- Procesar y mercadear la semilla de marañón es rentable; sin embargo, no es tarea fácil para quienes lo procesan
- El huracán Mitch arrasó con todas las plantaciones y ahora deben conformarse con lo que puedan proveerles los vecinos del lugar
Mayda Isabel Meléndez [email protected]
Los sueños pueden llegar a tocarse, no con una, sino con las dos manos. Las mismas manos que rozan, preparan, siembran y cosechan la tierra. Las mismas manos de 18 mujeres miembros de la Cooperativa de Mujeres de Somotillo (Coopemus), que empuñan un martillo, para quebrar cuidadosamente —una por una— las semillas de marañón.
El comienzo no fue nada fácil. De hecho, con ayuda del Cipres, comenzaron 32 mujeres, pero con el paso del tiempo, unas iban, otras venían. Hoy, de 18 cooperadas, cinco son las que se cuentan como fundadoras.
Una de ellas es Delma Quintero. Desde los primeros meses de convivencia con las otras mujeres, en 1994, se dio cuenta de que el “experimento” —como le llaman las fundadoras al año de prueba— podía funcionar. En ese entonces hacían “pasas de marañón”, es decir, deshidrataban las frutas en hornos solares, las empacaban y comerciaban.
Durante ese mismo período se dieron cuenta que lo mejor era procesar la nuez en vez de la fruta. El Cipres llevó a unos instructores hondureños para que las capacitaran y así, desde 1995, estas mujeres se dedican a procesar y comercializar a nivel nacional la semilla de marañón.
“Desde un principio yo decía, aunque no sea con esto (deshidratar frutas), aunque sea con otra cosa… podemos buscar qué hacer porque este proyecto es bonito, este proyecto me gusta”, recuerda Delma, quien asegura que desde entonces, la vida le cambió.
Antes de cooperarse, esta mujer viajaba 8 kilómetros diarios para llegar, desde su casa ubicada en la Comarca Río Negro hasta Somotillo, donde estaba su centro de trabajo. Parte de su labores era lavar y planchar grandes cantidades de ropa todos los días, y para llegar a su casa debía cruzar a pie el Río Negro, muchas veces con el agua hasta la cintura.
Pero ahora se siente bien. “Es bonito, sabe. Siento que ahora me toman en cuenta, nos invitan a capacitaciones, a otras actividades, hemos recibido cursos sobre género. Me gusta lo que estoy haciendo”, afirma.
PROYECTO RENTABLE
Procesar y mercadear la semilla de marañón es rentable. Sin embargo, no es tarea fácil y nunca lo ha sido. “Mire, hemos traído hombres para que nos ayuden y no han aguantado, nos dicen que aquí no vuelven. Pero algunas hemos traído a nuestros maridos para que vean lo que hacemos y ahora sí saben lo que hacemos este poco de mujeres. Al mío yo lo he pasado por esos hornos, que me ayude”, dice riéndose Leoncia Castillo López, presidenta de Coopemus, mientras su risa se pierde entre la cascada de carcajadas de las demás cooperadas.
Desde 1995, su principal abastecimiento eran las plantaciones de Villanueva. Sin embargo, el huracán Mitch arrasó con todo y ahora deben conformarse con lo que puedan proveerles los vecinos del lugar.
Leoncia asegura que el proyecto es rentable, no obstante por el momento no cuentan con suficientes insumos y, por otra parte, no cuentan con un buen sistema de mercadeo. Se espera que lo primero tenga fin dentro de dos años, pues se dieron cuenta que era mejor producir la materia prima que comprarla.
Así, sembraron 12 manzanas de tierra, a razón de 150 árboles por manzana y si todo les sale bien, en noviembre empezarían a instalar un sistema de riego. Aunque sus esperanzas de garantizar su futuro se cimentan en esta plantación, no descuidan el acopio y procesamiento de lo poco que recogen por el momento.