Floricelda Rivas Aráuz
Últimamente, periodistas, contralores, procuradores, jueces, maestros, magistrados y hasta el mismo Presidente de la República de Nicaragua, y todos los que tienen que referirse a los nuevos nombramientos de los magistrados para la Corte Suprema de Justicia, hablan de despartidizar.
Hay quienes dicen, con justa razón, que toda persona es política —recordando a Aristóteles— y que por lo tanto no se puede “despartidizar” la Corte, cuyos magistrados pertenecen a uno u otro partido.
Esto es lo delicado del asunto, por lo que se hace imperioso, aclarar de una vez por todas, el uso del vocablo “despartidizar”.
“Despartidizar” es un verbo que hace su entrada triunfal al habla nacional, pero que desconocido para el banco de términos que de nuestra lengua tienen como herramienta los programas Word 2001; no aparece en el diccionario de verbos, mucho menos en el Diccionario de la Lengua Española (de la RAE).
La ausencia de dicho verbo se debe a su misma composición. En él se percibe que su primer componente es el lexema “des”, que es una confluencia de prefijos latinos, de, ex, dis, y a veces e.
Dicho prefijo denota negación o inversión del significado del término simple, por ejemplo: desconfiar, deshacer, desacelerar, desabastecer, desacomodar, desacato, descalificar, desanimar. Además indica privación, como: desamparar, desarenar, desarropar, desaforar.
También señala exceso, demasía: deslenguado, descarado, desangrado, desahogar. Asimismo significa “fuera de”, en: descaminar, deshora, desviar, y por último, a veces indica afirmación: desayunar, despavorir, descargar, descansar, deslánguido.
De “partid-i-zar” nos restaría analizar el lexema partid, que induce al concepto partido, la i, que sería un supuesto enlace, y “zar,” morfema que indicaría la forma verbal en infinitivo.
La Real Academia Española nos dice qué es partidismo
En “despartidizar”, captamos una negación de una acción —verbo— que tiene relación con un partido, “partidizar”; sólo que el verbo “partidizar” no convendría proponérselo a la RAE, porque existe otro verbo que significa apropiadamente lo mismo que “despartidizar”. Imaginémonos todas las conjugaciones, en su voces, modos, tiempos, números y personas, de tan desafortunado verbo.
Entonces, ¿cómo es lo correcto? Pasamos al lexema o raíz del sustantivo “partido”, “partid” y nos encontramos que existe, de uso legítimo, partidismo, sustantivo que —según la vigésima segunda edición, 2001, de editorial Espasa Calpe, S.A., que corresponde al último diccionario de la RAE— denota, adhesión, sometimiento a las opiniones de un partido con preferencia a los intereses generales. Inclinación hacia algo o alguien en un asunto en el que debería ser imparcial.
Entonces, no opinamos por “despartidizar” la Corte, opinamos por el no partidismo de la Corte, o luchamos contra el partidismo que hay en la Corte.
La sociedad exige el no partidismo en la Corte y todos los subsistemas que componen el Estado, porque los empleados públicos, llámense ministros —que ahora abundan— directores generales, o presidentes de algunas instituciones no se deben a ningún partido, se deben al pueblo que con sangre, sudor, lágrimas y sacrificio les paga el alto salario que devengan.
Como conclusión podemos señalar que el partidismo es una desviación, y que, por lo mismo, pertenece al campo semántico de corrupción.
Se comprende perfectamente que alguien tenga preferencia por una agrupación política, aún cuando desempeñe un cargo público; pero no se justifica que por ello deba seguir directrices de su partido, ni anteponer los intereses del mismo a los intereses nacionales.
Tampoco debe inclinarse hacia alguien en un asunto en que debe ser imparcial —caso Alemán—, como claramente lo señala el más autorizado Diccionario de la Lengua Española.
La autora es Maestra.