difícil librarse, y que sustituyeron vigorosamente a las infantiles mordidas de los tiempones de los tachos.

Ahora traté de oxigenarme un poco, airear este artículo con el juicio de un cercano amigo, muy lejano de nuestro zoológico político, quien opinó que escriba con más frecuencia, no va a ser posible le respondí porque sólo lo hago cuando estoy en estado de indignación, sino puedo protestar con la voz lo hago sobre un papel como prueba de mi inconformismo. Y es cuando se me sale la hiel que ahora han bautizado con adrenalina, y la maldita hiel se podría transformar en bendita miel sólo para enternecer el corazón de una mujer solitaria y abandonada.

Cuando un nuevo gobierno apareció en el firmamento, la espera se transformó en esperanza con novedades multifacéticas, donde todos clamamos por una nueva medicina, un tratamiento y una moral que haga que nuestro paciente, la bella Nicaragua, no continúe siendo abusada por sus incestuosos y malsanos hijos que incontables veces la han degradado y humillado.

Me pregunto si vamos a continuar siendo súbditos o ciudadanos, si como súbditos seguiremos tolerando anomalías administrativas, arreglos bajo la mesa, licitaciones amañadas, privatización de bienes del Estado que no tienen por qué hacerse por su generosa rentabilidad, traslaciones de dineros de instituciones estatales a las arcas de la Presidencia de la República.

Ahora y después del 1789 de la Revolución Francesa, la mística del ciudadano su opinión y su peso específico están demostrando su valía para que la voz de los que no tienen voz sea finalmente escuchada y aceptada para proteger a los desamparados que son la mayoría, y los que exigen continua presencia en las decisiones que a ellos les afecta. Y no olvidemos los sabios consejos del doctor Gregorio Marañón: Ser liberal consiste en estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo.

El autor es diplomático.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí